miércoles, febrero 27, 2013

Tozer: Un Diagnóstico Espiritual de la Iglesia Actual


Una excelente exposición crítica y bíblica POR A.W. TOZER, en donde contrasta las realidades eclesiásticas que se están viviendo en nuestros dias con las exigencias que la biblia presenta y demanda

Felicidad vs. Santidad

Demasiado a menudo se presenta al evangelio como un medio para obtener la felicidad, la paz mental y la seguridad. Incluso están aquellos que usan la Biblia para relajarse, como si fuera una droga.

Se descubrirá cuánta equivocación hay en todo esto, sencillamente, leyendo el Nuevo Testamento completo y meditando en él. Allí, el énfasis no radica en la felicidad, sino en la santidad. Dios se preocupa más por el estado del corazón de las personas que por el estado de sus sentimientos.

Sin lugar a dudas, la voluntad de Dios, finalmente, trae felicidad a aquellos que le obedecen, pero lo más importante no es cuán felices seamos sino cuán santos somos.


Más que una invitación a la tranquilidad

Como creyentes deberíamos estar prevenidos de que toda apelación al público en el nombre de Cristo que no va más allá de una invitación a la tranquilidad, debe ser reconocida como simple humanismo con unas pocas palabras acerca de Jesús puestas allí para hacer parecer que pertenece al cristianismo.

¿No es extraño que nos atrevamos, sin sentir vergüenza, a alterar y cambiar las palabras de Cristo mientras les hablamos de Cristo a aquellas mismas personas por quienes él murió? ¡Cristo llama a los hombres a llevar una cruz; nosotros los llamamos a que se diviertan en su nombre!

El los llama a abandonar el mundo, y nosotros les aseguramos que si tan sólo aceptan a Jesús el mundo será su ostra. Él los llama a sufrir, y nosotros les decimos que disfruten de todas las comodidades burguesas que ofrece la civilización moderna. Él los llama a negarse a sí mismos y a morir; nosotros los invitamos a esparcirse como árboles verdes de laurel o quizás a convertirse en estrellas de un despreciable zodíaco religioso de quinta categoría. Él los llama a una vida de santidad; nosotros los llamamos a una felicidad barata que el menor de los filósofos estoicos hubiera rechazado con desprecio.

Verdaderamente cristiano es solamente aquello que concuerda con el espíritu y las enseñanzas de Cristo. Todo lo que sea extraño al Espíritu del Varón de dolores y contrario a las enseñanzas y prácticas de sus apóstoles es anticristiano, sin importar de dónde emane.


Sentimentalismos

La venida de Jesucristo al mundo se ha sentimentalizado tanto que ahora es algo completamente apartado de la enseñanza bíblica al respecto. En la mente de millones de personas, se ha sustituido la misericordia de Dios por una delicada compasión humana, compasión que hace tiempo se ha degenerado en auto-compasión. De alguna manera, se ha pasado a Dios la culpa por la condición del hombre, y la muerte de Cristo por el mundo se ha torcido interpretándose como un acto de penitencia de parte de Dios. En el drama de la redención, se ve al hombre como una Cenicienta que por largo tiempo ha sido oprimida y maltratada, pero ahora, mediante las heroicas acciones del Hijo más noble de la tierra, está por ponerse sus radiantes vestiduras y convertirse en una reina. Esto es humanismo, ¡teñido romanticamente con algo de cristianismo!


Que salga mi reino...venga el tuyo

¿Cuántos cristianos hay que todos los domingos en la iglesia oran: «Venga tu reino; hágase tu voluntad», sin darnos cuenta de las implicaciones espirituales de esta intercesión? ¿Para qué estamos orando?

Para que esta oración se convirtiera en una confrontación deberíamos corregirla de la siguiente manera: «Salga mi reino, venga el tuyo.» El reino de Dios nunca puede consumarse en mi vida hasta que mi reino egoísta haya sido depuesto. Cuando yo renuncie, cuando no sea más rey de mis dominios, entonces Jesucristo podrá convertirse en rey de mi vida».


El peligro de la autocomplacencia

La mayoría de los grandes maestros de la vida profunda tales como Fenelon, Molinos, Juan de la Cruz, Madame Guyon y otros tantos, han advertido acerca de las experiencias seudorreligiosas que producen mucha alegría carnal pero que alimentan la carne y envanecen el corazón con amor propio.

He aquí una buena regla: Nada que provenga de Dios apelará a mi orgullo o a mi autocongratulación. Si me siento tentado a sentir complacencia o superioridad a causa de una experiencia espiritual avanzada, inmediatamente debo caer de rodillas y arrepentirme. ¡He caído víctima del enemigo!


Adoración

Debo ser fiel a lo que sé que es verdad, por lo tanto, debo decirles que si no adoran a Dios los siete días de la semana, no podrán adorarle un día. En el cielo no existe tal cosa como adoración dominical, a menos que esté acompañada por la adoración del día lunes, del martes, y del resto de la semana.


Fe y confesión

La Biblia une la fe a la expresión, y una fe que nunca se expresa no es bíblica. Se nos dice que debemos creer en nuestro corazón y confesar con nuestros labios que Jesucristo es el Señor, y que así seremos salvos. En mi opinión, hermanos, creo que el cristianismo silencioso, callado, hay algo que anda mal.

Dios nos ha dado a cada uno de nosotros una boca, y quiere que la usemos para expresar algunas de las maravillas que se generan dentro de nuestro ser. Esta silenciosa religión que se disculpa diciendo: «No tengo nada que decir», no encuadra con la visión de los seres celestiales que dicen con sus voces: «¡Santo, santo, santo!». Tú puedes decir: «Bueno, yo adoro a Dios en mi corazón». Dudo que lo hagas. Me pregunto si simplemente no estás excusando el hecho de que no has generado el suficiente calor espiritual como para abrir tu boca.


La vida cristiana es un milagro

La iglesia cristiana está llamada a vivir en un plano tan alto que ningún ser humano puede vivir de esa manera por su propia habilidad y poder. El cristiano más humilde está llamado a vivir un milagro, una vida que es moral y espiritual, con tal intensidad y pureza que ningún ser humano podría vivirla, sólo Jesucristo puede hacerlo. Él quiere que el Espíritu de Cristo venga sobre su pueblo, una invasión de lo alto que nos afecte mental, moral y espiritualmente.


El oso y el cordero

Esperar de las naciones una conducta que sólo es posible en los seguidores de Cristo que han sido regenerados y purificados, es confundir la verdad del cristianismo y esperar que suceda lo imposible. En las Escrituras, las naciones de la tierra se simbolizan con un león, con un oso y con un leopardo.

Los cristianos, en opuesto contraste, son comparados con pacíficos corderos en medio de lobos, que pueden sobrevivir únicamente permaneciendo cerca del Pastor. Si no es posible que el cordero actúe como el oso, ¿por qué vamos a esperar que el oso actúe como un cordero?

Sería bueno que los cristianos escucháramos menos a los nuevos comentaristas y más a la voz del Espíritu Santo.


Caricatura de Cristo

Confieso que me siento incómodo por las cosas que escucho que se dicen de lo que Cristo hace por la gente en estos días. Generalmente, se lo recomienda como alguien maravillosamente pero que no es demasiado capaz de discernir, que se deleita en ayudarnos a lograr nuestras metas, y que luego nos hace el favor de abstenerse de hacer preguntas molestas en cuanto a las cualidades morales y espirituales de esas metas.

En nuestro deseo de conducir a la gente a «aceptar» a Cristo, muchas veces nos sentimos tentados a presentar a un Cristo que es poco menos que una caricatura de «aquello santo» que fue concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María, que fue crucificado y resucitó al tercer día para ocupar su lugar a la diestra de la Majestad en las alturas.


Milagros y maravillas organizados

En los círculos evangélicos generalmente surge la pregunta: ¿Por qué no suceden más milagros y maravillas en nuestro medio a través de la fe?

En nuestros días, todo parece ser comercializado, y debo decir que no creo en las maravillas y en los milagros que pertenecen a organizaciones y corporaciones. «Asociación de milagros» – no me interesa. «Asociación de sanidad» – tampoco me interesa. «Asociación de evangelismo» – ninguna de éstas me interesan.

Tengo mis dudas acerca de las señales y maravillas que necesitan ser organizadas, que demandan un presidente, una secretaria, y un gran camión con luces y cámaras. ¡Dios no está en eso!

Pero el hombre de fe puede irse solo al desierto y allí ponerse sobre sus rodillas, y dar órdenes al cielo. ¡Dios está allí! El cristiano que está dispuesto a retirarse a un lugar adonde pueda obtener la respuesta de Dios, y solamente de Dios, ¡encontrará al Señor allí!

Pero no tiene sentido que tratemos de ocultar el hecho de que entre nosotros se hacen gran número de oraciones que no cumplen su propósito, ¡nunca traen nada de vuelta! Es como enviar a un granjero al campo sin arado. ¡No es de asombrarse que la obra de Dios no avance!


Filosofía especializada en trivialidades

Si la iglesia fuera un cuerpo puro, lleno del Espíritu, totalmente guiado y dirigido por consideraciones espirituales, con seguridad, los hombres y las mujeres más santos y más puros serían los más apreciados y honrados, pero sucede exactamente lo contrario. Ya nadie valora la santidad, excepto los muy ancianos o los que están muertos.

Las almas de los santos son olvidadas en el remolino de la actividad religiosa. Se procura todo lo ruidoso, lo que hace valer sus derechos, lo que entretiene, y se lo recompensa de todas las formas posibles, con regalos, con multitudes, con ofrecimientos y publicidad. Aquellos que se parecen a Cristo, los abnegados, los que pertenecen a otro mundo son empujados hacia un lado para dar lugar al último hombre mundano que generalmente tiene poco de convertido y mucho de mundano.

