Charles Leiter - Justificación y Regeneración




Prólogo de Paul Washer

Parece haber un gran abismo de separación entre el teólogo bíblico y el cristiano común de la iglesia. Mientras el teólogo puede ascender el Everest de la verdad de Dios, y ser transformado por la visión, él a menudo la comunica en un language que nos sobrepasa. De ese modo somos dejados a la merced de la literatura popular cristiana que muy a menudo no es mas que historias raras, pragmatismos y psicología "bautizada". 

La Iglesia contemporanea no necesita mas estrategias, pasos o claves para la vida cristiana. La Iglesia necesita la verdad, y mas específicamente, las grandes verdades fundamentales del Cristianismo histórico. En esta obra, el pastor Charles Leiter le ha hecho un gran servicio a la Iglesia, tomando dos de las mas grandes doctrinas de las Escrituras y dos de los mas grandes Milagros en la vida cristiana y explicándolos en lenguage simple sin pérdida de contenido. 

Mientras leía el manuscrito de este libro, quedé asombrado con su simplicidad y alcance. Las grandes doctrinas de la justificación y la regeneración solo pueden ser consideradas apropiadamente en el contexto de las otras grandes doctrinas de la fe: el santo y justo carácter de Dios, la depravidad humana, la propiciación, el arrepentimiento, la fe, y la santificación, nombrando solo algunas. El Pastor Leiter no solo nos ha dado una visión balanceada de cada una de estas doctrinas, sino que también ha demostrado como se entrelazan para formar el fundamento de la vida cristiana. 

De interés particular para mi fue la exposición de una visión adecuada de la regeneración. En estos tiempos modernos, la preciosa doctrina del evangelismo ha sido reducida a nada mas que una decisión humana que consiste en levantar la mano, pasar al frente y hacer una simple oración. Como resultado, la mayoría de las personas que han hecho esto creen que han "nacido de nuevo" (han sido regenerados) aunque sus pensamientos, palabras, y hechos están en continua contradicción a la naturaleza y voluntad de Dios. El Pastor Leiter demuestra que la regeneración es una obra sobrenatural de Dios en donde el corazón de piedra, muerto y depravado del pecador es reemplazado con un nuevo corazón que puede y está dispuesto a responder a Dios en amor y obediencia. El Pastor Leiter también trata con Romanos 6 y 7 de una manera lógica y consistente que luego comunica al lector con una profunda simplicidad. Las opiniones de mi hermano acerca de estos grandes capítulos me han sido una fuente de gran fortaleza, consuelo y gozo a través de los años en mi propio peregrinaje. 

He leído este libro muchas veces antes de su impresión. He sido ampliamente beneficiado por sus enseñanzas y recomiendo cordialmente su contenido. Quiera el Espíritu Santo iluminar tu mente y corazón para que no solo entiendas las Escrituras aquí explicadas, pero para que sean una realidad en tu vida. 

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Teología Sistemática - Louis Berkhof




DESCRIPCION 

El autor ha sido capaz de abarcar todas las áreas de la sistemática, informando al lector, en forma diáfana y acertada, de los diferentes puntos de vista de las distintas tradiciones teológicas y consolidando los suyos por medio de un riguroso análisis sistemático y escritural. Las definiciones son sucintas y cristalinas. Este libro ocupa un lugar habitual en la bibliotecas de muchas instituciones teológicas e iglesias, y han participado en la formación de muchísimos líderes y pastores. Todo estudiante de teología debe tener en sus manos un ejemplar de la Teología sistemática

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créditos : musician84

¿Quiénes son los corruptos?


¿Quiénes son los corruptos? 
Autor: Russell George 


“Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. Día y noche la rodean sobre sus muros, e iniquidad y trabajo hay en medio de ella. Maldad hay en medio de ella, y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas”. (Salmo 55:9-11)

En el diario “La Nación” del día 17 de junio, 2003 salió un artículo con titulo “La Clase Media Auto Critica Sobre La Corrupción”. En parte el artículo se base sobre los resultados de una encuesta entre los alumnos de la Universidad de Buenos Aires. El artículo dice “Los encuestados afirman que no es un problema solo de los políticos; que cada habitante debe modificar sus hábitos cotidianos”.

