martes, mayo 29, 2012

Pecadores en las manos de un Dios airado

Por Jonathan Edwards
Este es su famoso sermón predicado en julio de 1741.

Dios ahora parece estar reuniendo apresuradamente a sus escogidos de todas partes de la tierra; y probablemente la mayor parte de los adultos que se salvarán, serán traídos dentro de poco tiempo, y será como el gran repartimiento del Espíritu sobre los judios en los días de los apóstoles. Los elegidos obtendrán la salvación, y el resto será cegado. Si éste fuera tu caso, maidecirás este día eternamente, y maldecirás el dia en que naciste al ver el tiempo de repartimiento del Espíritu, y desearás haber muerto e ido al infierno antes de haberlo contemplado.

"A su tiempo su pie resbalará" (Deuteronomio 32:35).

En este versículo la venganza de Dios amenazaba sobre los israelitas impíos e incrédulos, que eran el pueblo visible de Dios, y quienes vivieron bajo los medios de la gracia; pero quienes no obstante todas los obras maravillosas de Dios para con ellos, permanecieron (como dice el v.28) desprovistos de consejos, no teniendo entendimiento en ellos. De todos los cultivos del cielo, sacaron a luz frutos amargos y venenosos; como en los dos versículos que preceden al texto. -La expresión que he escogido para mi texto, A su tiempo su pie resbalará, parece indicar las siguientes cosas con respecto al castigo y destrucción a que están expuestos estos impios israelitas.

1. Estuvieron siempre expuestos a destrucción; como uno que permanece o camina en lugares resbaladizos está siempre expuesto a la caída. Esto está implicado en la manera de su destrucción cuando viene hacia ellos, estando representada por sus pies resbalando. Lo mismo es expresado en el Salmo 73:18."Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer."

2. Implica que estuvieron siempre expuestos a una rápida destrucción repentina. Como el que camina en lugares resbaladizos está expuesto en cada momento a caer, no puede predecir si al siguiente momento permanecerá de pie o caerá; y cuando cae, cae de un sopetón sin advertencia, lo cual está también expresado en el Sal.73:18-19. "Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente!"

3. Otra cosa implicada es, que están expuestos a caer por ellos mismos, sin ser arrojados a tierra por la mano de otro; como aquel que permanece de pie o camina en suelo resbaladizo no necesita otra cosa que su propio peso para caer al suelo.

4. La razón por la que no han caído todavía, ni caen ahora, es solamente porque el tiempo señalado por Dios no ha llegado. Porque se dice que cuando ese esperado tiempo, o momento señalado Ilegue, sus pies resbalarán. Luego se dejarán caer, de la manera en que están inclinados a ello por su propio peso. Dios no lossostendrá ya más en estos lugares resbaladizos, sino que los dejará ir; y luego, en ese mismo instante caerán en destrucción; como aquel que se encuentra en suelos inclinados y resbalosos, o en el filo de un abismo, que no puede mantenerse firme por sí solo; cuando se deja sin apoyo, inmediatamente cae y se pierde.

La observación de estas palabras en las que voy a insistir ahora es ésta: "No hay otra cosa que mantenga a los hombres impíos fuera del infierno en todo momento que el mero placer de Dios." Por el mero placer de Dios quiero significar su placer soberano, su voluntad arbitraria, no restringida por ninguna obligación, ni impedida por ninguna dificultad, ni ninguna otra cosa; como si la pura voluntad de Dios no tuviera ni un momento,en el menor grado, o en ningún otro aspecto, ningún lugar en la preservación de los impíos. La verdad de esta observación aparece al considerar lo siguiente:

1. Dios no desea en ningún instante hacer muestra de su poder arrojando a los impíos en el infierno. Los manos de los hombres no pueden ser fuertes cuando Dios se levanta; el más fuerte no tiene poder para resistirle, ni puede librarse de sus manos. El no sólo es capaz de arrojar a los impíos en el infierno, sino que puede hacerlo fácilmente. Algunas veces un príncipe terrenal se encuentra con la dificultad de sujetar a un rebelde que ha encontrado medios para fortificarse a sí mismo, y se ha hecho fuerto por el número de sus seguidores. Pero no es así con Dios. No hay Fortaleza que sea defensa contra el poder de Dios.

Aunque mano se una con mano, y una vasta multitud de los enemigos de Dios se combinen y asocien, son fácilmente quebrados en pedazos. Son como grandes montones de paja ligera ante el torbellion; o grandes cantidades de rastrojo seco ante llamas devoradoras. Encontramos fácil pisotear y aplastar un gusano que vemos arrastrarse en la tierra; también es fácil para nosotros cortar o chamuscar un hilo delgado que agarre cualquier cosa; y así es fácil para Dios, cuando le place, arrojar a sus enemigos al infierno. ¿Qué somos nosotros para que permanezcamos de pie frente a El, ante cuya reprensión la tierra tiembla, y las rocas son arrojadas?

2. Ellos merecen ser echados en el infierno; de manera que si la justicia divina se encuentra en el camino, no hay objeción eficaz contra el uso del poder de Dios para destruirlos. Antes, por el contrario, la justicia clama fuertemente por un castigo infinito de sus pecados. La justicia divina dice del árbol que da a luz las uvas de Sodoma, "córtalo, ¿para qué inutiliza también la tierra?" (Luc. 13:7). La espada de la justicia divina está en cada momento blandeada sobre sus cabezas, y no es otra cosa que la misericordia arbitraria y la pura voluntad de Dios que la detiene.

3. Ellos ya están bajo una sentencia de condenación al infierno. No sólo merecen justamente ser arrojados alli, sino que la sentencia de la ley de Dios, esa regla eterna e immutable de justicia que Dios ha fijado entre El y la humanidad, ha ido en su contra, y permanece en su contra; de manera que ya están dispuestos para el infierno. "El que no cree, ya ha sido condenado" (Juan 3:18). De modo que cada inconverso pertenece propiamente al infierno; ese es su lugar; de alli es él. "Vosotros sois de abajo" (Juan 8:23), y allí estáis atados; es el lugar que la justicia, la palabra de Dios, y la sentencia de su ley immutable les han asignado.

4. Ellos ahora son los objetos de ese mismo enojo e ira de Dios que es expresado en los tormentos del infierno. Y la razón por la que no bajan al infierno en cualquier momento, no es porque Dios, en cuyo poder están, no está entonces muy enojado con ellos, como lo está con muchas criaturas miserables que ahora están siendo atormentadas en el infierno, y allí sienten y experimentan el furor de su ira. Si, Dios está más eno-jado con otros tantos que ahora están en la tierra; sí, sin duda lo está con muchos que están ahora en estacongregación, con quienes está airado con más facilidad que con muchos de los que se encuentran ahora en las llamas del infierno. Pero no es porque Dios se haya olvidado de su impiedad ni se resienta por ello la razón por la que no desata su mano y los corta. Dios no es enconjunto como uno de ellos, para ellos su condenación no se duerme; el abismo está preparado, el fuego ya está listo, el horno esta caliente, listo para recibirlos; las llamas se inflaman y arden. La espada resplandeciente está afilada y se sostiene sobre ellos, y el abismo ha abiertosu boca bajo ellos.

5. El diablo esta listo para caer sobre ellos y asirlos para sí; momento que Dios permitirá. Ellos le pertenecen; él tiene sus almas en su posesión y bajo su dominio. La Escritura los representa como sus buenas dadivas (Luc.11:13). Los demonios los vigilan; siempre están a su diestra por ellos; permanecen esperando por ellos como leones hambrientos y codiciosos que ven su presa y esperan tenerla, pero por el momento se retienen. Si Dios retirara su mano, por la cual ellos son restringidos, volarían sobre sus pobres almas. La serpiente antigua los mira con asombro; el infierno abre su amplia boca para recibirlos; y si Dios lo permitiera serían apresuradamente tragados y se perderían.

6. En las almas de los impíos reinan principios infernales que estuvieran actualmente encendidos y llameando en el infierno de fuego si no fuera por las restricciones de Dios. En la naturaleza de cada hombre carnal está colocado un fundamento para los tormentos del infierno. Hay esos principios corrompidos reinando y en plena posesión de ellos, que son la semilla del infierno de fuego. Estos principios son activos y poderosos, excesivos y violentos en su naturaleza, y si no fuera por la mano restringente de Dios pronto estallarían y se inflamarían de la misma manera que loharían las corrupciones y enemistad en los corazones de las almas condenadas, y engendrarían los mismos tormentos que crean en ellos. Las almas de los impíos son comparadas en la Escritura al mar en tempestad (Is.57:20). Por el presente, Dios restringe su impiedad por medio de su gran poder, de la misma manera en que hace con las coléricas ondas del mar turbulento, diciendo, "hasta aquí llegarás y no pasarás;" pero si Dios retirara ese poder restringente, rápidamente se llevaría todo por delante. El pecado es la ruina y la miseria del alma; es destructiva en su naturaleza; y si Dios lo dejara sin restricción no faltaría nada para hacer al alma algo perfectamente miserable. La corrupción del corazón del hombre es inmoderada e ilimitada en su furia; y mientras el impío vive aquí es como un fuego contenido por las restricciones de Dios, que si fuera dejado en libertad atacaría con fuego el curso de la naturaleza; y ya que el corazón es ahora un montón de pecado, de no ser restringido, inmediatamente convertiría el alma en un horno ardiente, o en un horno de fuego y azufre.

7. No es seguridad para los impíos el que en ningún momento haya medios visibles de la muerte a la mano. No es seguridad para un hombre natural el que está ahora en salud ni el que no vea ninguna manera en la que pueda ahora partir inmediatamente de este mundo por algún accidente, ni el que no haya ningú peligro visible en ningún aspecto en sus circunstancias. La experiencia múitiple y continua del mundo en todas lasedades muestra que no hay evidencia de que un hombre no está en el borde de la eternidad, y de que el próximo paso no sea en otro mundo. Lo invisible, el olvido de modos y medios por los que las personas salen súbita- mente del mundo son innumerables e inconcebibles. Los hombres inconversos caminan sobre el abismo del infierno en una cubierta podrida, y hay innumerables lugares tan débiles en esta cubierta que no pueden soportar su peso; lugares que además no se ven a simple vista. Las flechas de la muerte vuelan a mediodía sin ser vistas; la vista más aguda no las puede discerner. Dios tiene tantas maneras diferentes e inescrutables de tomar al impío fuera del mundo y enviarlos al infierno, que no hay nada que haga parecer que Dios tuviera necesidad de estar a expensas de un milagro, o salirse fuera del curso de su providencia, para destruir al impío en cualquier instante. Todos los medios por los que los impíos parten del mundo están de tal manera en las manos de Dios, y tan universal y absolutamente sujetos a su poder y determinación, que no depende sino de la pura voluntad de Dios el que los pecadores vayan en cualquier momento al infierno, el que los medios nunca sean usados o estén involucrados en el caso.