Toda esta filosofía ciega que ignora las cualidades eternas y que se especializa en trivialidades es una forma de incredulidad. Estos cristianos que representan tal filosofía están reclamando una recompensa presente; son demasiado impacientes como para esperar el tiempo del Señor. El verdadero santo ve más allá de esto; poco le importan los valores pasajeros; él mira ansioso el día en que las cosas eternas sean reconocidas, y en que todo lo que importe sea la santidad.

El cristiano sabio estará satisfecho de esperar ese día, y mientras tanto servirá a su generación en la voluntad de Dios.


Teoría vs. práctica

La evidente disparidad entre la teología y la práctica, en quienes profesan el cristianismo, es un mal más destructor, en cuanto a los efectos que tiene sobre la religión cristiana, que el comunismo y el liberalismo combinados.

En la iglesia, es tan grande la brecha que separa la teoría de la práctica, que algún extraño curioso que eche un vistazo a ambas no podría soñar que existe alguna relación entre ellas. Un observador inteligente de nuestro cuadro humano, que escuchó el sermón del domingo por la mañana, y por la tarde observó la conducta de aquellos que habían oído el sermón, llegaría a la conclusión de que habría estado examinando dos religiones distintas y contrarias.

La iglesia promedio, sencillamente, no se anima a cotejar sus prácticas con los preceptos bíblicos. Es posible que la mente dé su aprobación y que las emociones disfruten, mientras que la voluntad arrastra sus pies y se rehúsa a seguir adelante. Y como Cristo apela a la voluntad, ¿no tenemos justificadas razones para preguntarnos si estas almas divididas alguna vez se han entregado verdaderamente al Señor?


Popularidad vs. excelencia

Los cristianos han caído en el hábito de aceptar a los más ruidosos y a los más destacados entre ellos como los mejores y los más grandes. Ellos también han aprendido a igualar la popularidad con la excelencia. En abierto desafío al Sermón del monte, los cristianos han dado su aprobación a quienes hacen sentir sus derechos en lugar de los mansos; a los seguros de sí mismos, en lugar de a los que lloran; a los cazadores de publicidad que buscan estar en los titulares, en lugar de los puros de corazón que ven a Dios.


Enseñanza bíblica vs. Enseñanza espiritual

Algunos lectores pueden alarmarse ante la sugerencia de que existe una diferencia entre poseer «enseñanza bíblica» y poseer «enseñanza «espiritual». ¡Sin embargo, es así!

Es muy posible tener instrucción sobre los rudimentos de la fe y, sin embargo, no tener una verdadera comprensión de todo el asunto. Y es posible convertirse en un experto en doctrina bíblica y no tener iluminación espiritual, con el resultado de que un velo permanece sobre la mente impidiendo que ésta aprehenda la verdad en su esencia espiritual.


Test para medir experiencias espirituales

La persona que busca las mejores cosas de Dios, siempre está deseosa de escuchar a todo aquel que ofrece una nueva manera de obtenerlas. He conocido a cristianos que fueron conducidos a experiencias emocionales que estaban más allá de su poder de comprensión, y han preguntado ansiosamente si esta experiencia provenía de Dios.

La primera prueba debe ser: ‘¿Qué ha aportado esta experiencia a mi relación con el Señor Jesucristo y a mi actitud hacia él? ¿Amo más a Dios? ¿Jesucristo es todavía para mí el centro de toda doctrina verdadera? ¿Todavía estoy de acuerdo con que todo lo que tienda a hacer que Jesucristo sea menos de lo que Dios ha declarado que es, debe ser rechazado?’. Otra vez: ‘¿Cómo ha afectado mi actitud hacia las Sagradas Escrituras? ¿Este nuevo punto de vista de la verdad brota de la misma Palabra de Dios o es el resultado de algún estímulo ajeno a la Biblia?’.


Programa vs. expectativa

Una característica que escasea en la iglesia promedio de hoy en día es la de la expectativa espiritual. Cuando los cristianos se reúnen, no esperan que suceda nada fuera de lo común; consecuentemente, sólo sucede lo habitual, y esto es tan predecible como la puesta de sol.

La expectativa de la iglesia cristiana sigue al programa y no a las promesas. Los agobiados esclavos de la aburrida rutina encuentran que es imposible esperar algo mejor. Actualmente necesitamos un espíritu fresco de expectativa que emane de las promesas de Dios. Debemos declararle la guerra a este espíritu de apatía, y reunirnos con fe infantil. Sólo entonces podremos conocer nuevamente la belleza y la maravilla de la presencia del Señor entre nosotros.


La verdadera iglesia no está muerta

Existe una noción generalizada según la cual el cristianismo está en sus últimos suspiros, demasiado débil o casi muerto. En la mente de muchos que no comprenden el cristianismo, la principal prueba de su muerte es el hecho de que cuando el mundo más lo necesitaba, no ha provisto un liderazgo.

Permíteme decirte que aquellos que se han adelantado a enterrar la fe de nuestros padres han hecho la cuenta sin el huésped. De la misma manera en que una vez enterraron a Cristo con la plena certeza de que se habían librado de él, así su iglesia ha sido puesta a descansar un sinnúmero de veces. Y de la misma manera en que Jesús desconcertó a sus enemigos levantándose de la muerte, así la iglesia ha confundido a los suyos resurgiendo nuevamente a una vida vigorosa, una vez que le habían rendido todas las exequias sobre su ataúd y habían derramado las lágrimas de cocodrilo sobre su tumba.

La verdadera iglesia es quien repone la vida de Dios entre los hombres, y si en algún lugar esta frágil vasija se rompe, esa vida surgirá por algún otro lado. De esto podemos estar seguros.


Entrenamiento y exhibición

Algunas iglesias entrenan a sus ujieres y recepcionistas para sonreír, mostrando la mayor cantidad de dientes posible: pero yo puedo presentir esta clase de exhibición, y cuando me saluda un hombre que sonríe porque lo han preparado para esa tarea, sé que estoy estrechando la aleta a una foca entrenada.

Pero cuando en una congregación existe la calidez, el deleite y el gozo del Espíritu Santo, y sus miembros son espontáneamente alegres y no pueden esconder la sonrisa de felicidad, el resultado es una maravillosa influencia sobre los demás.


La iglesia es celestial

La clase de cristianismo que descansa en la influencia de su poder humano y terreno enferma a Dios, porque la iglesia de Jesucristo es una institución celestial.

Debemos esforzarnos porque nuestras creencias y prácticas sean neotestamentarias en su contenido. Debemos enseñar y creer las verdades del Nuevo Testamento sin que se infiltren cosas del exterior.

Debemos mantener saludable nuestra parcela de plantío divino, y existe una sola manera de hacerlo: ¡Permanecer fieles a la Palabra de Dios! Constantemente debemos remitirnos a los fundamentos, y hacer que la Palabra more en la iglesia.


Oración vs. Obediencia

¿Has notado cuánto se ha orado últimamente por un avivamiento y cuán poco se ha obtenido? Yo creo que nuestro problema es que hemos estado tratando de sustituir la obediencia por la oración, y esto sencillamente no funciona. Una iglesia, por ejemplo, sigue sus tradiciones sin pensar demasiado si éstas están de acuerdo a las Escrituras o no. O se rinde a la presión de la opinión pública y se deja llevar por tendencias populares que la apartan del modelo del Nuevo Testamento. Entonces, los líderes notan una falta de poder espiritual entre la gente y comienzan a inquietarse por eso. ¿Qué hacer? ¿Qué pueden hacer para que bajen lluvias refrescantes que vivifiquen sus almas desfallecidas?

En su concepto, ya tienen la respuesta. Los libros les dicen qué hacer: ¡Oren! El evangelista que está de paso conforma lo que los libros dicen: ¡Oren! Por lo tanto, el pastor llama a la gente a orar. Frente al entusiasmo de la misma, parecería por un momento que el avivamiento está en camino. Pero como no llega, el celo por la oración comienza a decaer. Pronto, la iglesia vuelve a su condición anterior y el desaliento se apodera de cada uno. ¿Qué es lo que ha estado mal?

Simplemente esto: Ni los líderes ni la gente ha hecho ningún esfuerzo por obedecer a la Palabra de Dios. A ellos les parece que toda su debilidad está basada en no orar lo suficiente, cuando realmente y de muchas maneras, eran deficientes en el vital asunto de la obediencia.


Adaptándose a la gente

Uno de los errores más populares, y del cual surge la mayor parte de la ruidosa y tumultuosa actividad religiosa en los círculos evangélicos, es la noción de que así como los tiempos cambian, la iglesia debe cambiar con ellos. Los cristianos deben adaptar sus métodos de acuerdo a las demandas de la gente.


Evangelismo contemporizador

Cualquier evangelismo que apele a los intereses comunes y a las disertaciones sobre los asuntos de actualidad para establecer un campo común donde el pecador se pueda sentir como en casa, es tan falso como lo eran los altares de Baal.

Cualquier esfuerzo por suavizar el camino del hombre y por quitar la culpa y la vergüenza, es algo peor que tiempo perdido, es malo y peligroso para las almas de los hombres.


Éxito y fracaso

¿Por qué será que la que se profesa como iglesia cristiana parece haber aprendido tan poco acerca de la sencilla enseñanza de nuestro Señor con respecto al éxito y al fracaso humanos?

Todavía vemos como ven los hombres y juzgamos de acuerdo a los juicios de los hombres. ¿Cuánto trabajo inútil, en el nombre de la religión, se hace basado en el deseo carnal de obrar bien? ¿Cuántas horas de oración se pierden rogando a Dios que bendiga proyectos que están destinados a glorificar a los pequeños hombres? ¿Cuánto dinero que le pertenece a Dios se vierte en hombres que, a pesar de su apelante tono de voz no procuran otra cosa más que lograr un espectáculo agradable en la carne?