Es fácil echar la culpa sobre los políticos. Sin duda, ellos tienen mucho que arreglar pero el problema tiene raíces más profundas. En gran parte, el problema radica en la mentalidad de la gente. Aun se nota en los niños. Cuando planeamos un juego tenemos que calcular las trampas que algunos van a inventar. Siempre hay algunos que buscan una manera de ganar esquivándose de las reglas. Hay un dicho que dice; “Hecha la ley, hecha la trampa”.

Hay los que son prontos en criticar la corrupción en el gobierno pero ellos deben tomar en cuenta la censura de Dios. “Por lo cual eras inexcusable, o hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tu que juzgas haces lo mismo”. (Romanos 2:1) Si ellos, con su mentalidad, ocupaban un puesto en el gobierno, ellos también estarían pensando de la forma mejor de sacar provecho.

Para algunos la corrupción llega a ser tanto su costumbre que lo hacen sin darse cuenta. En la escuela los niños se aprovechan de copiar en un examen, “pues todo el mundo lo hace”. Aun la maestra tapa los ojos mientras que los alumnos están copiando porque ella queda con buena cara si la mayoría saca buenas notas.

Es desconcertante saber el número de habitantes de cada barrio que están dispuestos a salir y robar cuando se dan cuenta de que están saqueando un supermercado. Los que hacen semejante cosa ni aun tienen la más mínima naturaleza de ser cristianos. Ellos carecen del derecho de quejarse de corrupción en el gobierno.

Cuando el número de los corruptos aumenta los justos tienen razón por preocuparse. El Salmo 11:3 hace la pregunta “Si fueron destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer los justos?” Hay cada vez menos seguridad por causa de la corrupción. Su fin es la anarquía.

Lo que nos hace falta es un cambio de mentalidad hacia la corrupción, empezando de lo más profundo. Había un tiempo cuando el cristianismo servía para frenar la mala inclinación del hombre pero, hoy en día, la gran mayoría de las iglesias dicen poco o nada en cuanto a los valores morales. Algunas tienen temor de perder grandes números de su membresía si exigen normas morales. Otros andan en busca de experiencias emocionales en vez de disciplinarse a desarrollar su carácter. Los colegios no tocan el tema tampoco por temor de ser censurados.

¿Qué hacemos entonces? Las siguientes son algunas sugerencias.  

“Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”. (I Pedro 4:17) No podemos ser cobardes cuando nos toca enseñar normas morales. Además, nuestras iglesias deben practicar la disciplina cuando hay miembros que están en falta. También podemos animar a nuestros vecinos a ser honestos y elogiarlos cuando sabemos que ellos optaron por hacer lo recto. Debemos enseñar a nuestros hijos y nietos a ser honestos y apartarse del mal camino. Las cosas van de mal en peor cuando los justos no dicen nada. Por último, debemos ser honestos con nosotros mismos. Tal vez somos culpables de algo sin darnos cuenta. Nos conviene orar como David en Salmo 139:23-24, “Examíname, o Dios y conoce mis pensamientos y ve si hay en mi camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”

Jesús dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. (Juan 14:6) Dios guía a los suyos “por sendas de justicia por amor de su nombre”. (Salmo 23:3) Para poder hacerlo, hace falta un cambio de corazón. Hay dos versículos en la Biblia que se tratan de esto. “Os daré corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne”. (Ezequiel 36:26) También II Corintios 5:17 dice “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”. ¿Usted ha experimentado esta transformación? Si no, le hace falta el nuevo nacimiento. Es un asunto de arrepentirse de sus pecados y pedir el perdón y la salvación que Cristo hizo posible cuando él murió en la cruz.

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Tomado de literaturabautista.com