8. La prudencia y el cuidado de los hombres natu- rales para preserver sus propias vidas, o el cuidado de otros para preservarlos a ellos, no les brinda seguridad en ningú momento. De esto dan testimonio la providencia divina y la experiencia universal. Hay la clara evi- dencia de que la propia sabiduría de los hombres no es seguridad para ellos cuando están frente a la muerte; si fuera de otra manera veríamos alguna diferencia entre los hombres sabios y politicos y los demás con respecto a su propensión a una muerte temprana e inesperada; pero ¿cómo es esto en los hechos? "También morirá el sabio como el necio" (Ecl.2:16).

9. Todas las luchas y maquinaciones que los hom- bres impíos usan para escapar del infierno, mientras continúan rechazando a Cristo, permaneciendo así como impíos, no les libra del infierno en ningún momento. Casi todo hombre natural que oye del infierno se adula a sí mismo de que escapará; depende de sí mismo para su seguridad; se lisonjea a si mismo en lo que ha hecho, en lo que está haciendo, o en lo que intenta hacer. Cada quien dispone cosas en su mente sobre cómo evitará la condenación, y se engaña a si mismo planeando su propio bien, y pensando que sus esquemas no fallarán. Ellos oyen sin embargo que son pocos los que se salvan, y que la mayor parte de los hombres que han muerto hasta ahora han ido al infierno; pero cada quien se imagina que planea mejores cosas para su escape que lo que otros han hecho. El no pretende ir a ese lugar de tormento; dice dentro de si que intenta tomar cuidado eficaz, y ordenar las cosas de tal manera que no falle.

Pero los hijos insensatos de los hombres se engañan miserablemente a Si mismos en sus propios esquemas, y en confianza de su propia fuerza y sabiduria; no confían en más que una mera sombra. La mayoria de esos que hasta ahora han vivido bajo los mismos medios de gracia y han muerto, han ido indudablemente al infierno; la razón no es que ellos no eran tan sabios como los que ahora estan vivos; no fue porque no planearon cosas que les aseguraran su escape. Si pudiéramos hablar con ellos, y preguntaries, uno por uno, si ellos esperaban cuando vivos y cuando oian hablar acerca del infierno que serian objetos de esa miseria, indudablemente escucharíamos uno por uno contestar: "No, yo nunca pretendí venir aquí; había dispuesto las cosas de otra manera en mi mente; pensé haber planeado el bien para mi; ideé un buen patrón. Intenté tomar un cuidado eficaz; pero vino sobre mí inesperadamente. No lo esperaba en ese momento y de esa manera; vino como un ladrón. La muerte me burló. La ira de Dios fue demasiado rápida para mi. 0h mi maldita insensatez! Me estaba engañando y agradando con sueños vanos acerca de lo que yo haría en el más allá; y cuando me encontraba diciendo, 'paz y seguridad,'vino sobre mi destrucción repentina."

10. Dios en ningún momento se ha puesto bajo ninguna obligación por alguna promesa que haya dado, de mantener al hombre natural fuera del infierno. Ciertamente Dios no ha dado promesas acerca de la vida eterna o de alguna liberación o preservación de la muerte eterna, sino aquellas que están contenidas en el pacto de gracia, las promesas son sí y amén. Pero seguramente aquellos que no son hijos del pacto, que no creen en ninguna de las promesas, no tienen interés en las promesas del pacto de gracia, y no tienen interés en el Mediador del pacto. De manera que, aunque alguno haya tenido imaginaciones y pretensiones acerca de promesas hechas a hombres naturales que buscan con sinceridad, es claro y manifiesto que no importa los dolores que un hombre natural sufra en la religión, ni las oraciones que haga, asta que no crea en Cristo, Dios no está de ninguna anera bajo la obligación de librarlo en ningún momento de la destrucción eterna. De manera que así es que los hombres naturales son tornados en la mano de Dios sobre el abismo del infierno; se han merecido el fiero abismo, y ya están sentenciados a él; Dios ha sido terriblemente provocado, su ira es tan grande hacia ellos como la de esos que están actualmente sufriendo las ejecuciones de la furia de su ira en el infierno, y no han hecho nada en lo más mínimo para apaciguar o disminuir ese enojo, ni está Dios atado en lo más minimo a ninguna promesa de levantarlos en ningún momento.

El diablo está esperando por ellos, el infierno está abierto de par en par para ellos, las llamas se reúnen y centellean a su alrededor, los atraparán y tragarán; el fuego contenido en sus corazones está luchando para estallar; y ellos no tienen ningún interés en ningún mediador; no hay medios al alcance que les puedan servir de seguridad. En resumen, no tienen refugio, nada de que aferrarse; todo lo que los preserva en todo instante es la pura voluntad y la paciencia no pactual ni obligada de un Dios encolerizado.

APLICACION

Este terrible tema puede ser útil para hacer despertar algunas personas inconversas en esta congregación. Esto que has oído es el caso de cada uno de ustedes que se encuentra fuera de Cristo. Ese mundo de miseria, ese lago de azufre ardiente se extiende debajo de ti. Allí está el espantoso abismo de las llamas ardientes de la ira de Dios; alli está la ancha boca del infierno abierta de par en par; y no tienes nada sobre que permanecer en pie, ni nada de donde agarrarte; no hay nada entre ti y el infierno sino sólo el aire; es tan sólo el poder y el puro placer de Dios el que te soporta.

Posiblemente no eres sensible a esto; te ves fuera del infierno, pero no ves la mano de Dios en ello; pero contempla otras cosas, como el buen estado de tu constitución corporal, el cuidado de tu propia vida, y los medios que usas para tu preservación. Pero verdaderamente estas cosas son nada; si Dios retirara su mano, ellas no te beneficiarían más en cuanto a evitar tu caída, que lo que hace el delgado aire al sujetar una persona que se suspende en él.

Tu impiedad te hace como si fueras tan pesado como el plomo, y te dirigirá hacia abajo con gran peso y presión directo al infierno; y si Dios te dejara caer, inmediatamente te sumergerías y rápidamente descenderías dentro del golfo sin fondo; y tu constitución saludable, y tu propio cuidado y prudencia, y tu mejor plan, y toda tu justicia, no tendrían más influencia para sujetarte y librarte del infierno, que lo que una tela de araña puede hacer para frenar una roca al caer.

De no ser por el soberano placer de Dios, la tierra no te sostendría un instante porque eres una carga para ella. La creación gime contigo; la criatura está hecha sujeta a la esclavitud de tu corrupción, no para ayudarte voluntariamente a servir al pecado y a Satanás; la tierra no produce su incremento voluntariamente para satisfacer tus pasiones; ni es voluntariamente un escenario sobre el que tus impiedades actúen; el aire no te sirve voluntariamente para mantener la llama de vida de tus órganos vitales, mientras pasas tu vida al servicio de los enemigos de Dios. Las criaturas de Dios son buenas, y fueron hechas para que el hombre sirviera a Dios con ellas, y para que no sirvieran voluntariamente a ningún otro propósito, y para que gimieran cuando eran usadas para propósitos tan directamente contrarios a su naturaleza y fin. El mundo te vomitaría de no ser por la mano soberana de Aquel que lo tiene sujetado en esperanza. Las negras nubes de la ira de Dios están ahora flotando directamente sobre sus cabezas, llenas de terribles tormentas y truenos; y de no ser por la mano restringente de Dios hubieran reventado inmediatamente sobre ti. El placer soberano de Dios, por el presente, detiene su viento agitado; de otro modo vendria con furia, y tu destrucción llegaría como torbellino. Serias como la paja menuda del suelo de trillo del verano.

La ira de Dios es como grandes aguas que están destinadas para el presente; aumentan más y más, y crecen más y más, hasta que la salida sea dada. Y mientras se detenga la corriente, más rápido y poderoso será su curso cuando sean desatadas. Es verdad que el juicio contra tus obras perversas no ha sido ejecutado todavia; los diluvios de la venganza de Dios han sido retenidos; pero tu culpa entretanto está constantemente aumentando, y está cada día atesorando más ira; las aguas están aumentando constantemente, y creciendo más y más poderosas; y no hay nada fuera del puro placer de Dios que refrene las aguas, las cuales no quieren ser detenidas, y presionan duramente para ir hacia adelante. Si Dios tan sólo retirara su mano de la compuerta, se abriría inmediatamente, y los fieros diluvios del furor e ira de Dios empujarian con furia inconcebible, y vendría sobre ti con poder omnipotente; y si tu fuera fuera diez mil veces mayor que lo que es, sí, diez mil veces mayor que la fuerza del más corpulento y robusto diablo en el infierno, no sería nada para resistirla o soportarla.

El arco de la ira de Dios está encorvado, la flecha lista en la cuerda, y la justicia dirige la flecha a tu corazón, y estira el arco, y no es otra cosa que el mero placer de Dios, y el que un Dios airado que sin ninguna promesa y obligación del todo, retiene la flecha de embriagarse con tu sangre. Asi todos los que de ustedes nunca han pasado por un gran cambio de corazón, por el gran poder del Espiritu de Dios sobre sus almas; todos los que de ustedes nunca han nacido de nuevo, ni han sido hechos nuevas criaturas, ni han sido levantados de la muerte en el pecado a un nuevo estado, ni han experimentado la luz y la vida, están en las manos de un Dios airado. Aunque hayan reformado sus vidas en muchas cosas, y hayan tenido afecciones religiosas, y hayan podido mantener cierta forma de religión con sus familiares y cercanos, y aún en la casa de Dios, no es otra cosa que Su mero placer que los preserva de ser consumidos en la destrucción eterna. No importa cuán poco convencidos estén ahora de la verdad que oyen, a su tiempo estarán plenemente convencidos de ella. Aquellos que han partido estando en las mismas circunstancias en que están ustedes, ven que asi fue con ellos; porque la destrucción vino bruscamente sobre la mayoría de ellos; cuando no la esperaban, y mientras esta- ban diciendo, 'paz y seguridad.'Ahora ven, que esas cosas en las que dependían para la paz y la seguridad, no eran más que un aire delgado y una sombra vacia.