El verdadero cristiano debe apartarse de todo eso. Ningún hombre puede ser merecedor del éxito hasta que no esté dispuesto a fracasar. Ningún hombre es moralmente merecedor del éxito en las actividades religiosas hasta que no esté dispuesto a que otro reciba el honor del éxito, si Dios así lo desea.

Dios permitirá que su siervo tenga éxito cuando lo haya disciplinado a tal punto que no necesite del éxito para ser feliz. El hombre que se siente gozoso cuando triunfa y frustrado cuando fracasa, todavía es un hombre carnal.

Nuestro honor se halla basado en ser justamente lo que Jesús fue y es; en ser aceptados por aquellos que lo aceptaron a él, rechazados por aquellos que lo rechazaron a él, y amados por aquellos que lo amaron. ¿Qué gloria mayor puede alcanzar un hombre?


Fe y razón

El testimonio de la iglesia cristiana es más efectivo cuando se declara en lugar de explicarlo, porque el evangelio apela a la fe y no a la razón. Lo que puede ser aprobado no necesita fe para ser aceptado, y la fe descansa en el carácter de Dios, no en las demostraciones de un laboratorio o de la lógica.

La cruz se yergue en abierta oposición al hombre natural. Su filosofía es contraria a los procesos de la mente no regenerada, de tal manera que Pablo pudo decir lisa y llanamente que el mensaje de la cruz es locura para los que se pierden. Tratar de encontrar un punto común entre el mensaje de la cruz y la razón del hombre caído sólo puede resultar en una razón empeorada, una cruz carente de significado y un cristianismo sin poder.


Estrellas religiosas

Creemos que el movimiento evangélico continuará apartándose más y más de la posición neotestamentaria, a menos que sus líderes dejen de ser las estrellas religiosas modernas, para convertirse en los modestos santos que no desean alabanza y no buscan una posición, sino que se sienten felices cuando toda la gloria se atribuye a Dios y ellos son olvidados.


Verdad objetiva y vida

Mucho de lo que se transmite como cristianismo neotestamentario es poco más que verdad objetiva endulzada con canciones y sazonada con entretenimientos religiosos. Corro el riesgo de que se me interprete mal cuando digo que probablemente ninguna otra porción de las Escrituras se puede comparar con las epístolas de Pablo cuando se trata de formar santos artificiales. Pedro advierte que los indoctos e inestables torcerían los escritos de Pablo para su propia destrucción, y con sólo visitar un estudio bíblico promedio, y escuchar algunas conferencias, nos daremos cuenta de lo que quiero decir.

Lo nefasto del caso es que las doctrinas del apostol Pablo se pueden enseñar siendo completamente fieles al texto, sin hacer que los oyentes sean una pizca mejor de lo que son. El maestro puede, y a menudo lo hace, enseñar la verdad de tal manera que los oyentes queden sin un sentido de obligación moral.

Una de las razones para el divorcio entre la verdad y la vida puede ser la falta de iluminación del Espíritu. Otra es, con seguridad, que los maestros no desean meterse en problemas. Cualquier hombre con dones para el púlpito puede seguir adelante con una congregación promedio si tan sólo los «alimenta» y los deja seguir solos. ¡Dales mucha verdad objetiva y nunca insinúes que están equivocados y que deben cambiar, y así los tendrás contentos!

Pero el hombre que predique la verdad y la aplique a las vidas de sus oyentes sentirá los clavos y las espinas. Tendrá una vida dura, ¡pero gloriosa!


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(Fragmentos tomados de "Manantiales de lo Alto").
Artículo Publicado originalmente en Redescubriendo las sendas
Usado con permiso. Que el Señor bendiga y edifique la vida espiritual de cada lector que llegue a este escrito. 

martes, febrero 26, 2013

A.W. Tozer: Un Secreto Manifiesto

POR A. W. TOZER

Contemplada desde la perspectiva de la eternidad, es muy posible que la necesidad más crítica de esta hora sea traer de vuelta a la Iglesia desde su larga cautividad babilónica ,y que el nombre de Dios sea glorificado en ella de nuevo como en la antigüedad. Con todo, no debemos pensar en la Iglesia como un cuerpo anónimo, una abstracción religiosa mística. Los cristianos somos la Iglesia, y cuanto nosotros hagamos, es lo que la Iglesia está haciendo. Por tanto, este asunto se vuelve personal para todos y cada uno de nosotros.Todo paso al frente en la Iglesia debe comenzar por el cristiano, de manera individual. 

¿Qué podemos hacer nosotros, simples cristianos, para lograr que regrese la gloria que se ha marchado?¿Hay algún secreto que debamos aprender? ¿Hay alguna fórmula para el avivamiento personal que podamos aplicar a la situación presente, a nuestra propia situación? La respuesta a estas preguntas es un rotundo sí.

Con todo, es posible que la respuesta desilusione con facilidad a algunas personas, puesto que no tiene nada de profunda. No traigo aquí ningún criptograma esotérico, ni un código místico que necesite ser trabajosamente descifrado. No apelo a ninguna escondida ley del inconsciente, ni a ningún conocimiento oculto, al alcance sólo de unos pocos. El secreto es abierto, para que cualquier viandante lo pueda leer. Es simplemente el consejo antiguo y siempre nuevo: Conoce a tu Dios. Para recuperar su poder perdido, la Iglesia debe ver los cielos abiertos y tener una visión transformadora de Dios.

No obstante, el Dios que debemos ver no es el Dios utilitario que está teniendo una racha tan grande de popularidad hoy, cuyo principal atractivo para captar la atención de los hombres es su capacidad para traerles el éxito en sus diversas empresas, y a quien por esa razón lisonjean y adulan cuantos quieren obtener un favor. El Dios que debemos aprender a conocer es la Majestad que se halla en los cielos, el Dios Padre Todopoderoso,el Hacedor del cielo y de la tierra, el Dios sabio y único Salvador. Es el que se sienta sobre el círculo de la tierra, el que extiende los cielos como una cortina y los esparce como una tienda para habitar en ellos, el que conoce el número de las estrellas y las llama por su nombre por medio de la grandeza de su poder, el que ve las obras del hombre como vanidad, el que no pone su confianza en los príncipes ni les pide consejo a los reyes.

No se puede obtener el conocimiento de este Ser sólo por medio del estudio. Ese conocimiento nos viene por una sabiduría de la que el hombre natural no conoce nada, ni puede conocer nada, porque se discierne espiritualmente. Conocer a Dios es a un tiempo lo más fácil y lo más difícil del mundo. Es fácil, porque no se gana ese conocimiento a base de duro trabajo mental, sino que es algo que recibimos gratuitamente. Así como los rayos del sol caen gratuitamente sobre un campo abierto, también el conocimiento del Dios santo es un don gratuito para los hombres que estén abiertos a recibirlo. Con todo, este conocimiento es difícil porque hay unas condiciones que cumplir, y la obstinada naturaleza del hombre caído no se siente nada bien con ellas.

Voy a presentar un breve resumen de estas condiciones, tal y como las enseña la Biblia,y las han repetido a lo largo de los siglos los mayores y más bondadosos santos que el mundo ha conocido:

En primer lugar, tenemos que abandonar nuestros pecados. La creencia de que los hombres que llevan una vida confirmadamente mala no pueden llegar a conocer al Dios santo no es algo nuevo, propio de la religión cristiana. El libro hebreo llamado La sabiduría de Salomón, anterior al cristianismo en un buen número de años, presenta el siguiente pasaje: "Amad la justicia los que gobernáis la tierra; pensad rectamente del Señor y buscadle con sencillez de corazón. Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifiesta a los que no le son incrédulos. Los pensamientos tortuosos apartan de Dios, y el poder, puesto a prueba, reprende a los necios. Porque en alma maliciosa no entrará la sabiduría, ni morará en cuerpo esclavo del pecado; porque el santo espíritu de la disciplina huye del engaño y se aleja de los pensamientos insensatos, y al sobrevenir la iniquidad no permanecerá." Encontramos este mismo pensamiento a lo largo de las Escrituras inspiradas, la mejor de las cuales probablemente sea la pronunciada por Cristo: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios".

En segundo lugar, debe haber una consagración total de la vida a Cristo en fe. Esto es lo que significa "creer en Cristo". Comprende un apego volitivo y emocional a Él, acompañado por un firme propósito de obedecerle en todas las cosas. Esto exige que guardemos sus mandamientos. llevemos nuestra cruz, y amemos a Dios y a los demás seres humanos.

En tercer lugar, debe haber por parte nuestra el reconocimiento de que hemos muerto al pecado y vivimos para Dios en Cristo Jesús, seguido por un abrir totalmente de nuestra personalidad al fluir del Espíritu Santo. Entonces, debemos practicar la autodisciplina que sea necesaria para andar en el Espíritu,y aplastar bajo nuestros pies los apetitos de la carne.

En cuarto lugar, debemos repudiar valientemente los mezquinos valores del mundo caído, y llegar a un desapego total del espíritu con respecto a todo aquello en lo que ponen el corazón los incrédulos permitiéndonos únicamente los goces más sencillos de la naturaleza, que DIOS ha concedido tanto a justos como a pecadores.

En quinto lugar, debemos practicar el arte de la meditación larga y amorosa sobre la majestad de Dios. Esto exigirá algún esfuerzo, puesto que el concepto de majestad ha desaparecido casi por completo de la raza humana. El foco del interés del hombre es ahora él mismo. El humanismo, en sus diversas formas, ha desplazado a la teología como clave para la comprensión dela vida. Cuando Swinburne, poeta del siglo diecinueve escribió: "Gloria al Hombre en las alturas. porque el hombre es el amo de las cosas", le dio al mundo moderno su nuevo Tedeum. Debemos invertir el curso de todas estas cosas con un acto deliberado de la voluntad, y mantenerlo así con un paciente esfuerzo de la mente.

