domingo, junio 24, 2012

Creyentes con convicciones


Por Russell George

Si alguien ha experimentado una sacudida eléctrica, no hace falta advertirle que es peligroso tocar un cable pelado. Él, ya está convencido que no le conviene hacerlo. Así son las convicciones. Son creencias firmes. Es una creencia que no vamos a abandonar fácilmente.

Un creyente con convicciones no es fácilmente engañado. El no toma decisiones ligeramente. El no lucha tanto con la tentación porque tiene convicciones en contra de la inmoralidad.

Una convicción no va a quedar firme a menos que esté fortalecido por la razón. Tal vez un creyente nuevo dice, "Yo no hago esto porque los buenos creyentes no lo hacen". Hasta que él sepa por qué no lo hacen, no es una convicción firme. Tal vez él escucha que los buenos creyentes se casan en vez de juntarse, no más. Con tiempo él se da cuenta que tienen razón. El se da cuenta de que el compromiso en juntarse es tan débil como una promesa escrita en la arena en la playa del mar. Después lee en Hebreos 13:4 "Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios".

Es difícil tener convicciones si uno está guiado por la filosofía del mundo que dice que no hay normas morales fijas. Ellos no pueden decir con firmeza, "Yo sé que esto está bien o mal". Al contrario, el creyente está seguro porque sabe que hay normas fijas. El está convencido por dos razones. Por estar al tanto con lo que pasa en la vida, él ve que va bien para los que hacen tal o cual cosa y que va mal para los que hacen lo contrario. Otra razón es que él acepta la Biblia como la autoridad. Así que, lo que es aprobado por Dios está bien y lo que es prohibido por Dios está mal.

El de tener convicciones contribuye a la integridad. La integridad, o ser íntegro, significa completo; que no falta nada de lo necesario. Por ejemplo, un ama de casa tiene una batidora. El aparato parece bien. Es limpio y parece nuevo. El motor funciona perfectamente bien. El único problema es que falta una junta. Sin la junta, no sirve. Entonces podemos decir que no es íntegro. Así es también con un joven que tiene una buena apariencia. Siempre se viste bien. Es amable y siempre tiene una linda sonrisa—pero—le falta auto disciplina. El no cumple con sus responsabilidades.

Sería imposible hacer una lista de convicciones que debemos tener. Hay convicciones positivas y negativas. Una convicción básica sería ser honesto. Bajo esto se puede hacer una lista larga de convicciones que involucran la honestidad.

Para los padres, es un desafío enseñar y plantar convicciones en sus hijos. Muchos jóvenes se desvían por el mal camino por la falta de convicciones. Muchas veces los jóvenes no se meten en la maldad por temor del castigo que recibirían de sus padres si lo harían. Son controlados por el temor, no más. Mil veces mejor sería si fueran controlados por sus convicciones. Así ellos tomarían sus propias decisiones en vez de ser controlados por sus padres porque no siempre van a ser controlados por ellos.

Muchas veces tenemos convicciones por observar, no más, lo que pasa en el mundo. Por un buen conocimiento de la Palabra de Dios nuestras convicciones están reforzadas. También, por leer la Biblia, vamos a tener convicciones que jamás tendremos solo por observar al mundo.

La Biblia exige la sumisión. Santiago 4:7 dice "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros". En I Pedro 5:5 leemos "Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros". En Mateo 11:29-30 Jesús dijo "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga". Es una convicción que dice, "Es mi deber y me conviene someterme". Si lo hacemos de buena voluntad, no es gravoso. Bajo la sumisión vamos aprendiendo lo que es nuestro deber y lo que nos conviene. Lo que hacemos por tener convicciones, hacemos de buena voluntad. No es esclavitud.

¿Qué ejerce control sobre lo que usted hace? 

Hay gente en la cárcel porque rechazaron todo control sobre sus acciones. Hay los que son controlados por la ley y sus superiores. Anhelamos tener la libertad de tomar nuestras propias decisiones. Si tenemos convicciones, podemos. Jesús dijo en Juan 8:32 "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". Otra vez dijo en el versículo 36 "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres". Parece ser una contradicción hablar de ser verdaderamente libre y, a su vez, someterse a Dios. Si el someterse es por convicción personal, entonces es una decisión personal.

Muy afortunado es aquel que tiene convicciones bíblicas. Sirven para guiarle en el buen camino y hacia la felicidad.