El Dios que te sostiene sobre el abismo del infierno, mas que uno que sostenga una araña, o cualquier insecto asqueroso sobre el fuego, te aborrece, y ha sido terriblemente provocado. Su ira hacia ti se enciende como fuego; te ve como digno, pero no para otra cosa que para ser echado en el fuego; es tan puro de ojos que no puede mantenerte a su vista; eres diez mil veces más abominable a sus ojos que lo que la serpiente venenosa más odiada es a los nuestros. Le has ofendido infinitamente más que lo que un rebelde obstinado ofende a su principe; y sin embargo, no es otra cosa que su mano la que te sostiene de caer en el fuego en cualquier momento. No debe ser atribuido a nadie más el que no hayas ido al infierno la última noche; el que hayas sufrido otra vez el despertar en este mundo, después de haber cerrado los ojos para dormir. Y no hay otra razón que dar de por qué no has caído en el infierno desde que te levantaste en la mañana, que el hecho de que la mano de Dios te ha sostenido. No hay otra razón que dar de porqué no has ido al infierno, desde que te sentaste aqui en la casa de Dios, provocando sus ojos puros por tu modo pecaminoso e impío de atender a su solemne adoración. Si, no hay otra cosa que dar como razón de por qué no caes en el infierno en este preciso momento. Oh, pecador, considera el terrible peligro en que estás. Es sobre un horno de ira, un abismo amplio y sin fondo, lleno del fuego de la ira, en el que estás soportado por la mano de Dios, cuya ira ha sido provocada e inflamada tanto contra ti, como contra muchos de los ya condenados en el infierno. Cuelgas de un hilo delgado, con las llamas de la ira divina destelleando alrededor, y listas en todo momento para chamuscarlo y quemarlo en dos; y no tienes interés ni por un instante en ningún Mediador, ni en nada en qué aferrarte para salvarte a ti mismo, ni para librarte de las llamas de la ira. Ni siquiera hay algo en ti, nada de lo que hayas hecho ni puedas hacer, para inducir a Dios a per- donarte. Por eso te pido que consideres los siguientes puntos de modo más particular:

1. Mira de quien es la ira. Es la ira de un Dios infinito. Si fuera solamente la ira de un hombre, aunque fuera la del príncipe más poderoso, sería comparativamente pequeña para ser considerada. La ira de reyes es mucho más terrible, especialmente la de monarcas absolutos, que tienen las posesiones y las vidas de sus súbditos enteramente en su poder para disponer de ellas a su mera voluntad. "Como rugido de cachorro de león es el terror del rey; el que to enfurece peca contra sí mismo" (Prov.20:2). El súbdito que se encoleriza mucho contra un príncipe arbitrario, está expuesto a sufrir los tormentos más extremos que el arte humano puede inventar o que el poder humano puede infligir. Pero las más grandes potestades terre- nales, en su mayor majestad y fuerza, cuando están vestidos de sus más grandes terrores, no son mas que gusanos débiles y despreciables de la tierra en comparación al Gran y Todopoderoso Creador y Rey del cielo y a tierra. Es en realidad poco lo que ellos pueden hacer n el momento en que ellos están más encolerizados, y cuando han ejercido el extremo de su furia. Todos los reyes de la tierra son como langostas ante Dios; son nada y menos que nada; tanto su amor como su odio son tornados en poco. La ira del gran Rey de reyes es tanto más terrible que la de ellos, como lo es su majestad. "Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y duspués nada máss pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed" (Luc. 12:4,5).

2. Es a la furia de su ira a la que estás expuesto. A menudo leemos de la furia de Dios; como en Is.59:18. "Como para retribuir con ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios." Así también Is.66:15. "Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su represión con llama de fuego." Y en muchos otros lugares. También Ap.19:15; allí leemos de "el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso." Las palabras son en extremo terribles. Si solamente se hubiera dicho, "la ira de Dios," los términos implicarían algo infinitamente terrible; pero es "el furor y la ira de Dios." iLa furia de Dios! ¡el furor de Jehová! ¡Oh, cuán terrible debe ser eso! ¿Quién puede pronunciar o concebir lo que estas expresiones implican en sí mismas? Pero además, "el furor y la ira del Dios Todopoderoso." Como si hubiera una gran manifestación de su poder omnipo- tente en lo que el furor de su ira realiza; como si la omnipotencia estuviera encolerizada y ejercida de tal manera que los hombres no pueden ejercer su fuerza en contra del furor de su ira. Oh! entonces, ¡cuál será la consecuencia! ¡Qué será de aquellos pobres qusanos que la sufrirán! ¿Quién tendrá manos fuertes para esto? ¿Qué corazón la podrá resistir? ¡A qué terrible, indecible, inconcebible profundidad de miseria está sumergida la pobre criatura que esté sujeta a esto! Considera esto, tú que estás aqui presente, y aún permaneces en un estado no regenerado. Que Dios eje- cutará el furor de su enojo, implica, que El infligirá su ira sin piedad. Cuando Dios observe la extremidad inefable de tu caso, y vea tu tormento estar tan vastamente desproporcionado a tu fuerza, y vea cómo tu pobre alma es molida, y se hunde como si estuviera en tinieblas infinitas; no tendrá compasión de ti, no contenderá las ejecuciones de su ira, y ni siquiera aligerará su mano no habrá moderación ni misericordia, no apaciguará su viento agitado; no tendrá cuidado de tu bienestar, ni será en ningún sentido cuidadoso, a menos que sufras mucho más en cualquier otra manera, que lo que sufrirías con lo que la justicia estricta requiere. Nada será retenido por el hecho de que sea demasiado fuerte de sobrellevar. "Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré (Ez.8:18). Ahora Dios está presto a tener piedad de ti; este es un día de misericordia; puedes gritar ahora con el aliento de obtener misericordia. Pero cuando el día de misericordia pase, tus gritos y chillidos de lamento y dolor serán en vano; estarás enteramente perdido y alejado de Dios, como para que nadie se interese en tu bienestar. Dios no tendrá otra cosa que hacer contigo que ponerte a sufrir miseria; no continuarás en existencia para otro fin que no sea ese; porque serás un vaso de ira preparado para destrucción; y no habrá otro uso para este vaso, que ser llenado a plenitud de ira. Dios estará tan lejos de tener piedad de ti cuando grites, que se dice que solamente "reirá y se burlará" (Prov.1:25,26ss).

Cuán terribles son esas palabras, las cuales proceden del gran Dios, "los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas" (Is.63:3). Es quizás imposible concebir otras palabras que expresen con más claridad la idea de despre- cio, odio, y furia de indignación. Si clamas a Dios para que tenga piedad de ti, El estará tan lejos de hacer tal cosa en tu doloroso caso, o de mostrarte ningún cuidado o favor, que, en lugar de ello, te hollará bajo sus pies. Y aunque sabrá que no podrás sobrellevar el peso de la omnipotencia sobre ti, no tendrá consideración, sino que te aplastará bajo sus pies sin misericordia; hará volar tu sangre al molerte, y salpicará sobre sus vestidos, de tal manera que manchará todas sus ropas. No sólo te odiará, sino que te tendrá bajo el desprecio más extremo; no habrá otro lugar más adecuado para ti que el estar bajo sus pies, ser pisoteado como el fango de las calles.

3. La miseria a la que estás expuesto es aquella que Dios infligrá con el fin de mostrarte lo que la ira de Jehová es. Dios ha tenido en su corazón el mostrar a los ángeles y a los hombres cuán excelente es su amor, y también cuan terrible es su ira. Algunas veces los reyes terrenales tienen en mente mostrar cuán terrible es su ira, por los castigos extremos que ejecutan en contra de aquellos que le provocan. Nabucodonosor, ese monarca poderoso y orgulloso del imperio caldeo, estuvo presto a mostrar su ira cuando se encolerizó contra Sadrac, Mesac y Abednego; y de esa manera dió orden de que el fiero horno ardiente fuera calentado siete veces más de como estaba. Sin duda, fue levantado al grado más extremo de furor que el arte humano podia levantar.

Pero el gran Dios está también presto a mostrar su ira, y magnificar su terrible majestad y omnipotencia, en los sufrimientos extremos de sus enemigos. "¿Y qué, si Dios, querien domostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción?" (Rom.9:22). Y viendo que ésta es su diseño, aquello que El ha determinado, mostrar cuán terrible es la ira, la furia y el furor de Jehová cuando no es refrenada, El lo llevará a cabo. Sucederá ante un tes- tigo algo que será espantoso. Cuando el gran Dios airado se haya levantedo y ejecutado su terrible venganza sobre el pobre pecador, y cuando el miserable esté sufriendo el peso y el poder infinito de su indignación, entonces Dios llamará al universo completo para que contemple esa terrible majestad y omnipotencia que será vista en elia. "Y los pueblos serán como cal quemada; como espinos cortados serán quemados con fuego. Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi poder. Los pecadores se asombraron en Sión, espanto sobrecogió a los hipóritas" (Is.33:12-14). Asi sera con aquellos de ustedes que están en un estado de no conversion, si continuán en él. El poder infinito, la majestad y lo terrible del Dios omnipotente será magnificado sobre ti, en la inefable fuerza de tus tormentos. Serás atormentado en la presencia de los san- tos ángeles, y en la del Cordero; y cuando te encuentres en ese estado de sufrimiento, los habitantes gloriosos del cielo irán y verán el terrible espectáculo, para que puedan ver lo que es la ira y el furor del Todopoderoso; y cuando lo hayan visto, caerán y adorarán es gran poder y majestad. "Y de mes en mes, y de día de reposo, en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mi, dijo Jehová. Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre" (Is.66:23-24).

4. Es una ira eterna. Sería terrible sufrir este furor y esta ira del Dios Todopoderoso por un momento; pero debes sufrirla por toda la eternidad. No habrá fin para esta aguda y horrible miseria. Cuando mires hacia delante, verás un largo para siempre, una duración infinita ante ti, la cual tragará tus pensamientos, y sor- prenderá tu alma; y estarás absolutamente desesperado de no tener liberación, de no tener fin, de no mitigar, de no tener reposo del todo. Conocerás ciertamente que deberás consumirte luchando contra esta venganza todopoderosa y ausente de misericordia durante largas edades, millones de millones de edades. Y cuando así lo hayas hecho, cuando esas tantas edades hayan pasado sobre ti de esa manera, conocerás que eso es sólo un punto de lo que queda. De manera que tu castigo será verdaderamente infinito. ¡0h, quién puede expresar cuál es el estado del alma en tales circunstancias! Todo lo que podamos decir acerca de ello solamente da una rep- resentación muy débil; es inexpresable e inconcebible, porque "¿quién conoce el poder de la ira de Dios?"