Dios es Persona: y lo podemos ir conociendo en grados crecientes de identidicación íntima a medida que preparamos el corazón para las maravillas, quizá sea necesario que alteremos nuestras creencias anteriores acerca de Dios, cuando la gloria que dora las Escrituras Sagradas resplandezca sobre nuestra vida interior. Quizá necesitemos también romper callada y benévolamente con el textualismo sin vida que prevalece entre las iglesias evangélicas, y protestar contra el carácter frívolo de muchas cosas que pasan por cristianas entre nosotros. Al hacer esto, es posible que por el momento perdamos amigos y adquiramos la reputación temporal de que somos unos mojigatos, pero ningún hombre que permita que la expectación de consecuencias desagradables influya sobre él en un asunto como éste, es digno del reino de Dios.

En sexto lugar, a medida que el conocimiento de Dios se vaya hhaciendo más maravilloso, se irá haciendo también imprescindible un mayor servicio a favor de los seres humanos. Este bienaventurado conocimiento no se nos da para que lo disfrutemos egoístamente. Mientras más perfectamente conozcamos a Dios,más sentiremos el anhelode convertir el conocimiento que acabamos de encontrar en obras de misericordia hacia la humanidad sufriente. El Dios que nos lo dio todo a nosotros, lo seguirá dando todo a través de nosotros a medida que lo vayamos conociendo mejor. 

Hasta aquí hemos considerado la relación personal del individuo con Dios, pero como el ungüento en la derecha de un hombre, que "se traiciona a sí mismo" por su fragancia, todo conocimiento intensificado de Dios comenzará pronto a afectar a los que nos rodean en la comunidad cristiana. Y nosotros debemos buscar conscientemente las oportunidades de compartir nuestra luz creciente con los demás miembros de la casa de Dios.

La mejor manera de hacer esto será mantener la majestad de Dios en el centro mismo de nuestro foco de interés en todos nuestros cultos públicos. No sólo son nuestras oraciones privadas las que deben estar llenas de Dios, sino que también nuestro testimonio, nuestro canto, nuestra predicación y nuestros escritos deben centrarse alrededor de la Persona de nuestro santo, santo Señor, y exaltar continuamente la grandeza de su dignidad y poder. Hay un Hombre glorificado a la derecha de la Majestad en los cielos, representándonos fielmente allí, por un tiempo, hemos sido dejados entre los hombres. Representémoslo nosotros fielmente a Él aquí.
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Por A.W. Tozer, extracto de su libro "El conocimiento del Dios Santo" Cap XXIII | www.tronodegracia.com

A.W. Tozer: Poder en Acción

El mayor hecho de la historia fue la venida de Jesucristo al mundo para vivir y morir por la humanidad. El siguiente hecho más importante fue el avance de la iglesia para encarnar la vida de Cristo y para difundir el conocimiento de su salvación por toda la tierra.

La tarea que enfrentó la iglesia, cuando bajó del aposento alto, no fue fácil: consistía en continuar la obra de un hombre famoso porque lo habían matado (muerto como mueren los criminales) y además la iglesia debía persuadir a la gente de que este hombre se había levantado de la muerte y que él era el Hijo de Dios y el Salvador. A simple vista, esta misión, por su misma naturaleza, estaba condenada al fracaso desde el comienzo. ¿Quién creería semejante historia? ¿Quién pondría su fe en alguien a quien la sociedad había condenado y crucificado? Abandonada, la iglesia hubiera parecido como miles de sectas malogradas antes que ella, sin dejar nada para que recuerden las siguientes generaciones.

La razón por la que la iglesia no murió fue que existía un elemento milagroso dentro de ella. Ese elemento fue suministrado por el Espíritu Santo, quien vino en Pentecostés para darle poder. La iglesia no era una mera organización ni un simple movimiento, sino la encarnación viviente del poder del Espíritu Santo. Por esa razón logró en pocos años conquistas morales tan prodigiosas como inexplicables. La única explicación posible para estas conquistas es Dios mismo.

Resumiendo, la iglesia comenzó en poder, se movió en poder y se siguió moviendo mientras tuvo poder. Cuando dejó de tener poder, se encerró en sí misma y trató de conservar sus logros. Pero sus bendiciones fueron como el maná: cuando trataron de conservarlos, durante la noche crió gusanos y echó mal olor. Del mismo modo, hemos tenido énfasis como el monasticismo, el escolasticismo y el intitucionalismo, entre otros; todos han sido indicadores de lo mismo: ausencia de poder espiritual. En la historia de la iglesia, cada retorno al poder del Nuevo Testamento ha marcado un nuevo avance, una fresca proclamación del Evangelio, un resurgimiento del fervor misionero; y toda disminución de poder ha visto el surgimiento de algún nuevo mecanismo de conservación y defensa.

Si este análisis es razonable, entonces podemos pensar que en la actualidad estamos en un estado de muy baja energía espiritual: porque no puede negarse que la iglesia moderna se ha hundido hasta las orejas y está luchando desesperadamente para defender el poco terreno que posee. Carece del discernimiento espiritual para saber que su mejor defensa es una ofensiva, y se encuentra muy lánguida como para actuar según ese conocimiento.

Si queremos avanzar, necesitamos tener poder. El paganismo está cercando la iglesia y su única reacción son algunas respuestas pobres y tímidas. Tales actividades significan un poco más que una leve contracción de los músculos de un adormecido gigante, demasiado somnoliento. Si la iglesia quiere tener una posición de influencia espiritual tiene que tener poder; tiene que llegar a ser formidable. Debe ser una fuerza moral impactante para llegar a ser tenida en cuenta y hacer de su mensaje una cosa revolucionaria, conquistadora.

Considerando que “poder” es una palabra que se presta para múltiples usos y abusos, permítanme explicar lo que quiero decir con ello. Primero, quiero significar energía espiritual de suficiente voltaje como para producir grandes santos. Una generación de cristianos indulgentes e inocuos son un pobre ejemplo de lo que puede hacer la gracia de Dios cuando actúa poderosamente en un corazón humano. El acto carente de emoción de “aceptar al Señor” practicado entre nosotros conserva poca semejanza con las conversiones dramáticas del pasado. Necesitamos el poder que transforma, que llena el alma con una dulce intoxicación, que hará que cualquiera esté conmocionado por el amor de Cristo.

Actualmente tenemos “santos teológicos” que pueden (y deben) ser probados como santos, mediante una apelación al original griego. Necesitamos santos cuyas vidas proclamen su santidad y que no necesiten recurrir a la concordancia para su autenticación.

En segundo lugar, por “poder” quiero decir unción espiritual que produce unción celestial a nuestra adoración, que endulza nuestros lugares de encuentro con la presencia divina. En un lugar tan santo, los sermones altisonantes y las personalidades radiantes están fuera de lugar. El egocentrísmo y el egoísmo son una gran tristeza para el Espíritu Santo. El poder divino hace que el énfasis recaiga donde corresponde, es decir, sobre el Señor mismo y su mensaje a la humanidad.

Asimismo, por “poder” me refiero a esa cualidad celestial que marca la iglesia como algo divino. La mayor prueba de nuestra debilidad en la actualidad es que ya no existe nada terrible o misterioso acerca de nosotros. La iglesia ha sido explicada (la evidencia más segura de su caída). Actualmente tenemos muy poco que no pueda ser explicado por la psicología y la estadística. En aquella primera iglesia, sus miembros se reunían en el pórtico de Salomón y tan grande era el sentido de la presencia de Dios que “ningún hombre se atrevía a reunirse con ellos”. El mundo vio fuego en ese arbusto y retrocedió aterrado. Por el contrario, nadie les teme a las cenizas. Hoy cualquiera se atreve a acercarse tanto como se le antoja. Incluso palmean en la espalda a la novia profesa de Cristo con grosera familiaridad. Si alguna vez volvemos a impresionar a hombres perdidos, con un temor saludable a lo sobrenatural, será porque tenemos una vez más la dignidad del Espíritu Santo. Deberemos conocer nuevamente el temor reverente que tienen los hombres y las iglesias cuando se hallan plenos del poder de Dios.

Por “poder” me refiero a esa energía efectiva que Dios ha soltado en la iglesia y en las circunstancias que la rodean, tanto en tiempos bíblicos como posbíblicos, que la hicieron fructífera e invencible entre sus enemigos.

¿Milagros? Si, cuando y donde fueren necesarios. ¿Respuestas a la oración? ¿Providencias especiales? Todo esto y aún más. Todo está resumido en las palabras de Marcos: “y fueron y predicaron por doquier, el Señor con ellos y confirmando las palabras con señales que las sucedían”. Todo el libro de los Hechos y los más nobles capítulos de la historia de la iglesia, desde los tiempos del Nuevo Testamento, son una extensión de ese versículo. Palabras tales como aquellas del segundo capítulo de Hebreos se erigen como un reproche para los cristianos escépticos de nuestra época: “Testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y distintos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”. Una iglesia fría se ve forzada a “interpretar” tal lenguaje. No puede penetrar en él, de modo que lo explica constantemente. Por eso, en esa triste situación, se puede incluso llegar a usar cualquier intento interpretativo y cualquier exposición sin respaldo escritural, para salvar las apariencias y justificar nuestra condición agonizante. Tal exégesis defensiva es solamente un refugio para la ortodoxia escéptica, un escondite para una iglesia demasiado débil como para estar de pie.