Fuente: Literatura Bautista

sábado, junio 23, 2012

David Wilkerson - Lo que sucede a la Iglesia cuando los predicadores no predican contra el pecado

Por David Wilkerson

Probablemente este familiarizado con la historia del Rey David y su única aventura adultera con Betsabé. El incidente resulta en el embarazo de Betsabé. Tan pronto como ella descubrió su condición, ella le manda una nota a David, diciendo: “Estoy embarazada.”

Cuando David leyó la nota, tuvo pánico. Su reputación como un hombre piadoso y recto estaba en peligro. Él era un hombre que había escrito más de 3.000 Salmos y cánticos espirituales. Él fue el instrumento de Dios al matar los enemigos de Israel. Y él le había ilustrado al mundo lo que significaba tener un gran corazón para Dios.

Pero ahora, en su estado de pánico, David pensó no tan solo en su reputación, sino en la del Señor. Si su pecado fuera expuesto, estaría conectado al nombre de Dios. Visiones de un gran escándalo inundaban su mente. Así que David, concibió un plan para cubrir su aventura con Betsabé. Y la puso en acción enviándole un mensaje a Joab, el general al frente de su ejército. El mensaje decía, “Envíame a Urías, el heteo.” (2 Samuel 11:6).

Ahora bien, Urías era el esposo de Betsabé, y era parte de la infantería del ejercito de Israel. Evidentemente, Urías era parte de un destacamento elite de soldados, porque las Escritura lo menciona como uno de los siete hombres más fuertes de David (ver 23:39). Cuando Joab recibió el mensaje, debió ponerse sospechoso. Él conocía el corazón de David, incluyendo sus tendencias lujuriosas. A pesar de eso, el general mando a Urías a Jerusalén, para averiguar lo que David tenía que decirle.

Cuando Urías llego, David lo recibió en su residencia real e inmediatamente comenzó una conversación militar. Él le preguntó: “¿Cómo va la guerra? Y ¿cómo esta tu general? ¿Tus compañeros se están llevando bien? “Urías debió preguntarse: ¿De que se trata todo esto? Soy tan solo un hombre de infantería. No he hecho nada que merezca este tipo de atención.” O, también se habrá puesto sospechoso. Pudo haber escuchado algún chisme acerca de la aventura (aunque las Escrituras no registran que esto fuera conocimiento público).

Lo cierto es, que David le estaba tendiendo una trampa a Urías. El rey pensó que su problema se solucionaría si tan solo pudiera poner a Urías en la cama de Betsabé por una noche. Entonces Urías pensaría que él había causado el embarazo de su esposa. David le dijo: “Has peleado una larga batalla, y debes estar cansado. ¿Por qué no te vas a tu casa y descansas esta noche? Enviare comida especial para que disfrutes.” Pero cuando Urías se fue, el no fue a su casa. En vez de eso, él durmió en la casa de guardias en las afueras del palacio. Cuando David supo esto al otro día, él llamo a Urías y le pregunto: “¿Por qué no fuiste donde tu esposa anoche?”
Urías contestó: “El Arca, Israel y Judá habitan bajo tiendas; mi señor Joab y los siervos de mi señor, en el campo; ¿cómo iba yo a entrar en mi casa para comer y beber, y dormir con mi mujer? ¡Por vida tuya y por vida de tu alma, nunca haré tal cosa!” (2 Samuel 11:11). Urías solo podía pensar en sus compañeros. Su lealtad debió poner carbones ardientes sobre la cabeza de David.

Ahora, el pánico del rey aumentó. Rápidamente, ordeno que Urías se quedara en Jerusalén una noche más. Entonces él puso otro plan en acción. Esa noche, invitaría a Urías a su mesa a cenar, lo llenaría de vino y lo emborracharía. Sí Urías perdía sus estribos, se olvidaría de sus compañeros y querría dormir con su esposa.

¿Puedes imaginarte a este rey piadoso, un predicador de justicia, tratando de emborrachar a uno de sus fieles soldados? Eso es exactamente lo que David hizo. Y el plan funcionó: Urías se emborracho. David dio ordenes a sus guardias del palacio, “lleven a este hombre a su casa y a su cama.” Pero nuevamente, las escrituras dice, “Por la tarde salió a dormir en su cama, junto a los guardias de su señor; pero no descendió a su casa.” (11:13).

En este momento, el pánico de David aumentó más allá del control. Él sabía que tenía que tomar acción drástica. Así que escribió una carta a Joab, ordenándole que pusiera a Urías en el frente de la batalla más ardiente. Entonces, cuando el enemigo surgiera, Joab debía retroceder con todas sus tropas excepto Urías. En resumen, David quería que mataran a Urías.