¡Cuán terrible es el estado de esos que diariamente y a cada hora están en peligro de esta gran ira y miseria infinita! Pero ese es el lúgubre caso de cada alma en esta congregación que todavia no ha nacido de nuevo, no importa cuán moralistas, estrictos, sobrios y religiosos puedan ser. ¡Oh, si tan sólo consideraras esto, ya seas joven o viejo! Hay razón para pensar, que hay muchos ahora en esta congregación oyendo este discurso, que eventualmente serán sujetos de esta miseria por toda la eternidad. No sabemos quiénes son, ni en qué asientos están, ni qué pensamientos tienen ahora. Puede que ahora están cómodos, y oigan todas estas cosas sin mucha turbación, y están ahora engafidndose a sí mis- mos de que ellos no son esas personas, prometiéndose también que escaparán. Si conociéramos de una per sona, sólo de una en esta congregación, que fuera sujeto de esta miseria, ¡qué terrible sería pensar en ello! Si supiéramos quíen es, ¡qué vista más terrible fuera el mirar a tal persona! ¡Cómo surgiría un grito de lamento amargo por él de parte del resto de la congregación! Pero ¡ay! en lugar de uno, ¡cuántos de ustedes recor- darán este discurso en el infierno! Sería un milagro si algunos de los que están ahora presentes no se encontraran en el infierno dentro de poco tiempo, o antes de que este año termine. Y no seria un milagro si algunas personas, de las que ahora están aquí sentadas en algunos asientos de esta casa de reunión, en salud, qui- etos y seguros, se encuentren allí antes de mañana en la mañana. Aquellos de ustedes que continúen en un estado natural, que piensen que serán librados del infierno más tiempo, ¡estarán allí en poco tiempo! su condenación no se tarda; vendrá velozmente, y, con toda probabilidad, muy prontamente, sobre muchaos de ust- edes. Ustedes tienen razón al admirarse de que no están ya en el infierno. Es dudoso el caso de algunos que ust- edes han visto y conocido, que nunca merecieron el infierno más que ustedes, y que una vez parecieron igualmente estar vivos como ustedes.

Su caso ha per- dido toda esperanza; ahora están gritando en extrema miseria y perfecta desesperación; pero ustedes están aquí en la tierra de los vivientes, en la casa de Dios, y tienen una oportunidad de obtener salvación. ¡Qué no darían esas pobres, condenadas y desesperanzadas almas por un día de oportunidad como el que ahora disfrutas! Y ahora tienes una oportunidad extraordinaria, un día en el que Cristo tiene ampliamente abierta la puerta de la misericordia, permanece allí llamando, y gritando con alta voz a los pobres pecadores; un día en el que muchos están uniéndose a El, y apresurándose a entrar en el reino de Dios. Muchos vienen diariamente del este, oeste, norte y sur; muchos que estuvieron últimamente en la misma condición miserable en que están ustedes, y que ahora están en un estado de alegría, con sus cora- zones llenos de amor por aquel que los amó y los lavó de sus pecados con su propia sangre, y se gozan en la esperanza de la gloria de Dios.¡Cuán terrible será ser echado a un lado en aquel día! ¡Ver a tantos festejando, mientras te estás consumiendo y pereciendo! !Ver a tantos regocijándose y cantando con gozo del corazón, mientras tienes motivo para lamentarte con pena inte- rior, y clamar a gritos con vejación del espíritu! ¿Cómo pueden descansar aun un momento en tal condición? ¿No son sus almas tan preciosas como las almas de la gente de Suffield (un pueblo de las inmediaciones) que están yendo a Cristo día tras día? No hay muchos de ustedes aqui que han vivido un largo tiempo en el mundo, y hasta este día no han nacido de nuevo? y son así extranjeros de la nación de Israel, y no han hecho otra cosa desde su existencia que atesorar ira en contra del día de la ira?

Oh, señores, su caso, en una manera especial, es peligroso en extremo. Su culpa y dureza de corazón es extremadamente grande. No ven ustedes cómo generalmente las personas de su edad son pasados por alto y dejados en el notable presente y maravillosa dispensación de la misericordia de Dios? Tienen necesidad de considerarse a ustedes mismos, y despertar por completo del sueño. No pueden Ilevar la carga del furor y la ira del Dios infinito. Y ustedes, hombres y mujeres jóvenes, negarán esta preciosa época que ahora disfrutan, cuando tantos otros de su edad están renunciando a todas las vanidades juveniles, y yendo a Christo? Tienen ahora una oportunidad extraordinaria; pero si la rechazan, les pasará como a esas personas que gastaron todos los días preciosos de su juventud en el pecado, y ahora han pasado a un estado de ceguera y endurecimiento. Y ustedes, hijos, que están sin convertir, no saben que van al infierno, a sobrellevar la terrible ira de ese Dios, que ahora está enojado contigo cada día y noche? Estarán ustedes con- tentos de ser hijos del diablo, cuando tantos otros niños en la tierra están convertidos, y han venido a ser los hijos santos y alegres del Rey de reyes? Que cada uno que esté sin Cristo, y colgando sobre el abismo del infierno, ya sea anciano o anciana, de mediana edad, joven o niños, oigan ahora los fuertes llamados de la palabra y la providencia de Dios. Este año aceptable del Señor, un día de tanto favor para algunos, será sin lugar a dudas un dia de notable venganza para otros. Los corazones de los hombres se endurecerían, y su culpa se incrementaría aprisa en un día como éste, si niegan salud a sus almas. Nunca hubo tanto peligro para estas personas de ser entragadas a la dureza de corazón y ceguera de mente. Dios ahora parece estar reuniendo apresuradamente a sus escogidos de todas partes de la tierra; y probablemente la mayor parte de los adultos que se salvarán, serán traídos dentro de poco tiempo, y será como el gran repartimiento del Espíritu sobre los judios en los días de los apóstoles. Los elegidos obtendrán la salvación, y el resto será cegado. Si éste fuera tu caso, maidecirás este día eternamente, y maldecirás el dia en que naciste al ver el tiempo de repartimiento del Espíritu, y desearás haber muerto e ido al infierno antes de haberlo contemplado. Ahora, indudablemente, como lo fue en los dias de Juan el Bautista, el hacha está colocada de una manera extraordinaria a la raíz de los árboles, para que todo árbol que no dé buen fruto, sea cortado, y arrojado al fuego. Por tanto, que todo aquel que esté sin Cristo, despierte ahora y huya de la ira por venir. La ira del Dios Todopoderoso se cierne ahora sobre una gran parte de esta congregación. Que cada uno huya de Sodoma: "Dense prisa y escapen por sus vidas; no miren tras sí, escapen al monte, no sea que perezcan."

lunes, mayo 28, 2012

Falsas Unciones

David Wilkerson, haciendo una contundente denuncia en contra las falsas unciones que están entrando en la Iglesia de Cristo.

Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. (Judas 1:16-21)


miércoles, mayo 23, 2012

La soberanía de Dios - Arthur W. Pink (Libro Gratis PDF)



¡La soberanía de Dios! ¿Qué queremos decir con esta expresión? Queremos decir la supremacía de Dios, que Dios es Rey, que Dios es Dios. Decir que Dios es soberano es declarar que es el Altísimo, el que hace todo conforme a su voluntad en las huestes de los cielos y entre los habitantes de la tierra, de modo que nadie puede detener Su mano ni decirle: ¿Qué haces? (Dan.4:35).

Decir que Dios es soberano es declarar que es el Omnipotente, el Poseedor de toda potestad en los cielos y en la tierra, de modo que nadie puede hacer fracasar Sus consejos, impedir Sus propósitos, ni resistir Su voluntad (Sal.115:3). Decir que Dios es soberano es declarar que “se enseñoreará de las naciones” (Sal.22:28), levantando reinos, derrumbando imperios y determinando el curso de las dinastías según le agrada. Decir que Dios es soberano es declarar que es el “solo Poderoso”, Rey de reyes, y Señor de señores” (1Tim.6:15). Tal es el Dios de la Biblia.

Arthur W. Pink (1886 - 1952)

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domingo, mayo 20, 2012

Separándose de los incrédulos - John MacArthur

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

2 CORINTIOS 6:14-18


Un mensaje a la iglesia actual (Video)


El siguiente video es una compilación de predicadores que han hablado de parte de Dios, acerca del actual estado de la iglesia de Cristo y del peligroso camino que esta va tomando. Una advertencia clara y directa, para nosotros, la Iglesia de Cristo, para que volvamos al evangelio auténtico.

Expositores: David Wilkerson, Keith Daniel, Carter Conlon, Jim Cymbala, Leonard Ravenhill.


Charles Spurgeon - Libro de Cheques del banco de la fe (Libro Gratis PDF)


El siguiente libro, es ofrecido gratuitamente por Editorial Clie. Viene en formato Pdf y puede ser compartido libremente.

Reseña de C. H. Spurgeon:

Dios no ha empeñado su palabra para después no cumplirla, ni alienta una esperanza para dejarla fallida. He preparado este librito con el fin de ayudar a mis hermanos a creer en su fidelidad. La contemplación de estas promesas es un acicate que estimula la fe; cuanto más estudiemos y meditemos en las palabras de gracia, mayor y más abundante será la gracia que obtendremos de las palabras. A las afirmaciones alentadoras de la Sagrada Escritura he añadido mi testimonio personal, fruto de la prueba y de la experiencia. Creo firmemente en todas las promesas hechas por Dios; pero muchas de ellas las he experimentado por mí mismo, y reconozco que son verdaderas porque han tenido en mí perfecto cumplimiento. Estoy cierto de que esto servirá de aliento para los jóvenes y consolará a los más ancianos. La experiencia de uno puede ser de gran utilidad para los otros. Por eso, en otro tiempo escribió un siervo de Dios: «Busqué al Señor y me oyó». Y en otro lugar: «Este pobre clamó al Señor, y Él le oyó».

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Samuel Vila - El Púlpito Cristiano (Libro Gratis PDF)


Editorial Clie, en conmemoración del centenario del nacimiento de su fundador, el Dr Samuel Vila, ha ofrecido este libro en formato pdf completamente gratis.

Reseña


Después de haberse agotado la 3ª edición del libro SERMONES ESCOGIDOS, del pastor Samuel Vila, nos complacemos en dar a luz este segundo volumen para ayudar, con más variedad de temas, a los obreros del Señor, profesionales y voluntarios, que han venido utilizándolos con gran provecho y complacencia de parte de sus auditorios, como algunos han tenido la franqueza de declarnos de palabra y por carta.

Cómo ha sido usado el primer volumen de esta serie. Muchos nos dicen que han hallado en SERMONES ESCOGIDOS el plan para un sermón cambiando mucho de su contenido; otros han utilizado párrafos, pensamientos y anécdotas para un sermón propio con otro plan; otros los han usado casi intactos después de leerlos detenidamente. Pero todos declaran lo muy útil que les ha sido aquel pequeño arsenal de ideas para el púlpito; y expresan su deseo de que el veterano predicador, doctor Vila, saque más material de su archivo de tantos años en el servicio del Señor y lo ponga a disposición de sus colegas en el ministerio a ambos lados del Océano.