Nadie puede negar la necesidad de una ayuda sobrenatural en el trabajo de la evangelización mundial. Nos hallamos en desventaja por las fuerzas superiores del mundo. Y el hecho de no tener la ayuda de Dios significa una segura derrota. El cristiano que sale sin fe en los milagros, regresará sin fruto. Que nadie se atreva temerariamente a tratar de hacer cosas imposibles, salvo que haya sido previamente facultado por el Dios de lo imposible. Nuestra garantía de victoria es que “el poder de Dios estaba allí”.

Finalmente, por “poder” quiero decir esa inspiración divina que mueve el corazón y persuade al oyente a arrepentirse y a creer en Cristo. No es elocuencia, no es lógica, no es argumento. No es ninguna de estas cosas, si bien puede acompañar a cualquiera de ellas o a todas. Es más penetrante que el pensamiento, más desconcertante que la conciencia, más convincente que la razón. Es el sutil milagro que sigue a la predicación ungida, una misteriosa operación del Espíritu divino sobre el espíritu humano. Tal poder de estar presente en cierta medida antes de que alguien pueda ser salvo, es la facultad fundamental sin la cual hasta al más fiel seguidor le faltaría verdadera fe salvadora.

Tendremos tanto éxito en el trabajo cristiano como poder tengamos, ni más ni menos. La falta de fruto por un período prueba falta de poder. Las circunstancias externas pueden ser un obstáculo por un tiempo, pero nada puede oponerse por mucho tiempo al poder de Dios, así como el hecho de tratar de luchar contra los relámpagos intermitentes es oponerse a ese poder cuando es liberado sobre los hombres. O salvará o destruirá; traerá vida o traerá muerte.

“Recibiréis poder” es la promesa de Dios y la provisión de Dios. El resto depende de nosotros.


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Extracto del capítulo 1 del libro "Caminando en el poder del Espíritu "
©2011 Publicaciones Alianza
A. W. Tozer, Caminando en el poder del Espíritu, Buenos Aires, Publicaciones Alianza, 2011.
ISBN 978-950-759-110-5

domingo, febrero 24, 2013

A. W. Tozer

Aiden Wilson Tozer: (1897- 1963)

Biografía

Aiden Wilson Tozer nació el 21 de Abril de 1897, en una pequeña granja del Oeste de Pensilvania. Cuando tenía 15 años su familia se trasladó a Akron, Ohio. Justo antes de su cumpleaños numero 17, una tarde mientras caminaba del trabajo a su casa, escuchó a un predicador de la calle decir: "Si  no sabe como ser salvado solo llamar a Dios, diciendo; Señor, sé propicio a mi, pecador". Estas palabras penetraron fuertemente en la mente del joven Tozer, quién al llegar, subió rápidamente al ático de su casa y se lanzó en una desenfrenada búsqueda de Dios, lo cual resultó en su conversión. Bajo la tutela de su futura suegra, Tozer progresó rápidamente en las cosas de Dios. Ella le animó a leer buenos libros, estudiar la biblia y orar, y a lo que más tarde sería su ministerio, la predicación, reuniendo a menudo a gente es su casa para escucharle predicar. Tozer era capaz de expresar sus pensamientos de una manera simple pero contundente, haciendo énfasis en el poder de Dios que transforma los corazones. Dentro de unos pocos años, Tozer ganaría la reputación de ser "el profeta del siglo 20".

En 1919, cinco años después de su conversión, sin tener una educación teológica formal fue llamado a pastorear una iglesia pequeña en Fort Nutter, West Virginia. Ese humilde comienzo metió a él y su esposa Ada Cecilia Pfautz en un ministerio de 44 años en la iglesia Alianza Cristiana y Misionera. Treinta y uno de esos años los pasó en la Iglesia Alianza Southside de Chicago. La congregación, cautivada por la predicación de Tozer, creció desde 80 hasta 800. En 1950 Tozer fue elegido director de la Alianza semanal que ahora se llama "Life Alliance". La circulación se duplicó casi de inmediato. "

La oración era de vital importancia para Tozer. "Su predicación y sus escritos no eran más que extensiones de su vida de oración", comenta su biógrafo, James L. Snyder, en el libro, en la búsqueda de Dios: la vida de AW Tozer. "Él tenía la habilidad de hacer que sus oyentes se enfrentaran a la luz de lo que Dios le estaba diciendo a ellos", escribe Snyder.

Tozer escribió más de 40 libros, entre los cuales "La búsqueda de Dios" y "El Conocimiento del Dios Santo" son considerados  verdaderos clásicos. Sus escritos persuaden al lector a abandonar las comodidades mundanas para vivir una vida más profunda, en el seguimiento de Cristo. Tozer y su esposa vivían este estilo de vida simple y no materialista, incluso después de haberse convertido en un autor cristiano muy conocido no tenía coche, prefiriendo viajar en autobús o en tren, y cediendo gran parte de sus derechos de autor a los que estaban en necesidad. 

Tozer tuvo siete hijos, seis varones y una niña. Los últimos años del ministerio de Tozer se fueron en la Avenida Church Road en Toronto, Canadá. El 12 de mayo de 1963, su búsqueda de Dios terrenal terminó cuando él murió de un ataque al corazón a los 66 años. En un pequeño cementerio en Akron, Ohio, su lápida lleva este simple epitafio: "Un hombre de Dios". Algunos se preguntan por qué los escritos de Tozer son tan frescos hoy en día como cuando estaba vivo. Es porque, como un amigo comentó: "Salió de lo superficial, lo evidente y lo trivial para que otros puedan girar alrededor  y sus libros penetraran profundamente en el corazón."


Durante casi 50 años, Tozer caminó con Dios. A pesar de que se ha ido, él sigue hablando y ministrando a aquellos que están deseosos de experimentar a Dios. Como alguien dijo, "Este hombre te hace querer saber y sentir a Dios." En la actualidad, sus escritos siguen siendo citados en numeras obras siendo admirado y respetado como una voz autorizada a la hora de hablar del evangelio auténtico. 

© 2013 Samuel Vásquez www.tronodegracia.com

Referencias en Inglés
http://www.cmalliance.org/about/history/tozer
http://www.sermonindex.net/modules/articles/index.php?view=article&aid=150
http://www.purposedriven.ca/wiki/awtozer/biography-of-aw-tozer/

Recursos de Aiden Wilson Tozer disponibles en el blog:

Libro en PDF: La Raíz de los Justos
Libro en PDF: La conquista Divina
Artículo: La Vida llena del Espíritu
Artículo: Sigamos ardorosamente en pos de Dios
Artículo: La Vieja y la Nueva Cruz

R.M. McCheyne: El Corazón Quebrantado


«Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmo 51:17).

Ningún otro salmo expresa tan plenamente la experiencia por que atraviesa el alma que ha sido guiada al arrepentimiento Su humilde confesión de pecado (va. 3, 4 y 5); su deseo intenso de ser perdonada por los méritos de la sangre de Cristo (v. 7) ; su ansiedad porque el Señor le conceda un corazón puro (v. 10); su voluntad de ofrecer, de rendir algo a Dios por todos sus beneficios.

Dice el salmista que él enseñará a los prevaricadores el camino de Dios; dice que sus labios, por la gracia. de Dios, se abrirán para publicar las alabanzas de Dios; manifiesta que ofrecerá a Dios un espíritu quebrantado y humillado (va. 16, 17). Viene a decir que, del mismo modo que ha ofrecido ---siguiendo los ritos mosaicos-- numerosos corderos inmolados y acción de gracias a Dios, también ahora ofrecerá a Dios, como un cordero inmolado, su quebrantado corazón. Cada uno de vosotros, quienes habéis hallado el mismo perdón de Dios, llegasteis en el pasado a la misma resolución, la de ofrecer a Dios un corazón quebrantado, lo cual nuevamente os será grato hacer hoy. 


I. EL CORAZÓN NATURAL ES UN CORAZÓN NO HERIDO, NO QUEBRANTADO.

La ley de Dios, sus misericordias, las aflicciones que le acontecen, no quebrantan el corazón natural. Oye hablar de la ley de Dios y de su misericordia y continúa impasible. Es más duro que una piedra. Nada hay en el universo tan duro. "Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia" (Isaías 46:12). "Hemos recorrido la tierra y he aquí que toda la tierra está reposada y quieta" (Zacarías 1:11). "Yo escudriñaré a Jerusalén con candiles y haré visitación sobre los hombres que están sentados sobre sus heces" (Sofonías 1:12). "Endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse" (Jeremías 5:3). "Mujeres reposadas y confiadas, oh confiadas" (lsaías 32:9-11).

¿Por qué? ¿Por qué es tan duro, el corazón natural?

Primero: Porque hay un velo sobre él. Porque el corazón del hombre natural se halla cubierto por un espeso velo. No cree en la Biblia, ni en lo estricto de la ley, ni en la ira que ha de venir; un trágico velo cubre sus ojos.

Segundo: Porque Satanás es dueño del corazón natural. Satanás se lleva la semilla tan presto como puede.

Tercero: Porque el hombre natural está muerto en delitos y pecados. Los muertos. no oyen, ni sienten; carecen de sentimientos y de sensibilidad.

Cuarto: Porque se ha construido una barrera de despreocupación que le resultará mortal. El corazón natural confía a lo más en cualquier refugio falso, refugio de mentira, como dice la Biblia. Confía en la oración, o en las limosnas.

Pedid, amigos, a Dios que os libre de la maldición de un corazón muerto, no quebrantado, no contrito y humillado. Primero, porque no pasará mucho tiempo tranquilo en su falsa confianza; os halláis sobre lugares resbaladizos y las olas del océano rugen bajo vuestros pies. Segundo, porque Dios os denostará en la eternidad en vuestra calamidad. Si vosotros os volvéis ahora, hay esperanza de perdón cierto. Los ministros y los cristianos están preparados y Cristo mismo también lo está; pero después, en la eternidad, su denuesto caerá sobre vosotros.