David le entrego una carta sellada a Urías con instrucciones de entregarla a Joab. El leal Urías no lo sabia, pero su comandante-en-jefe acababa de entregarle su propia sentencia de muerte. Cuando Joab leyó la carta, el se dio cuenta del plan de David. Más sin embargo, obedeció la orden del rey de todas maneras. Él envió a Urías a una misión suicida. Y tal como David había planeado, mataron al soldado en la batalla.

Es difícil concebir que un hombre piadoso y justo como David pudiera caer en tal horrible pecado. Aun hoy, con todos los reportes noticieros de violaciones, violencia y asesinatos, la historia de David sobresale como una de las peores caídas que cualquier líder hubiera tomado. ¿Por qué? Porque le sucedió a un hombre de Dios, alguien apasionado por la justicia y rectitud.

Probablemente, recuerdes lo que siguió a esto: Betsabé lloro la muerte de su esposo por siete días, según la ley. Entonces David la llevo al palacio, donde ella se unió a su harén de esposas (el ya tenia cinco). Con el tiempo, Betsabé dio a luz al bebe de David. Y por todo un año después del asesinato, David no mostró señales de arrepentimiento por sus hechos. De hecho, él justificó la muerte de Urías ante Joab, diciendo que Urías había muerto por fortunas de guerra: “… porque la espada consume, ora a uno, ora a otro;” (11:25).

"Gracias a Dios que David tuvo un pastor que no temía al hombre."

Natán, el profeta era el pastor de David. Y el no tuvo temor de exponer el pecado en su rebaño, incluyendo el pecado del rey. Veo a Natán como un tipo del pastor piadoso que gime por los pecados en su congregación. Debió entristecerlo profundamente que David, un hombre a quien todos consideraban como piadoso y justo, estuviera encubriendo pecado.

Muchos ministros jóvenes me han hecho preguntas similares: “¿Cómo puedo tratar con el pecado en mi congregación? Tantas parejas se están divorciando, y otros están viviendo en adulterio. Yo sé que tengo la responsabilidad de predicarles acerca de la santidad de Dios. Pero no quiero ahuyentarlos de la iglesia, tampoco.”

Mi contesta a estos predicadores jóvenes es siempre la misma: “Tu congregación escuchara cualquier cosa que tengas que decir, si lo dices a través de lagrimas. No puedes darle sobre la cabeza con tu mensaje. Ellos tienen que saber que tu corazón esta quebrantado. Trata de llevarlos al arrepentimiento predicando la gracia de Dios. Si, la Palabra es una espada de dos filos, pero tienes que manejarla con guantes de terciopelo.”

Por supuesto, esta no es la actitud de cada pastor. Regularmente, recibo cartas de cristianos que dicen, “Tiene que escuchar predicando al Reverendo fulano de tal. Él es durísimo con el pecado.” Pero, la mayoría de las veces, los casetes de los sermones de estos predicadores no son mas que diatribas furiosas contra cosas externas. Sus mensajes raramente incluyen la misericordia o gracia de Dios. En vez de eso, ponen cargas pesadas sobre sus ovejas, mas sin embargo, nunca levantan un dedo para aliviarlos.


Yo creo que Natán nos provee con un ejemplo maravilloso de cómo un ministro piadoso expone el pecado. El no entró airado en la presencia de David, con los brazos en el aire y la voz como trueno. El no señaló la cara de David con su dedo huesudo gritándole: “¡tú eres el culpable!” No, él llevó el mensaje de Dios, temible y revelador de pecado con gran sabiduría, poder persuasivo y tierna misericordia. Y él usó una parábola para hacerlo.
Natán le dijo a David: “Un hombre pobre tenía una sola corderita. Era la mascota de la casa y era amada como un miembro de la familia. Esta corderita se sentaba en la pierna de todos, buscando ser mimada. Así que el hombre la crió y alimento como uno de sus hijos. Ahora el hombre pobre tenia a un vecino rico dueño de mucho ganado. Un día el hombre rico estaba entreteniendo visita. Cuando llego la hora de cenar, mando a uno de sus sirvientes a matar un cordero. Pero le dijo al sirviente que no lo tomara de su propio rebano, sino que lo robara del vecino, lo matara, cocinara y sirviera a su visitante.”