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sábado, mayo 19, 2012

Gran Misericordia


Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Lamentaciones 3:22-23

Por John MacArthur

 Es solo gracias a las misericordias del Señor que no somos consumidos. Misericordia significa retener lo que merecemos, no darnos el castigo que merecemos. La realidad es que merecemos castigo. Merecemos el juicio de Dios porque hemos quebrantado su ley, porque hemos despreciado su amor, porque lo hemos
ofendido y no lo hemos honrado. Hacemos eso cada vez que pecamos. Debiéramos ser consumidos por su justicia pero su justicia es atenuada por su misericordia.

 Su misericordia se basa en su compasión por nosotros y esa compasión nunca falla.

 Cuando estaba criando a mis hijos, hubo momentos en que mostré misericordia como padre pero no puedo decir que tenía gran misericordia. Mirando atrás, puedo ver que hubo momentos en que se me agotó la compasión. Como la mayoría de los padres, no siempre mostré el amor perdonador de Dios cuando pude haberlo hecho. Como soy un ser humano y caído, mi compasión falló. Pero el Señor nos dice que sus misericordias nunca fallan. Su misericordia nunca disminuye con el desánimo, la irritación o el tiempo. Como nos dice Pablo en Romanos 5:20, donde el pecado abunda, la gracia abunda mucho más. Aunque sigamos pecando, abunda la gracia de Dios.

 Esas obras de piedad hacia nosotros nuevas son cada mañana. A Dios nunca se le agota la compasión. Cada día es un nuevo día con Él. ¡Qué maravilloso es pensar en eso al comenzar el día! Es un nuevo día y toda la misericordia y compasión de Dios está a nuestra disposición para ese día.

 ¿Por qué tiene Dios tal misericordia y compasión? ¿Por qué son nuevas hoy aunque ayer fuera un día malo, o decepcionante o pecaminoso? He aquí por qué: grande es tu fidelidad. La fuente de donde surge la misericordia y la compasión de Dios es su pacto. Cuando Dios hace una promesa, la cumple. Durante los cuarenta años que Israel anduvo en el desierto y a lo largo de toda la Biblia, Dios nos ha prometido misericordia y compasión si confiamos en él. Dios es siempre fiel a sí mismo y a su Palabra. Dios no puede mentir ni puede quebrantar una promesa. Segunda Timoteo 2:13 dice: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo”.

 Despertamos cada nuevo día, sin que importe lo que sucedió el día anterior, rodeados de la misericordia y la compasión de un Dios que cumple su pacto incluso con sus imperfectos hijos.

“Este artículo originalmente apareció aquí en Gracia a Vosotros.”
Extraído del libro, El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz
© 2005-2010. Gracia a Vosotros
Usado con Permiso.

martes, mayo 15, 2012

El método de la Gracia


George Whitefield

“Y curan el quebrantamiento de la  hija de mi pueblo con liviandad,  diciendo, Paz, paz; y no hay paz.” 
—Jeremías 6.14 

Así como Dios no puede enviar a una nación o pueblo una bendición más grande que la de darle pastores fieles, sinceros y rectos, la maldición más grande que Dios puede enviar a un pueblo de este mundo, es darles guías ciegos, no regenerados, carnales, tibios y no calificados. No obstante, en todas las épocas, encontrarnos que han habido muchos ‘lobos vestidos de ovejas’, muchos que manejaban displicentemente conceptos fundamentales que no habían asimilado en toda su profundidad, que restaban importancia a las profecías, desobedeciendo así a Dios.

Tal como sucedía en el pasado, sucede ahora. Hay muchos que corrompen la Palabra de Dios y la manejan con engaño. Fue así de una manera especial en la época del profeta Jeremías; y él, fiel a su Señor, fiel a ese Dios que lo habla empleado, no dejó de abrir su boca para profetizar en contra de ellos, y para presentar un noble testimonio para honra de aquel Dios en cuyo nombre hablaba.
Si lee usted sus profecías, vera que nadie ha hablado más en contra de tales ministros que Jeremías, y especialmente aquí, en el capítulo del cual ha sido tornado el texto, habla severamente contra ellos —los acusa de varios crímenes, particularmente, los acusa de avaricia: ‘Porque’ dice en el versículo 13, ‘desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores.’ Y luego, en las palabras del texto da más específicamente un ejemplo de cómo han engañado, cómo han traicionado a pobres almas. Dice: ‘Y cuuran el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo, Paz, paz; y no hay paz.’

El profeta, en el nombre de Dios, había denunciado que habría guerra contra el pueblo, les había estado diciendo que su casa quedaría desolada, y que el Señor visitaría la tierra trayendo guerra. ‘Por tanto’, dice en el versículo 11, ‘estoy lleno de saña de Jehová, trabajado he por contenerme; derramaréla sobre los niños en la calle, y sobre la reunión de los jóvenes juntamente; porque el marido también será preso con la mujer, el viejo con el lleno de días. Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y también sus mujeres: porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehová.’

El profeta presenta un estruendoso mensaje a fin de que se espanten y sientan algo de convicción y se arrepientan; pero parece que los falsos profetas, los falsos sacerdotes, se dedicaron a acallar las convicciones del pueblo, y cuando sufrían y se sentían un poco espantados, preferían tapar la herida, diciéndoles que Jeremías no era más que un predicador entusiasta, que era imposible que hubiera guerra entre ellos, diciendo al pueblo: ‘Paz, paz’ cuando el profeta les decía que no habla paz.

Las palabras, entonces, se refieren primordialmente a las cosas externas, pero yo creo que también se refieren al alma, y se deben aplicar a esos falsos profetas quienes, cuando el pueblo estaba convencido de su pecado, cuando el pueblo comenzaba a mirar al cielo, preferían acallar sus convicciones y decirles que ya eran lo suficientemente buenos. Y, por supuesto, a la gente por lo general le encanta que sea así; nuestros corazones son muy traicioneros y terriblemente impíos; nadie sino el Dios eterno sabe lo traicionero que son.

¡Cuántos somos los que clamamos: Paz, paz a nuestras almas, cuando no hay paz! Cuántos hay que ahora están sumergidos en sus impurezas, que creen que son cristianos, que se jactan de que se interesan en Jesucristo; pero si fuéramos a examinar sus experiencias, descubriríamos que su paz no es más que una paz proveniente del diablo --no es una paz dada por Dios— no es un paz que escapa a la comprensión humana. Por lo tanto, mis queridos oyentes, es de suma importancia saber si podemos hablar de paz a nuestro corazón.

Todos anhelamos la paz; la paz es una bendición inefable; ¿cómo podemos vivir sin la paz? y, por ello, las personas de cuando en cuando tienen que comprobar lo lejos que deben ir, y qué cosas les tienen que suceder, antes de poder hablar de paz a su corazón.
Esto es lo que anhelo ahora, poder librar mi alma, poder ser libre de la sangre de aquellos a quienes predico —no dejar de declarar todo el consejo de Dios, Procuraré, con las palabras del texto, mostrarles lo que deben sufrir y lo que debe suceder en ustedes antes de que puedan hablar de paz a su corazón.

Pero antes de entrar directamente en esto, permítanme hacerles una o dos advertencias. La primera es que doy por sentado que ustedes creen que la religión es algo interior; que creen que es una obra en el corazón, una obra realizada en el alma por el poder del Espíritu de Dios. Si no creen esto, no creen lo que dice su Biblia. Si no creen esto, aunque tienen sus Biblias en sus manos, odian al Señor Jesucristo en sus corazones; porque en todas las Escrituras se presenta la religión como la obra de Dios en el corazón. ‘El reino de Dios está dentro de nosotros ‘dice nuestro Señor, y ‘no es cristiano el que lo es de afuera; sino que es cristiano el que lo es en su interior’. Si alguno de ustedes basa su religión en cosas externas, quizá se conforme a sí mismo esta mañana, ya no me entenderá cuando hablo de la obra de Dios en el corazón del pobre pecador, será como si les hablara en una lengua desconocida.

Además, les recomiendo cautela, de ninguna manera voy a circunscribir a Dios a una sola manera de actuar. De ninguna manera diría que todos, antes de haber hecho las paces con Dios, están obligados a pasar por los mismos grados de convicción. No; Dios tiene diversas maneras de atraer a sus hijos; su Espíritu Santo sopla cuándo, y dónde y cómo quiere. No obstante, me atrevo a afirmar esto: que antes de que ustedes puedan hablar de paz en su corazón, ya sea por  aplazar o alargar sus convicciones, o hacerlo de un modo más agresivo o más suave, deben pasar por lo que de aquí en adelante explicaré en el siguiente discurso.

Primero, antes de poder hablar de paz en sus corazones, deben sentirse obligados a ver, obligados a percibir, obligados a llorar, obligados a lamentar sus transgresiones contra la ley de Dios. Según el pacto de las obras: ‘el alma que pecare, esa morirá’; maldito es aquel hombre, sea quien fuere, que no sigue todas las cosas escritas en el libro de la ley para realizarlas. No sólo debemos cumplir algunas cosas, sino que debemos cumplirlas todas, y debemos perseverar en cumplirlas; de manera que la menor desviación del pacto de las obras, sea en pensamiento, palabra u obra, merece la muerte eterna en manos de Dios. Y si un pensamiento impío, si una palabra impía, si una acción impía, merece condenación eterna, ¡cuántos infiernos, mis amigos, merecemos cada uno de nosotros, cuyas vidas se han rebelado continuamente contra Dios! Por lo tanto, antes de poder hablar de paz a sus corazones, tienen que ver, tienen que creer, qué desgracia es separarse del Dios viviente.

Y ahora, mis queridos amigos, examinen sus corazones, porque espero que hayan venido aquí con el propósito de mejorar sus almas.

Permítanme preguntarles, en la presencia de Dios:

  • ¿saben el momento?, o si no saben exactamente el momento, ¿saben que hubo un momento cuando Dios escribió cosas amargas contra ustedes, cuando las flechas del Todopoderoso estaban dentro de ustedes? 
  • ¿Sucedió alguna vez que el recuerdo de sus pecados les causó dolor? 
  • ¿Fue la carga de sus pecados demasiado intolerable como para pensar en ellos?
  • ¿Consideraron alguna vez que la Ira de Dios podría caer sobre ustedes con justicia, debido a sus transgresiones contra Dios? 
  • ¿Hubo algún momento en su vida cuando se arrepintieron de sus pecados? 
  • ¿Han podido decir alguna vez: Los pecados sobre mi cabeza son demasiado pesados para cargar? ¿Han sentido alguna vez algo así?
  •  ¿Sucedió alguna vez algo así entre Dios y el alma de ustedes? 