II. EL CORAZÓN DESPERTADO ES UN CORAZÓN HERIDO, PERO NO QUEBRANTADO, NO ROTO.

1. La ley inflige la primera herida. - Cuando Dios se dispone a salvar un alma, la lleva primeramente a preocuparse de sus pecados. "Maldito es todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas". "Así que yo, sin la ley vivía por algún tiempo, mas venido el mandamiento el pecado revivió y yo morí". La vida y el corazón de cada uno adquieren entonces tremendos colores.

2. La majestad de Dios produce la segunda herida. El pecador recibe la sensibilidad que le hace sentir la grandeza y santidad de Aquel contra quien ha pecado. "Contra ti, a ti solo he pecado" (v. 4).

3. La tercera herida procede de su propia incapacidad para mejorarse. - En este estado el corazón todavía no ha sido quebrantado; el corazón se levanta contra Dios. Primero, a causa de lo estricto de la ley: "Si no fuese tan exigente." Segundo, porque sea la fe el único camino de la salvación y ella constituye un don de Dios: "¡Quisiera merecerse la salvación y ganarla!" Tercero, porque Dios sea soberano y pueda salvar o no, según su voluntad. Esto es lo que hay en el corazón no quebrantado. No existe otro estado y situación más miserables.

Aprendamos que una cosa es ser despertado y otra muy diferente ser salvado. Amigos, no descanséis en vuestras opiniones.


III. EL CORAZÓN DEL CREYENTE ES UN CORAZÓN QUEBRANTADO EN DOS ASPECTOS.

Ha sido quebrantado de su propia justicia y de su propia posibilidad de justificarse. Cuando el Espíritu Santo lleva a un alma a la cruz, ésta desespera de justificarse por sus propios méritos y justicia. Toda su carga y todas sus propias justicias y sus propias opiniones se derraman perdiéndose del modo como un líquido se pierde al romperse el frasco que lo contiene.

Primero, porque la obra de Cristo se le muestra. tan perfecta, lo mismo que la sabiduría y el poder de Dios. Ve en la obra de la cruz la justicia de Dios. 

"Me maravillo al pensar que hubo un tiempo en que yo busqué otros caminos de salvación. De haberla podido obtener con mis obras, ciertamente que con todas mis fuerzas me hubiera lanzado a ello. Me maravillo al pensar que el mundo no ha comprendido, ni ha aceptado, el único camino de salvación por la justicia de Cristo" - Brainerd.

Segunda. ¡La gracia de Cristo tiene tanto esplendor! ¡Qué maravilloso que toda la justicia de Cristo tan excelsa y divina, sea ofrecida gratuitamente al pecador! ¡Que yo, que he sido voluntariamente negligente, menospreciador de Cristo, que he odiado su obra, que he obstaculizado su llamamiento levantando entre él y yo verdaderas montañas haya sido objeto de su amor, y a pesar de todo, haya venido hasta mí pasando por todas ellas! "Para que te acuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca a causa de tu vergüenza, cuando me aplacare para contigo de todo lo que hiciste, dice Jehová" (Ezequiel 16:63). ¿Tienes tú este corazón quebrantado, y contrito ante la visión de la cruz? No será una mirada a tu propio corazón, o al corazón del infierno, sino al corazón de Cristo lo que quebrantará tu corazón. ¡Oh, pedid que Dios os dé un corazón quebrantado así! El orgullo y la jactancia están excluidos ¡A Él sea la gloria, digno es el Cordero! Todas las batallas y los esfuerzos del alma que busca su propia justificación han de ser quitados y hollados con desprecio.

El corazón quebrantado ha visto deshecho su amor para con el pecado. - Cuando un hombre cree en Cristo, se da cuenta entonces de que el pecado le es aborrecible. Primero, porque él le separa de Dios, abre entre Dios y él una gran alma y arrastra al hombre a la condenación del infierno. Segundo, porque llevó a Cristo a la cruz, al Señor de gloria; fué la gran carga que gravitó sobre su alma, lo que le hizo sudar, sangrar y morir. Tercero, porque es la plaga del corazón de Cristo ahora. Toda mi infelicidad y desdicha se debe a que soy un pecador. Ahora el creyente se lamenta y conduele, como una paloma, de haber pecado contra quien tanto le amó. "Entonces recordarás tus caminos y todas las cosas en que hablas vivido impíamente y te aborrecerás a ti mismo".


IV. LAS VENTAJAS DE UN CORAZÓN QUEBRANTADO.

1. Te guardarás de que te ofendas por causa de la predicación de la cruz. El corazón natural se ofende cuando se le predica de la cruz. Muchos de vosotros estoy cierto de que la odiáis y la menospreciáis. Muchos, sin duda, se enfurecen a menudo en lo más íntimo de sus corazones al oír la predicación de la justicia de otro, que debéis aceptar desechando la vuestra, si no queréis perecer. Muchos, sin duda, han abandonado esta iglesia por causa de tal predicación; y muchos más, a no dudar, seguirán el mismo camino. El escándalo y la ofensa de la cruz no han terminado. En cambio, amados, el corazón quebrantado no puede ofenderse de tal predicación. Los ministros puede mente la verdad a los corazones quebrantados. Un corazón quebrantado gozosamente se sienta a oír acerca de la justicia sin obras.

Muchos de vosotros os ofendéis cuando hablamos claramente del pecado; muchos se ofendieron el domingo pasado. Pero el corazón quebrantado y contrito no se ofende porque odia el pecado más que los mismos ministros a veces pueden hacerlo. Hay muchos como los adoradores de Baal: "Saca fuera tu hijo para que muera" dicen (Jueces 6:30). Del mismo modo quienes no tienen un corazón quebrantado respiran amenazas contra el predicador que destroza el ídolo de su orgullo; pero un corazón quebrantado desea ver el ídolo destrozado y derrotado y convertido en añicos.

2. El corazón quebrantado descansa al fin. - El corazón natural es como el mar tempestuoso. "¿Quién nos mostrará lo bueno?" Y corre preguntando de criatura en criatura buscando su propio placer, "lo bueno". El corazón despertado no tiene paz. Los temores de la muerte y del infierno amenazan ---así lo descubren los desesperados- sus almas desde que fueron sacados bruscamente de su condición dormida y de su estado de reposo y falsa tranquilidad.

Pero el corazón contrito dice: "¡Vuelve a tu paz, oh alma mía!" La justicia de Cristo echa fuera el temor, disipa todos los temores. Aun la misma plaga y corrupción del corazón no pueden verdaderamente turbarle, porque ha depositado todas sus cargas en Cristo.

3. No puede acontecerle ningún mal al corazón quebrantado. - Para los no convertidos, ¡cuán trágico es el lecho de muerte, o de la enfermedad, agitado e inquieto corno una bestia salvaje aprisionada en la red! En cambio, el corazón quebrantado se halla satisfecho y sereno en Cristo. Cristo le es suficiente; no ambiciona nada más. Aunque todo desaparezca, su amor, el amor de Cristo permanece. Está como un niño de meses en el regazo de su madre, confiado y seguro. ¿Conoces tú este seguro descanso?

miércoles, febrero 20, 2013

Gálatas 5:4 ¿Cayendo de la Gracia?

En reiteradas ocasiones escuchamos en algunos círculos cristianos, la frase "he caído de la gracia" o "debo reconocer que a veces me caigo de la gracia", esto en referencia a Gálatas 5:4 que nos dice "De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído". Un buen numero de creyentes cree que por caer de la gracia se entiende el caer en pecado y perder de esta manera la salvación, trayendo como consecuencias bajones espirituales y vidas espiritualmente derrotadas. Sin lugar a dudas estos no han entendido el verdadero propósito de las palabras del Apóstol. 

Lo primero que debemos considerar, es que esta es una advertencia del peligro del legalismo. En Galacia, los judaizantes enseñaban a los judíos convertidos a circuncidarse para obtener la salvación, es decir insistían en poner en primer lugar a la "Ley" por sobre la "Gracia" y depender de las obras más que de Dios.

Acerca de esto Jack Hunter nos dice:

"En la situación de Galacia, la circuncisión, para Pablo, no era una mera operación quirúrgica, ni una mera observancia religiosa. Representaba un sistema de salvación por buenas obras. Declaraba un evangelio de esfuerzo humano aparte de la gracia divina. Era la ley suplantando a la gracia; Moisés suplantando a Cristo; porque añadir a Cristo era quitar a Cristo. Cristo suplementado era Cristo suplantado; Cristo es el único Salvador —solitario y exclusivo—. La circuncisión significaría excisión de Cristo."1

Entendemos entonces que "de la gracia habéis caído" es sinónimo de "a Cristo has excluido. Significa que habiendo el Señor Jesucristo consumado la obra de salvación en la Cruz, extendiendo a los hombres la posibilidad de salvación mediante su Gracia, ésta ha sido rechazada, pues teniendo el hombre a su alcance la maravillosa y sublime Gracia de Dios, ha optado por seguir viviendo bajo los preceptos de la ley, confiando que en su esfuerzo humano será salvo a través de sus obras. El gran problema es que al querer el creyente justificar su salvación bajo algún mandato de la ley, necesariamente tendría que cumplirla en toda su plenitud, lo cual le daría como resultado el estar bajo la Ley y no bajo la Gracia de Cristo, apartándose de esta manera de la Gracia de Dios.

El legalismo significa abandonar a Cristo como la única esperanza de justicia2

Algunos creen que caer de la gracia es caer en pecado quedando el creyente en estado de perdición, ¿es cierto esto?