Cuando David escucho esto, se encendió. Le dijo a Natán, “¡Ese hombre rico merece la muerte!” “¡Vive Jehová, que es digno de muerte el que tal hizo! Debe pagar cuatro veces el valor de la cordera, por haber hecho semejante cosa y no mostrar misericordia.” (2 de Samuel 12:5-6).

En este momento, Natán debe tener lágrimas en los ojos. Temblando, le dijo a David: “Tú eres ese hombre. … has tenido en poco la palabra de Jehová,…A Urías, el heteo, lo mataste a espada y tomaste a su esposa como mujer.” (12:7, 9).

Natán estaba diciendo: “David, ¿es que no entiendes? Estoy contando tu historia. Tú tenías cinco esposas, sin embargo, robaste la única esposa de otro hombre. No tuviste misericordia de él. Lo mandaste a la batalla para que fuera asesinado, para apoderarte de su corderita. Te has convertido en un adultero, un asesino y un ladrón. Has tomado la Palabra de Dios ligeramente.” Natán expuso cada detalle del pecado de David. Pero el no lo hizo con furia; mas bien, él le habló sencillamente al rey: “… dijo Natán a David” (12:7, énfasis propio).

Ese fue el momento en que todo golpeo a David, y el se quebrantó. Cuando leemos los escritos de David de ese tiempo, vemos el clamor de un corazón quebrantado: “Mis huesos están débiles. No puedo dormir. Cada noche cubro mi almohada con lagrimas.” El Espíritu Santo estaba persiguiendo a David, hablando a su corazón, animándole a arrepentirse. El no pudo escapar la persecución misericordiosa de Dios.

"Mientras leo y releo esta historia, el Espíritu Santo no me dejaba hastaque me mostró una poderosa verdad"

Después de estudiar este pasaje, comencé a clamar a Dios: “O Señor, ¿serás tan misericordioso conmigo como lo fuiste con David? ¿Me enviaras una poderosa palabra que exponga el pecado, como le enviaste a él? Por favor, Dios, si alguna vez me deslizo al compromiso, ponme bajo la reprobación santa de un profeta que no teme exponer el pecado.”

Yo creo que uno de los dones de misericordia más grandes de Dios a su iglesia son sus fieles ministros, quienes amorosamente nos reprueban de nuestros pecados. Doy tantas gracias a Dios por tales “predicadores Natán,” gente que no temen ofender a los ancianos, diáconos o miembros ricos de la iglesia. Se ponen cara a cara con cualquiera, para exponer sus iniquidades en ternura y amor.

Por supuesto, que nadie quiere tal reprobación. Algunos en nuestra lista de correo han escrito: “No me gusta abrir sus cartas. Leerlas siempre me hace sentir incomodo. Me desaniman.” “Yo no puedo servirle a un Dios como el suyo, quien siempre esta rebuscando en mi alma para exponer cosas.” “Usted necesita suavizar sus mensajes. No puedo soportarlos.”

Yo sé que como un pastor amante, tengo que cuidar mi tono. Pero no puedo pedir disculpas por predicar la verdad convencedora. Te pregunto, ¿qué le sucede a la iglesia cuando los pastores no le muestran a la gente sus iniquidades? ¿Dónde hubiera terminado David, si no tuviera a Natán para mostrarle su maldad?

Tienes que entender, Natán estaba muy bien enterado que el poderoso rey podía matarlo en cualquier momento. Él había visto a David furioso en muchas ocasiones. Así que, ¿por qué Natán no dijo, “Solo seré un amigo de David. Orare por él y estaré presente cuando me necesite. Tengo que confiar que el Espíritu Santo lo convencerá.” ¿Qué hubiera pasado?


"Yo creo que sin la palabra convincente de Natán, 
David hubiese caído bajo el peor juicio conocido por la humanidad."


El peor juicio posible es que Dios te entregue a tu pecado, que detenga todo trato del Espíritu Santo en tu vida. Sin embargo, eso es exactamente lo que esta pasando con muchos cristianos hoy día. Escogieron escuchar solo predicas suaves que aseguran la carne. Donde no hay Palabra convincente, no puede haber tristeza piadosa por el pecado. Y donde no hay tristeza piadosa por el pecado, no puede haber arrepentimiento. Y donde no hay arrepentimiento, solo hay dureza de corazón.

El apóstol Pablo escribió a la iglesia de los Corintios: “Ahora me gozo, no porque hayáis sido entristecidos, sino porque fuisteis entristecidos para arrepentimiento, porque habéis sido entristecidos según Dios,… La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento…” (2 Corintios 7:9-10). Pablo dijo que su clamor contra el pecado de los corintios produjo tristeza santa en ellos que los llevo al arrepentimiento. A su vez, eso produjo en ellos un odio hacia el pecado, un temor santo de Dios y un deseo para vivir rectamente. Pero esto nunca hubiese pasado si el no hubiera predicado una palabra convincente, aguda y penetrante.