Si no, en nombre de Jesucristo, no se llamen cristianos; pueden hablar de paz a sus corazones, pero no tienen paz. ¡Quiera el Señor despertarlos, quiera el Señor convertirles, quiera el Señor darles paz, si es su voluntad, antes de que partan de este mundo!

Pero además: ustedes pueden estar convencidos de sus verdaderos pecados, de manera que les hacen temblar, y aun así ser extraños para Jesucristo, no tener en sus corazones La auténtica obra de gracia. Por lo tanto, antes de poder hablar de paz a sus corazones, sus convicciones tienen que ser más profundas. No tienen que estar convencidos únicamente de sus verdaderas transgresiones contra la ley Dios, sino también del fundamento de sus transgresiones.

¿Y cuál es? Me refiero al pecado original, esa corrupción original que cada uno de nosotros trae al mundo, que nos expone a la ira y la condenación de Dios. Existen muchas pobres almas que se creen muy razonadoras, no obstante, pretenden afirmar que no existe tal cosa como el pecado original. Acusarán de injusticia a Dios por imputarnos el pecado de Adán, aunque tenemos la marca de la bestia y del diablo sobre nosotros. Sin embargo, nos dicen que no nacimos en pecado. Dejen que miren lo que sucede en el mundo y vean Los desórdenes en él y piensen, si pueden, que este es el paraíso en que Dios puso al hombre. ¡No! todo en el mundo está desordenado. He pensado muchas veces, cuando salía de viaje, que si no hubiera otro argumento que dé prueba del pecado original, los ataques de los zorros y tigres contra el hombre, y sí, hasta el ladrido de un perro contra nosotros, es una prueba del pecado original. Los tigres y leones no se atreverían a atacarnos si no fuera por el primer pecado de Adán; porque cuando los animales se levantan contra nosotros, es como si dijeran: Han pecado ustedes contra Dios, y defendemos la causa de nuestro Señor.
Si miramos hacia nuestro interior, veremos bastantes lascivias, y el temperamento del hombre contrario al temperamento de Dios. Hay orgullo, malicia y deseos de venganza en todos nuestros corazones; y este temperamento no puede provenir de Dios; proviene de nuestro primer padre, Adán, quien después de caer de las manos Dios, cayó en las del diablo. Algunas personas pueden negar esto, no obstante, cuando llega la convicción, todas las razones carnales son arrasadas inmediatamente y la pobre alma comienza a sentir y ver la fuente de la cual fluyen todas las corrientes contaminadas.

Cuando el pecador despierta por primera vez, empieza a preguntarse: ¿Cómo es que llegue a ser tan malvado? El Espíritu de Dios entonces interviene, y muestra que, por naturaleza, no tiene nada de bueno en él. Entonces ya que se ha apartado totalmente del camino, que es totalmente abominable, y la pobre criatura es impulsada a caer al pie del trono de Dios, y a reconocer que Dios sería justo si lo condenara, si lo rechazara aunque nunca hubiera cometido un pecado en su vida.

¿Han sentido y experimentado esto algunos de ustedes —para justificar que pesa sobre ustedes la condenación de Dios— que son por naturaleza hijos de ira, y que Dios puede, en su justicia rechazarlos aunque en realidad nunca lo han ofendido en toda su vida? Si alguna vez han sentido una auténtica convicción, si sus corazones fueron verdaderamente quebrantados, si el yo realmente les ha sido extirpado, habrán visto y comprendido esto.

Y si nunca han sentido el peso del pecado original, no se llamen cristianos a sí mismos. Estoy convencido de que el pecado original es la carga más grande del verdadero convertido; esto entristece siempre al alma regenerada, al alma santificada. El pecado que mora en el corazón es la carga de la persona convertida; es la carga del verdadero cristiano. Este clama continuamente; ‘¡Oh! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte’, esta corrupción que mora en mi corazón? Esto es lo que más perturba a la pobre alma. Y, por lo tanto, si nunca sintieron ustedes esta corrupción interior, si nunca pensaron que Dios podría maldecirlos justamente, entonces, mis queridos amigos, pueden hablar de paz al corazón pero, me temo que, no, estoy seguro de que no tienen verdadera paz.

Es más: antes de poder hablar de paz a sus corazones, no solo deben estar compungidos por los pecados en su vida, los pecados de su naturaleza, sino también por los pecados de sus mejores deberes y obras. Cuando una pobre alma despierta un poco por los terrores del Señor, entonces la pobre criatura, habiendo nacido bajo el pacto de las obras, vuela otra vez a él. Y así como Adán y Eva se escondieron entre los árboles del jardín, y cocieron hojas de higuera para cubrir su desnudez, el pobre pecador, al despertar, vuela a sus deberes y sus obras, para esconderse de Dios, y trata de cocerse una justicia propia. Dice: ahora seré muy bueno —me reformaré— haré todo lo que esté a mi alcance; y seguramente así Jesucristo tendrá misericordia de mí. Pero antes de poder hablar de paz a su corazón, tiene que llegar al punto de ver que Dios puede condenarlo aun por la mejor oración que haya elevado; tiene que llegar a comprender que todos sus deberes —toda su justicia— como lo expresa elegantemente el profeta— todo eso junto, dista tanto de recomendarlo a Dios, dista tanto de ser un motivo e incentivo para que Dios tenga misericordia de su pobre alma, que los vera, como trapos sucios, paños menstruales —que Dios los odia y no puede quitárselos si se los presenta como una recomendación a su favor.

Mis queridos amigos, ¿qué puede haber en nuestras obras para recomendarnos a Dios? Nuestra persona se encuentra, por naturaleza, en un estado no justificado, merecemos ser condenados diez mil veces y más; ¿y qué son nuestras obras? Por naturaleza, no podemos hacer nada bueno; ‘Los que andan conforme a la carne no pueden agradar a Dios.’ Uno puede realizar cosas materialmente buenas, pero no puede hacer nada bueno que sea contado para justicia porque la naturaleza no puede actuar contra si misma. Es imposible que el hombre inconverso pueda actuar para la gloria de Dios; no puede hacer nada por fe, y ‘y lo que no se obra por fe es pecado.’

Después de ser renovados, en realidad somos renovados solo en parte, el pecado sigue morando en nosotros. Hay una mezcla de corrupción en cada uno de nuestros deberes de manera que después de habernos convertido, si es que Jesucristo nos aceptara por nuestras obras, nuestras obras nos condenarían, porque no podemos elevar una oración que esté dentro de la perfección que la ley moral exige. No sé que pensarán ustedes, pero yo no puedo orar sin pecar, no puedo predicarles a ustedes ni a nadie más sin pecar, no puedo hacer nada sin pecado y, como alguien lo ha expresado, mi arrepentimiento quiere arrepentirse y mis lagrimas quieren ser lavadas en la preciosa sangre de mi querido Redentor. Nuestras mejores obras no son más que pecados espléndidos

Antes de poder hablar de paz a sus corazones, necesitan no sólo odiar su pecado original y los que de hecho cometen, sino que deben odiar su propia justicia, todos sus deberes y obras. Tiene que haber una convicción profunda antes de que se les pueda quitar su fariseísmo; es el último ídolo que se les quita a sus corazones. El orgullo de nuestro corazón no nos deja someternos a la justicia de Jesucristo. Pero si nunca sintieron que no contaban con una justicia propia, si nunca sintieron la deficiencia de su propia justicia, no se acercarán a Jesucristo. Hay muchos que dirían: Bueno, creernos todo esto; pero hay una gran diferencia entre decir y sentir. ¿Alguna vez han sentido ustedes que quieren un amante Redentor? ¿Han sentido alguna vez la necesidad de Jesucristo, conscientes de la deficiencia de su propia justicia? ¿Y pueden decir ahora de corazón: Señor, puedes en tu justicia condenarme por las mejores obras que jamás realice? Si no dejan a un lado el yo, pueden hablarse a sí mismos de paz, pero no tienen paz.

Pero entonces, antes de poder hablar de paz a sus almas, hay un pecado en particular por el cual deben estar muy preocupados; pero me temo que a pocos de ustedes se les puede ocurrir de cuál se trata; es el pecado reinante, maldito del mundo cristiano; no obstante, el mundo cristiano casi nunca o nunca piensa en él. ¿Y cuál es? Es aquel del cual muchos de ustedes no se sienten culpables —a saber, el pecado de la incredulidad. Antes de poder hablar de paz a sus corazones, deben estar compungidos por la incredulidad que hay en ellos. Pero, ¿se puede suponer que haya incrédulos aquí en este lugar, nacidos en Escocia, en un país reformado, que van a la iglesia todos los domingos? ¿Puede ser que alguno de ustedes que recibe el sacramento una vez por año — ¡Oh que fuera administrada con más frecuencia!— se puede suponer que ustedes que tenían ofrendas para el sacramento, que ustedes que son constantes en la oración familiar, que alguno de ustedes no crea en el Señor Jesucristo? Apelo a sus corazones, y no me crean cruel, y no piensen que dudo que algunos de ustedes crean en Cristo; aun así, me temo que bajo escrutinio, descubriríamos que la mayoría de ustedes no tiene tanta fe en el Señor Jesucristo como la tiene el diablo mismo. Estoy convencido de que el diablo cree más acerca de la Biblia que la mayoría de nosotros. Cree en la divinidad de Jesucristo; eso es más de lo que creen muchos que pretenden ser cristianos; así es, cree y tiembla, y eso es más de lo que hacemos muchos de nosotros.

Mis amigos, confundimos una fe histórica con una fe auténtica, puesto en el corazón por el Espíritu de Dios. Ustedes piensan que creen, porque creen que existe un libro que llamamos la Biblia, porque van a la iglesia; pueden hacer todo esto y no tener una fe auténtica en Cristo. Meramente creer que existió Cristo, creer meramente que hay un libro llamado la Biblia, no les servirá de nada, como no les sirve para nada creer que existió César o Alejandro Magno. La Biblia es un depósito sagrado. Cuánto debemos agradecer a Dios por estos oráculos vivientes! No obstante, podemos tenerlos y no creer en el Señor Jesucristo. Mis queridos amigos, tiene que existir un principio puesto en el corazón por el Espíritu del Dios viviente. Si les preguntara cuánto hace que creen en Jesucristo, supongo que muchos me dirían que han creído en Jesucristo desde que tienen uso de razón —nunca hubo un momento cuando no creyeron en él. Entonces, no podrían darme mejor prueba de que nunca creyeron en Jesucristo a menos que hayan sido santificados temprano, desde antes de nacer, porque los que realmente creen en Cristo saben que hubo una época cuando no creían en él.