Esta afirmación es errónea pues en el contexto de la enseñanza de Pablo no se está hablando acerca del "pecado" o de un "caer en pecado", sino de la bendición de la libertad que Cristo da a los creyentes, "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud"...."Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros." (Gal 5:1;13)

En segundo lugar al afirmar que caer de la gracia significa caer en pecado y perderse, (algunos dicen "si hoy dia el señor viene yo no me voy con él) se contradice con lo que la biblia enseña en forma generalizada acerca de la seguridad de la salvación del creyente.

Las escrituras afirman que:

No hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1)
Si alguno ha pecado, tiene en Jesucristo a un abogado ante el Padre (1 Jn 2:1)
El que cree en Cristo, no verá condenación, pues ha pasado a Vida Eterna (Jn. 3:16, 36; 5:24; 6:47).
Quienes son de Cristo, no perecerán jamás, ¡nadie los arrebatará de su mano! (Jn 10:28)
El que comenzó la buena obra en el creyente, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil 1:6)
Dios es poderoso para guardar a sus hijos sin caída y presentarlos sin manchas ante su Gloria (Judas 24)

En Conclusión:

La Palabra de Dios nos enseña que no debemos buscar la salvación a través de buenas obras o merecimiento humano, es solo mediante la Gracia de Dios que somos salvos. Nos exhorta de esta manera a aferrarnos con toda nuestra fe a su Gracia y nos da la garantía que haciendo esto, el mismo Dios de Gracia nos sostendrá y nos guardará perpetuamente bajo su abrigo.


Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. (Romanos 8:28)


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1. Comentario de William MacDonald citando a Jack Hunter
2. William MacDonald, en comentario a los Gálatas.
© 2013 Samuel Vásquez www.tronodegracia.com

martes, febrero 19, 2013

D. L. Moody: La Ley y la Gracia

Por D. L. Moody

En la epístola a los romanos, Pablo escribe 

“Porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de Uno muchos serán constituidos justos, empero, la ley entró para que la ofensa abundase, pero donde el pecado abundó, la gracia abundó mucho más: para que como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor” (Romanos 5:19-21).

Moisés era el representante de la ley. Usted recuerda que él llevó a los hijos de Israel a través del desierto, y los trajo hasta el río Jordán, pero allí los dejó. Él pudo llevarlos hasta el río que es un tipo de la muerte y el juicio; pero Josué (que significa Jesús –el Salvador–) los llevó directamente a través de la muerte y el juicio –a través del Jordán a la Tierra Prometida. Aquí tenemos la diferencia entre la Ley y la Gracia; entre la Ley y el Evangelio.

Tomemos otra ilustración. Juan el Bautista fue el último profeta de la dispensación antigua –el último profeta bajo la ley. Usted recuerda que antes de que Cristo hiciera Su aparición en el río Jordán, el clamor de Juan día a día era: “¡Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado!” Él tronó desde la ley. Él llevó a sus oyentes bajo el río Jordán y los bautizó. Él los puso en el lugar de la muerte; y hasta allí era hasta donde podía llevarlos. Pero había Uno viniendo detrás de él quién podría llevarlos a la Tierra Prometida. Como Josué llevó al pueblo a través del río Jordán a Canaán, así Cristo bajó al río Jordán de la muerte, a través de la muerte y el juicio, hasta la tierra de la resurrección.

Si usted recorre toda la Escritura encontrará que la ley lleva a la muerte. “El pecado reinó para muerte”. Un amigo me estuvo contando recientemente que un conocido suyo, un ministro, que una vez fue llamado a oficiar un entierro, en lugar de un capellán, (que estaba ausente), de una de las prisiones de Su Majestad, [D. L. Moody pronunció estas palabras ante una audiencia en Inglaterra]. Él notó que sólo un hombre solitario siguió el cuerpo del delincuente a la tumba. Cuando la tumba estaba siendo cubierta, este hombre le dijo al ministro que él era un oficial de la ley cuyo deber era mirar el cuerpo del culpable hasta que éste fuera enterrado y se perdiera de vista; ése era “el fin” de la ley británica, [con doble significado: la finalidad y a la vez el límite o fin de la ley]. Y eso es lo que la ley de Dios hace al pecador; le lleva derecho a la muerte, y lo deja allí. Tengo lástima en lo profundo de mi corazón de aquellos que están intentando salvarse por la ley. Ella nunca lo hizo; nunca querrá; y nunca podrá, salvar el alma. Cuando las personas dicen que van a intentar y harán lo mejor de sí, para así salvarse a sí mismas por la ley, me gusta tomarles en su propio terreno. ¿Han hecho alguna vez verdaderamente lo mejor? Concediendo que pudiera haber una oportunidad para ellos, si ellos la tuvieran, ¿no hubo alguna vez un tiempo cuando pudieron haber hecho un poco mejor? Si un hombre quiere hacer lo mejor de sí, que acepte la gracia de Dios; esa es la mejor cosa que cualquier hombre o mujer puede hacer.

Pero usted preguntará, ¿para qué fue dada la ley? Puede sonar bastante extraño, pero la ley se dio para que pudiera tapar la boca de todo hombre. “Nosotros sabemos que lo que la ley dice, a los que están bajo la ley lo dice: para que toda boca se tape, y todo el mundo pueda ser culpable ante Dios. Por consiguiente por las obras de la ley ninguna carne será justificada ante Su vista; por que por la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:19-20). La ley cierra mi boca; la gracia la abre. La ley encierra con llave mi corazón; la gracia lo abre: y entonces la fuente de amor empieza a fluir hacia afuera. Cuando los hombres tengan sus ojos abiertos para ver esta verdad gloriosa, ellos cesarán su constante empeño. Ellos dejarán de intentar hacer su camino al reino de Dios por las obras de la ley. Ellos se darán por perdidos, y tomarán la salvación como un regalo gratuito.

La vida nunca vino por la ley. Como alguien ha observado. Cuando la ley fue dada, tres mil hombres perdieron la vida; pero cuando la gracia y la verdad vinieron en Pentecostés, tres mil obtuvieron la vida. Bajo la ley, si un hombre se volviera un borrachín, los magistrados lo sacarían y lo apedrearían hasta la muerte. Cuando el pródigo vino a casa, la gracia lo encontró y lo abrazó. 

La ley dice, ¡Apedréalo!
la gracia dice, ¡Abrázalo! 

La ley dice, ¡Golpéalo!
la gracia dice, ¡Bésalo!

La ley lo persiguió, y lo encerró;
la gracia dijo, ¡suéltalo y déjalo ir!

La ley me dice cuán desviado soy;
la gracia viene y me hace recto.

Tengo lástima de aquellos que siempre están rondando el Sinaí, esperando obtener vida allí. Yo tengo un viejo amigo en Chicago que siempre está paseando en el Sinaí. Él es verdaderamente un buen hombre; pero creo queél tendrá una historia diferente para decir cuando él llegue al hogar celestial. Él piensa que yo predico demasiado la gracia gratuita; y debo confesar que me gusta hablar de la gracia gratuita de Dios. Este amigo mío se siente como si él tuviera una especie de misión para seguirme; y siempre que sea que tiene una oportunidad él entra con los truenos del Sinaí. Yo no me lo encontré nunca todavía sin que él estuviese tronando desde el monte Horeb. La última vez que estuve en Chicago, le dije, “¿estás permaneciendo todavía alrededor del Sinaí?” “Sí”, dijo él, “yo creo en la ley”. He hecho averiguaciones, y nunca oí hablar de nadie que haya sido convertido bajo su prédica: los resultados siempre han menguado y se han extinguido. 

Si la ley es la puerta al cielo, entonces no hay esperanza para ninguno de nosotros. Un Dios perfecto puede tener sólo una norma perfecta. El que ofende en un punto es culpable de todos (Santiago 2:10): así que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Pablo dice a los Gálatas: “¿Es la ley entonces contra las promesas de Dios? En ninguna manera: porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia sería verdaderamente por la ley. Pero la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe de Jesucristo. Pero antes de que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta. De manera que la ley fue nuestro instructor para llevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. Pero una vez venida la fe, ya no estamos bajo instructor; porque todos sois hijos de Dios por la fe en Jesucristo” (Gálatas 3:21-26)
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EL PODER ENTERNECEDOR DE LA GRACIA

Así vemos que la ley no puede dar vida; todo lo que puede hacer es traernos ante quien es la vida. Se dice que la ley es “un instructor”. Quizás algunos de ustedes no sepan lo que es un instructor. Si usted hubiera estado bajo el mismo instructor de cuando yo era muchacho, entonces usted lo hubiera sabido. Él tenía un buen bastón y éste era usado frecuentemente. En el pequeño distrito rural donde yo fui a la escuela, había dos partidos: con el objetivo de ilustrar podemos llamar a uno el partido de la “ley” y al otro el partido de la “gracia”. El partido de la ley decía que no había posibilidad de que los muchachos fueran controlados sin el bastón: y ellos pusieron un instructor que actuaba según ese plan. La contienda siguió, y por fin, en una elección, un día, el partido de la ley fue vencido, y el partido de la gracia gobernó en su lugar. Me sucedió estar en la escuela en ese momento; y recuerdo que nosotros nos dijimos unos a otros que íbamos a tener un gran tiempo aquel invierno. No habría más ningún castigo corporal, e íbamos a ser gobernados por el amor. Yo era uno de los primeros en romper las reglas de la escuela. Nosotros teníamos una maestra, y ella me pidió que me quedara. Pensé que el bastón estaba por aparecer de nuevo: e iba a protestar contra eso. Yo realmente estaba con un ánimo de pelea. Ella me llevó aparte. Se sentó y empezó a hablar amablemente conmigo. Yo pensé que eso era peor que el bastón; no me gustó. Vi que ella no tenía ningún bastón. Ella dijo: “He tomado una determinación, que si no puedo controlar la escuela a través del amor, la dejaré. No habrá ningún castigo; y si usted me ama, se esforzará y guardará las reglas de la escuela”. Sentí algo justo aquí en mi garganta. Yo no era alguien de derramar muchas lágrimas; pero ellas vinieron –no pude contenerlas. Le dije, “Usted no tendrá ningún problema más conmigo”; y así fue. Yo aprendí ese invierno más que en los otros tres juntos.

Esa fue la diferencia entre la ley y la gracia. Cristo dice, “Si me amáis, guardad Mis mandamientos” (Juan 14:15). Él nos saca de debajo de la ley, y nos pone bajo la gracia. La gracia romperá el corazón más duro. El amor de Dios fue el que lo impulsó a enviar a Su Hijo unigénito al mundo para que Él pudiera salvarlo. Yo supongo que el ladrón había pasado por el juicio sin ser ablandado. Probablemente la ley había endurecido su corazón. Pero sobre la cruz no dudo que aquella tocante oración del Salvador, “¡Padre, perdónalos!” quebrantó su corazón, para que él clamara: “¡Señor, acuérdate de mí!”. Él fue llevado a pedir misericordia. Yo no creo que haya ningún hombre totalmente perdido, al contrario, la gracia de Dios ablandará su corazón.

Se cuenta de Isaac T. Hopper, el cuáquero, que él encontró una vez a un hombre negro profano, llamado Caín, en Filadelfia, y lo llevó ante un magistrado que lo multó por blasfemar. Veinte años después, Hopper encontró a Caín cuya apariencia estaba muy cambiada para peor. Esto tocó el corazón del Amigo, [“Amigo”: nombre que se dan los cuáqueros]. Él caminó rápidamente hacia él, le habló amablemente, y estrechó sus manos con ese desdichado:

 “¿Me recuerda usted” dijo el cuáquero, “como yo lo hice multar severamente por blasfemar?”
“Sí, verdaderamente: recuerdo lo que pagué tan bien como si fuera ayer”.
“¿Bien, te hizo eso volverte algo bueno?”
“No, ni un poquito: me enojó que se me hubiera sacado mi dinero”.

Hopper invitó a Caín a calcular el interés sobre la multa, y le pagó el capital y también los intereses. “Yo quise darte a entender lo bueno para ti, Caín; y lo siento, te hice un daño”. El semblante de Caín cambió; las lágrimas rodaron por sus mejillas. Él tomó el dinero muy agradecido, se volvió un hombre tranquilo, y no fue oído que blasfemara de nuevo.


PAZ, GRACIA Y GLORIA.

Así que hay una gran diferencia entre la ley y la gracia. “Estando justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos acceso por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1-2). 

Hay tres cosas preciosas aquí: la paz para el pasado; la gracia para el presente; y la gloria para el futuro. No hay ninguna PAZ hasta que nosotros vemos la obra terminada de Jesucristo, hasta que podemos mirar atrás, y ver la Cruz de Cristo entre nosotros y nuestros pecados. Cuando vemos que Jesús fue “el fin de la ley para justicia” (Romanos 10:4); que Él “gustó la muerte por cada hombre” (Hebreos 2:9); que Él “sufrió el Justo por los injustos” (1 Pedro 3:18), entonces viene la paz. Tenemos luego “la GRACIA en la cual estamos firmes”. Hay abundancia de gracia para nosotros tanto como la necesitemos, día tras día, y hora tras hora. Luego hay GLORIA para el tiempo por venir. Una gran cantidad de personas parecen olvidarse que lo mejor está delante de nosotros. El Dr. Bonar dice que todo lo que está adelante del verdadero creyente es “glorioso”.

Este pensamiento se afirmó en mi alma; y empecé a buscar sobre el tema, y a ver lo que podía encontrar en la Escritura que fuese glorioso en el futuro. Encontré que el reino que vamos a heredar es glorioso: nuestra corona será una “corona de gloria” (1 Pedro 5:4); la ciudad que vamos a habitar es la ciudad de los glorificados; las canciones que vamos a cantar son las canciones de los glorificados; vamos a llevar vestidos de “gloria y belleza”; nuestra sociedad será la sociedad de los glorificados; nuestro descanso va a ser “glorioso”; el país en el que vamos a estar será lleno de “la gloria de Dios y del Cordero”. 

Hay muchos que siempre están mirando hacia atrás del camino, y lamentándose de los problemas por los que han pasado; ellos siguen cargando los cuidados y ansiedades que se les ha pedido que entreguen, y están siempre mirándolos. ¿Por qué debemos ir tambaleándonos y titubeando bajo las cargas y cuidados de la vida cuando tenemos tales perspectivas delante de nosotros? Si más adelante hay solamente gloria, nuestras caras deberían relucir todo el tiempo brillantemente. Si un escéptico viniera aquí y mirara los semblantes del público, él encontraría a muchos de ustedes mirando como si solamente estuviera la gloria ante ustedes. Muchas veces me parece como si estuviera en un entierro, las personas se ven tan tristes y deprimidas. Ellas no parecen conocer mucho de la alegría del Señor. Ciertamente si nosotros estuviéramos mirando directamente hacia la gloria que nos espera, nuestras caras se iluminarían continuamente con la luz del cielo. Nosotros podemos predicar por nuestros semblantes si queremos. Cuando más cerca estemos de esa tierra de gloria –donde estaremos con Cristo– tanta más paz, y alegría, y descanso debemos tener. Si solamente quisiéramos acudir al trono de la gracia, tendríamos fuerza para soportar todos nuestros problemas y pruebas. Si usted tomara todas las aflicciones que la carne ha heredado y las pone sobre cualquiera de nosotros, Dios tiene suficiente gracia para llevarnos derecho sin flaquear.

Alguien ha compilado lo siguiente, lo cual describe bellamente el contraste entre la ley y la gracia:

LA LEY fue dada por Moisés.
LA GRACIA y la verdad vinieron por Jesucristo (Juan 1:17).
LA LEY dice: haz esto, y vivirás (Gálatas 3:12).
LA GRACIA dice: vive, y entonces haz esto.
LA LEY dice: págame lo que me debes (Mateo 18:28).
LA GRACIA dice: yo te perdono todo (Lucas 7:42).
LA LEY dice: la paga del pecado es muerte.
LA GRACIA dice: el regalo de Dios es vida eterna (Romanos 6:23).
LA LEY dice: el alma que pecare, ésa morirá (Ezequiel 18:20).
LA GRACIA dice: Quienquiera que cree en Jesús, aunque esté muerto, aun así vivirá; y quienquiera que viva y cree en Él nunca morirá (Juan 11:25,26).
LA LEY pronuncia la condenación y la muerte.
LA GRACIA proclama la justificación y la vida.
LA LEY dice: haz un nuevo corazón y un nuevo espíritu.
LA GRACIA dice: te daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de ti (Ezequiel 11:19).
LA LEY dice: maldito es cualquiera que no permanece en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley para hacerlas (Gálatas 3:10).
LA GRACIA dice: bendito es el hombre cuyas iniquidades son perdonadas, cuyo pecado es cubierto; bendito es el hombre a quien el Señor no imputará iniquidad (Romanos 4:7,8).
LA LEY dice: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza (Deuteronomio 6:4).
LA GRACIA dice: aquí está el amor: no en que nosotros amamos a Dios, sino en que Él nos amó, y envió a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4:10).
LA LEY habla de lo que el hombre debe hacer para Dios.
LA GRACIA cuenta lo que Cristo ha hecho por el hombre.
LA LEY se dirige al hombre como parte de la vieja creación.
La GRACIA hace a un hombre un miembro de la nueva creación.
LA LEY tiene que ver con una naturaleza inclinada a la desobediencia.
LA GRACIA crea una naturaleza inclinada a la obediencia.
LA LEY exige obediencia por el terror al Señor.
LA GRACIA suplica a los hombres por las misericordias de Dios (Romanos 12:1).
LA LEY exige santidad.
LA GRACIA da santidad.
LA LEY dice: condénalo (2 Corintios 3:6-9).
LA GRACIA dice: abrázalo (Lucas 15:20).
LA LEY habla de sacrificios sacerdotales ofrecidos año por año continuamente que nunca podían hacer perfectos a los que los ofrecían (Hebreos 10:1).
LA GRACIA dice: pero este Hombre, después de que ha ofrecido un sacrificio para siempre por los pecados . . .con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:10,14).
LA LEY declara que los que han pecado en la Ley, serán juzgados por la Ley.
LA GRACIA trae paz eterna al alma atribulada de cada hijo de Dios, y proclama la salvación de Dios en desafío a las acusaciones del adversario. 

“Él que oye Mi palabra, y cree en Él que me envió, tiene la vida eterna, y no entrará en el juicio (condenación), sino que ha pasado de la muerte a la vida” (Juan 5:24).

¿De dónde a mí este espíritu tranquilo:
A mí todo pecador como soy yo?
¿Es así como desciende el mérito
Del Cordero del pecado libertador?
La gracia, todo el poder para librar,
Regalo de un Creador Dador,
Como un río pleno, refrescante,
Siempre fluyendo.
Sobre todos mis cursos de pecar
derrama sin límite sus aguas,
Limpiando, fertilizando, ganando
Para el Señor la tierra estéril.
Abundancia del tesoro celestial,
Fuentes de complacencia del Padre,
Todas las marcas de medida humana
Desbordando
No mi virtud o arrepentimiento
Obtuvo el don precioso para mí.
Tú, mi Salvador, me hiciste tierno,
Tuyas las punzadas que me pusieron libre,
Regalo de gracia más allá de toda comprensión,
Del corazón de Jesús fluyendo,
Siempre fluyendo , desbordando,
Fluyendo gratuitamente”.

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Por D. L. Moody, Tomado del libro "La Gracia Soberana"
www,tronodegracia.com