Ustedes dicen que aman a Dios con todo su corazón, su alma y sus fuerzas. Si les preguntara cuánto hace que aman a Dios, dirían: Siempre, nunca odiaron a Dios, nunca hubo una época en que sus corazones estuvieron enemistados con Dios. Entonces, a menos que hubieran sido santificados muy temprano, nunca en su vida amaron a Dios.

Queridos amigos, soy muy específico en cuanto a esto porque es una falsa ilusión en que cae mucha gente que piensa que ya cree. Por ejemplo, se cuenta que el Sr. Marshall, al relatar sus experiencias, que había trabajado toda su vida y había organizado sus pecados bajo los diez mandamientos, y luego, acercándose a un pastor, le preguntó la razón por la cual no podía obtener paz. El pastor miró su lista y dijo: ‘A ver, no encuentro en su lista ni una palabra sobre el pecado de la incredulidad.’ Es la obra singular del Espíritu de Dios convencemos de nuestra incredulidad —de que no tenemos fe. Dice Jesucristo: ‘El Consolador, el cual yo enviaré del Padre... él... redargüirá al mundo de pecado’ del pecado de la incredulidad; ‘de pecado’, dice Cristo, ‘por cuanto no creen en mí’. Ahora bien, mis queridos amigos, les mostró Dios alguna vez que no tenían fe? ¿Les impulsó alguna vez a lamentar un corazón duro de incredulidad? ¿Ha sido alguna vez el lenguaje de sus corazones, decir: Señor, dame fe; Señor, capacítame para creer en ti; Señor, capacítame para llamarte mi Señor y mi Dios? ¿Los convenció alguna vez Cristo de esta manera? ¿Los convenció alguna vez de su incapacidad de acercarse a Cristo, haciéndolos clamar a Dios que diera fe? Si no, no le hablen de paz a sus corazones. ¡Quiera el Señor despertarles y darles una paz auténtica, sólida antes de que sea demasiado tarde!

Entonces, digámoslo una vez más: antes de poder hablar de paz a sus corazones, no solo tienen que estar convencidos de los pecados que de hecho cometen y de su pecado original, los pecados de su propia justicia, el pecado de la incredulidad, tienen que estar capacitados para apropiarse de la justicia perfecta, la justicia suficiente para todo, del Señor Jesucristo; tienen que apropiarse, por fe, de la justicia de Jesucristo y entonces, tendrán paz.

‘Venid a mí’ dice Jesús, ‘todos los que estáis trabajados y cargados, que O os haré descansar’. 

Esto alienta a todos los cansados y cargados; pero la promesa es para los que vienen a él y creen, haciéndolo su Dios y su todo. Antes de poder tener paz con Dios, tenemos que ser justificados por la fe por medio de nuestro Señor Jesucristo, tenemos que estar capacitados para aceptar a Cristo en nuestros corazones, debemos dar cabida a Cristo en nuestras almas, a fin de que su justicia sea nuestra justicia, para que sus méritos sean imputados a nuestras almas.

 Mis queridos amigos, ¿se han desposado alguna vez con Jesucristo? ¿Se entrego Jesucristo alguna vez por ustedes? ¿Se han acercado alguna vez a Cristo con una fe viva, a fin de oírle hablar de paz a sus almas? ¿Fluyó alguna vez la paz en sus corazones como un río? ¿Han sentido alguna vez esa paz de la cual Cristo habló a sus discípulos? Ruego a Dios que venga y les hable de paz.

Tienen que experimentar estas cosas. Me refiero ahora a las realidades invisibles de otro mundo, de una religión interior, de la obra de Dios en el corazón del pobre pecador. Hablo ahora de una cuestión muy importante, mis queridos oyentes; algo que les concierne a todos, les concierne a sus almas, les concierne a su salvación. Quizá todos estén en paz, pero puede ser que el diablo los haya hecho caer en un letargo y una seguridad carnal; y procurará mantenerlos en ese estado, hasta llevarlos al infierno, donde despertarán; pero será un despertar terrible y descubrirán que se han equivocado tremendamente, cuando la gran separación ya se haya completado, cuando clamarán eternamente por una gota de agua para saciar su sed, y no la obtendrán.

Permítanme, entonces, dirigirme a varios tipos de personas y, ¡quiera Dios, en su infinita misericordia, bendecir su aplicación! Quizá haya entre ustedes quienes pueden decir: Por la gracia, coincidimos con usted, Bendito sea Dios, nos ha convencido de nuestros propios pecados, nos ha convencido del pecado original, nos ha convencido de nuestro fariseísmo, hemos sentido la amargura de la incredulidad y, por gracia, nos hemos acercado a Jesucristo, podemos hablarle de paz a nuestro corazón porque Dios nos ha dado paz. ¿Pueden ustedes afirmarlo? Entonces, les saludo como el ángel saludó a las mujeres el primer día de la semana: ‘No temáis!, mis queridos hermanos, son ustedes almas felices; pueden acostarse y estar ciertamente en paz, porque Dios les ha dado paz; pueden tener contentamiento viviendo de acuerdo con todas las dispensaciones de la Providencia, porque ya nada puede sucederles nada que no sea el efecto del amor de Dios en sus almas; no tienen por qué temer los conflictos que puedan haber a su alrededor, porque tienen paz en su interior.

¿Se han acercado ustedes a Cristo? ¿Es Dios su amigo? ¿Es Cristo su amigo? Entonces, encaren su futuro con seguridad; todo les pertenece, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios. Todo obrará para su bien; cada cabello de su cabeza ha sido contado; el que los toca a ustedes, toca a los favoritos de Dios.

Pero después, mis queridos amigos, tengan cuidado de detenerse en su conversión. Ustedes, que son creyentes nuevos en Cristo, ustedes deben estar buscando nuevos descubrimientos acerca del Señor Jesucristo a cada momento; no deben edificar sobre sus experiencias pasadas, no deben edificar sobre una obra en su interior, sino siempre buscar fuera de ustedes mismos la justicia de Jesucristo; deben seguir acercándose siempre como pobres pecadores para sacar agua de las fuentes de salvación; deben olvidar lo que queda atrás, y extenderse a lo que está por delante.

Mis queridos amigos, debemos mantener un andar dócil, íntimo con el Señor Jesucristo. Muchos de nosotros perdemos nuestra paz por nuestro andar indisciplinado; alguna cosa u otra se interpone entre Cristo y nosotros, y caemos en la oscuridad; una cosa u otra nos aparta de Dios y esto entristece al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo nos deja librados a nuestros propios recursos, Permítanme, pues, exhortarles a ustedes que tienen paz con Dios, que se cuiden de no perder esta paz. Es cierto que una vez que están en Cristo, no pueden apartarse permanentemente de Dios: ‘Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús’. Pero aunque no pueden apartarse permanentemente, si pueden apartarse desastrosamente, y pueden vivir el resto de sus días con huesos rotos. Cuídense de retroceder en nombre de Jesucristo, no entristezcan al Espíritu Santo —porque puede ser que nunca en su vida recobren su bienestar. Oh, cuídense de no andar rodando por este mundo de Dios después de haber acudido a Jesucristo.

Mis queridos amigos, yo he pagado caro mi infidelidad. Nuestros corazones son tan malditamente impíos, que si no nos cuidamos, si no nos mantenemos continuamente en guardia, nuestro impío corazón nos engañará y desviará. Será triste ser objeto del azote de un Padre que corrige; recuerde los azotes de Job, David y otros santos en las Escrituras. Por lo tanto, permítanme exhortarles a ustedes que tienen paz, que anden cerca de Cristo.

Me entristece ver el andar libertino de los que siendo cristianos, habiendo conocido a Jesucristo, se diferencian tan poco de los demás que casi ni se reconocen como verdaderos cristianos. Son cristianos que tienen miedo de hablar por Dios —se dejan llevar por la corriente; hablan del mundo como si estuvieran en su elemento; esto no lo hacen cuando recién descubren el amor de Cristo; entonces pueden hablar sin parar de la luz del Señor que brilló en su corazón. Hubo una época cuando tenían algo que decir a favor de su querido Señor; pero ahora pueden sumarse a un grupo y escuchar a otros hablar del mundo abiertamente, y tienen miedo de que se rían de ellos si hablan a favor de Jesucristo.

Muchísimas personas se han convertido en conformistas en el peor sentido de la palabra; se quejan de las ceremonias de la iglesia, como pueden hacerlo con razón; pero después se aferran a ceremonias en su conducta; se conforman al mundo, lo cual es mucho peor. Muchos se quedarán hasta que el diablo aparezca con nuevas ideas. Cuídense, entonces de no conformarse al mundo.

¿Que tienen que ver los cristianos con el mundo? Los cristianos deben ser singularmente buenos, valientes para su Señor, de modo que todos a su alrededor noten que han estado con Jesús. Les exhorto a llegar a un acuerdo con Jesucristo, a fin de que Dios more continuamente en sus corazones. Edificamos sobre una fe basada en la unidad y perdemos así nuestra consolación; cuando deberíamos estar desarrollando una fe basada en la seguridad, saber que somos de Dios, y de esta manera andar en la consolación del Espíritu Santo y ser edificados.

Jesucristo recibe muchas heridas en la casa de sus amigos. Discúlpenme, mis amigos, por ser específico, pero me entristece más que Jesucristo sea herido por sus amigos que por sus enemigos. No podemos esperar otra cosa de los deístas, pero el hecho de que los que han sentido su poder se aparten y no anden en la vocación a la que fueron llamados —causan, con ello, que la religión de nuestro Señor sea objeto de desprecio, que sea comidilla para los paganos. Les ruego, por Cristo, Si conocen a Cristo, que permanezcan cerca de el; si Dios les ha dado paz, oh, mantengan esa paz fijando sus ojos en Jesucristo a cada momento. Si tienen paz con Dios y sufren tribulaciones, no teman porque todas las cosas obrarán para su bien; Si sufren tentaciones, no teman, si él ha concedido paz a sus corazones, todas las cosas resultarán para bien.

Pero, ¿qué les diré a ustedes que no tienen paz con Dios? —y estos son, quizá, la mayoría de esta congregación. El solo pensarlo me hace llorar. La mayoría de ustedes, si examinan sus corazones tienen que confesar que Dios nunca les ha dado paz; ustedes son hijos del diablo si Cristo no está en ustedes, si Dios no ha hablado de paz a sus corazones. ¡Pobres almas! ¡en qué condición de condenación se encuentran! No quisiera estar en su lugar por nada del mundo. ¿Por qué? Porque están suspendidos sobre el infierno.

¿Qué paz pueden tener cuando Dios es su enemigo, cuando la ira de Dios mora en sus pobres almas? Despierten, entonces, ustedes que duermen en una paz falsa, despierten, ustedes profesores carnales, ustedes hipócritas que asisten a la iglesia, reciben los sacramentos, leen sus Biblias y nunca han sentido el poder de Dios en sus corazones. Ustedes que son profesores formales, que son paganos bautizados, despierten, y no descansen en un fundamento falso. No me culpen por dirigirme a ustedes; lo hago por amor a sus almas. Los veo entretenidos en su Sodoma, y queriendo permanecer allí. Pero me acerco a ustedes como se cercó el ángel a Lot, para tomarles de la mano. Apártense de ese lugar, queridos hermanos —corran, corran, corran a Jesucristo para salvar sus vidas, vuelen a un Dios sangrante, corran a un trono de gracia; ruéguenle a Dios que quebrante sus corazones, ruéguenle a Dios que los convenza de su fariseísmo

—ruéguenle a Dios que les dé fe, y que les dé poder para acercarse a Jesucristo. Oh ustedes que están seguros, debo series un hijo del trueno, y oh quiera Dios despertarles, aunque sea con truenos; es por amor, sí, que les hablo.

Sé por triste experiencia, lo que es confiar demasiado en una paz falsa; por mucho tiempo estuve adormecido, por mucho tiempo me creí cristiano cuando no sabía nada del Señor Jesucristo. Quizá hice más que lo que hacen muchos de ustedes: solía ayunar dos veces por semana, solía orar a veces nueve veces al día, solía recibir el sacramento constantemente cada día del Señor; y, no obstante, nada sabía en mi corazón de Jesucristo, no sabía que tenía que ser una nueva criatura —no sabía nada de una religión interior en mi alma. Y, quizá, muchos de ustedes estén engañados como lo estaba yo, pobre criatura; y, por lo tanto les hablo por el amor que les tengo. Oh, si no se cuidan, las prácticas religiosas destruirán sus almas; confiarán en ellas, y no se acercarán para nada a Jesucristo; cuando, en realidad, estas cosas son solo el medio, no el fin de la religión. Cristo es el fin de la ley de justicia para todos los que creen. Oh, entonces, despierten, ustedes que están descansando en sus impurezas, despierten ustedes, profesores de la iglesia, ustedes que viven cuidando su reputación, que son ricos y se creen que nada necesitan, que no se consideran pobres, están ciegos y desnudos; les aconsejo que vengan y compren de Jesucristo oro, vestiduras blancas y colirio.

Pero espero que haya algunos cuyos corazones que han sido tocados. Espero que Dios no me deje predicar en vano. Espero que Dios alcance algunas de sus almas preciosas y despierte a algunos de ustedes que descansan en su seguridad carnal. Espero que haya algunos dispuestos a venir a Cristo, y que comiencen a pensar que han estado edificando sobre un fundamento falso. Quizá el diablo los ataque y los incite a no confiar en que hay misericordia; pero no teman, lo que les he estado diciendo es por amor a ustedes —es sólo para despertarlos, y hacerles ver el peligro en que se encuentran. Si algunos de ustedes están dispuestos a reconciliarse con Dios, Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, está dispuesto a reconciliarse con usted. Oh, entonces, aunque todavía no tienen paz, acérquense a Jesucristo; es nuestra paz, nuestro pacificador —él ha hecho las paces entre Dios y el hombre que lo ofendió. ¿Anhelan tener paz con Dios? Entonces, acérquense ya a Dios por medio de Jesucristo, quien ha comprado la paz; el Señor Jesús ha derramado su sangre por esto. Murió por esto; resucitó por esto; ascendió al más alto de los cielos e intercede ahora a la diestra de Dios.

Quizá creen que no hay paz para ustedes. ¿Por qué? ¿Porque son pecadores? ¿Porque han crucificado a Cristo —lo han avergonzado publicamente— han pisoteado la sangre del Hijo de Dios? ¿Qué importa? A pesar de todo eso, hay paz para ustedes. ¿Qué les dijo Jesucristo a sus discípulos cuando se les apareció el primer día de la semana? La primera palabra que dijo fue: ‘Paz a vosotros’; les mostró sus manos y su costado, y dijo: ‘Paz a vosotros’. Es como si hubiera dicho: No teman, mis discípulos; vean mis manos y mis pies, como han sido traspasados por ustedes; por lo tanto, no teman. ¿Qué le dijo Cristo a sus discípulos? ‘Id y decid a mis hermanos y a Pedro en particular, quien está desconsolado, que Cristo resucitó y ha ascendido a su Padre y a tu Padre, a su Dios y tu Dios’. Y después de que Cristo se levantó de los muertos, vino predicando paz, con una rama de olivo, como la paloma de Noé: Mi paz os dejo.’ ¿Quiénes eran ellos? Eran enemigos de Cristo al igual que nosotros, habían negado a Cristo en el pasado, tal como lo hicimos nosotros.

Quizá algunos de ustedes hayan retrocedido y perdido su paz, y creen que no merecen paz, y es la verdad. Pero, entonces, Dios curará sus faltas, él los amará libremente. En cuanto a ustedes que están heridos, si están dispuestos a acercarse a Cristo, vengan ya. Quizá algunos de ustedes quieran vestirse de sus obras, pero no son más que trapos podridos. No, es mejor que vengan desnudos como están porque deben descartar sus trapos y venir en su inmundicia. Algunos de ustedes quizá digan: Vendríamos, pero tenemos un corazón duro. Pero no se les ablandará hasta que hayan venido a Cristo; él tomará el corazón de piedra y les dará un corazón de carne; él dará paz a sus almas; él será la paz de ustedes, aunque lo hayan traicionado.

¿Puedo convencer a algunos de ustedes esta mañana de que vengan a Jesucristo? Hay aquí una gran multitud de almas; ¡qué pronto morirán todos ustedes y serán juzgados! Aun antes de esta noche, o mañana a la noche, algunos de ustedes estarán rumbo a este cementerio. ¿Y cómo les ira si no han hecho las paces con Dios —si el Señor Jesucristo no les ha dado paz a sus corazones? Si Dios no les da paz aquí, serán condenados para siempre. No puedo adularlos, mis queridos amigos; les hablaré sinceramente acerca de sus almas. Quizá algunos de ustedes piensen que exagero. Pero, ciertamente, ante el juicio descubrirán que lo que digo es cierto, ya sea para su eterna condenación o salvación. ¡Quiera Dios influenciar sus corazones para que vengan a él!

No quiero retirarme sin convencerlos. Yo no puedo hacerlo, pero quizá Dios me use como el medio para convencer a algunos de ustedes que vengan al Señor Jesucristo. ¡Oh, que sintieran la paz que tienen los que aman al Señor Jesucristo! ‘Mucha paz’ dice el salmista, ‘tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropiezo.’ Pero no hay paz para los impíos. Se lo que es vivir una vida de pecado; yo tenía que pecar a fin de acallar la convicción que sentía. Y estoy seguro de que éste es el camino que muchos de ustedes toman; al juntarse con sus amigos, ahogan la convicción. Pero deben ir al fondo de las cosas inmediatamente; tienen que hacerlo —la herida tiene que ser escarbada o serán condenados. Si fuera una cuestión sin importancia, no diría ni una palabra acerca de ello. Pero serán condenados Sin Cristo. El es el camino, la verdad y la vida. No quiero aceptar que se vayan al infierno sin Cristo. ¿Cómo habrán de aguantar el fuego eterno? ¿Cómo pueden aguantar el pensamiento de vivir para siempre con el diablo? ¿No es mejor tener algunas luchas con el alma aquí que ser enviado al infierno por Jesucristo en la vida venidera? ¿Qué es el infierno, más que estar ausente de Cristo? Si no hubiera ningún otro infierno, eso sería infierno suficiente. Será un infierno ser atormentado por el diablo por siempre jamás. Entonces, amíguense con Dios y estén en paz. Les ruego, como un pobre e inútil embajador de Jesucristo, que se reconcilien con Dios.

Mi propósito esta mañana, el primer día de la Semana es contarles que Cristo está dispuesto a reconciliarse con ustedes. ¿Se reconciliarán algunos de ustedes con Jesucristo? Entonces, él les perdonará todos sus pecados, borrará todas sus transgresiones. Pero si continúan rebelándose contra Cristo, y lo apuñalan diariamente —si siguen maltratando a Jesucristo, tengan por seguro que la ira de Dios caerá sobre ustedes. Dios no puede ser burlado: todo lo que el hombre sembrare, eso también segará; y si no quieren estar ustedes en paz con Dios, Dios no estará en paz con ustedes.

¿Quien puede permanecer de pie ante un Dios airado? Es espantoso caer en las manos de un Dios lleno de ira. Cuando la gente se acercó para aprehender a Cristo, cayeron al suelo cuando éste dijo: ‘Yo soy’. Y si no podían resistir la presencia de Cristo cuando estaba vestido de los trapos de mortalidad, ¿cómo podrán resistir su presencia cuando está en el trono de su Padre? Me parece ver a los pobres desgraciados arrastrados de sus tumbas por el diablo; me parece verlos temblando, clamando a los montes y las rocas para que los cubran. Pero el diablo dirá: Vengan, yo los llevaré; y comparecerán temblando ante el tribunal de Cristo. Aparecerán ante él para verlo una vez, para escucharle pronunciar la sentencia irrevocable: ‘Apartaos de mí, obradores de maldad.’ Me parece oír a las pobres criaturas decir: Señor, si he de ser condenado, deja que un ángel pronuncie la sentencia.’ No, el Dios de amor, Jesucristo, la pronunciará.

¿No quieren creer esto? No crean que estoy diciendo cualquier cosa, hablo de acuerdo con las Escrituras de verdad. Si lo creen, muestren su valentía y retírense esta mañana totalmente resueltos, con el poder de Dios, de aferrarse a Cristo. ¡Y que sus almas no descansen hasta descansar en Jesucristo! Podría seguir, porque mis palabras son palabras dulces de Cristo. ¿No anhelan el momento cuando tendrán cuerpos nuevos —cuando serán inmortales, a semejanza del glorioso cuerpo de Cristo? Entonces hablarán de Jesucristo para siempre. Pero es hora, quizá, de que se retiren a fin de prepararse para sus respectivos cultos, y no quiero impedirles esto. Mi propósito es llevar a pobres pecadores a Jesucristo.

¡Oh, quiera el Señor atraer a si a algunos de ustedes! ¡Quiera el Señor Jesús despedirlos ahora con su bendición, y quiera el amado Redentor convencerles a ustedes, los que no han despertado, a los impíos, para que se aparten de la maldad de sus caminos! Y quiera el amor de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, llenar sus corazones. Concede esto, Oh Padre, en nombre de Cristo; para quien, junto contigo y el bendito Espíritu, será toda honra y gloria, ahora y para siempre. Amen.

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© George Whitefield (1714 -1770)