La razón por la cual Pablo hablo tan fuertemente a los corintios era, “… para que se os hiciera evidente la preocupación que tenemos por vosotros…” (7:12). En otras palabras: “yo no estaba tratando de molestarlos o condenarlos. Yo expuse su pecado para que vieran cuanto los amo y tengo cuidado de ustedes. Cuando el Espíritu Santo toca la puerta de su corazón, a veces suena como un golpe severo. Pero, en realidad, Dios esta mostrando su tierno amor.”

Sin tal palabra, seguro que David hubiera caído bajo terrible juicio. Ya el había pasado un año en sus asuntos, sin enfrentar lo que había hecho. El no escucho ninguna palabra de reprensión o corrección. Así que con cada día que pasaba, su pecado se hizo más fácil de ignorar. Además, su ejército seguía ganando victorias decisivas. En la superficie, todo parecía irle bien. Pero estoy seguro que David tenia problemas para dormir en la noche. Probablemente, se despertaba cada día con una nube oscura colgándole encima. El hecho es, nadie que tiene intimidad con el Señor puede permanecer cómodo viviendo en pecado.

Permíteme darte un ejemplo: yo aconseje a un querido hermano cristiano a quien yo sospechaba que sostenía una aventura. Cuando se lo pregunto, lo negó vehementemente. Luego, un mes más tarde, pidió verme tarde una noche. Cuando me encontré con el, el esta llorando y quebrantado. El confeso, “Pastor, he estado viviendo en el infierno por semanas; le he mentido a usted y a Dios. He estado viviendo en adulterio. He repetido cada mensaje del pulpito, cada palabra de aviso. Y pude acallar la voz de Dios.” El Espíritu Santo continuamente le recordaba a este hombre todas las predicas que exponen el pecado que había escuchado. Y él fue llevado a arrepentimiento al recordar esa palabra predicada.

Ahora te doy otro ejemplo: una hermana en Cristo me escribió, “Hermano David, he estado casada por veinte años. Amo a mi esposo, pero ahora probablemente tendré que dejarlo aunque no quiera. No puede descifrar porque este hombre de Dios, quien va a la iglesia conmigo regularmente, comenzara a deteriorarse tanto en su carácter. Se ha vuelto deshonesto conmigo, un muro creció entre los dos. Pronto el se convirtió en un extraño para toda nuestra familia. No podía discernirlo. Ore e hice todo lo que pude para poder entender porque el se estaba deshaciendo. Entonces descubrí porque: estaba enviciado a la pornografía desde antes de casarnos, y por algún tiempo después. El aun dice ser cristiano y asiste a la iglesia conmigo. Pero se niega a dejar el vicio.”

Este hombre esta a punto de perder su familia y su hogar. Él declara que ha nacido de nuevo y que va camino al cielo. ¿Crees que él necesita un golpecito en la espalda y una palabra de seguridad? ¿Necesita el escuchar a algún predicador decir: “Estas bien, Jesús te ama? ¡No, nunca! Él necesita un Natán, alguien que le diga, “¡Tú eres hombre culpable!” Él necesita ser despertado, que le enciendan el fuego del Espíritu Santo debajo de él. De otra manera, será entregado a su pecado y con el tiempo será destruido.

"Si no hubiera un Natán—ninguna palabra profética y penetrante—David hubiese terminado como Saúl: espiritualmente muerto, sin dirección del Espíritu Santo, habiendo perdido toda intimidad con Dios."
Mientras David escuchaba la palabra amorosa pero penetrante de Natán, él recordó el tiempo cuando un rey anterior fue advertido por un profeta. David había escuchado todo acerca de Samuel advirtiendo al Rey Saúl. Y él había escuchado la respuesta a medias de Saúl, confesando, “He pecado.” (Yo no creo que Saúl clamo desde su alma, como lo hizo David, “¡He pecado contra el Señor!”).

David vio de primera mano los cambios ruines que cayeron sobre Saúl. El rey que una vez fue piadoso y dirigido por el Espíritu continuamente rechazaba las palabras de reprobación del Espíritu, llevadas a él por un profeta santo. Pronto Saúl comenzó a caminar en su propia voluntad, amargura y rebelión. Finalmente, el Espíritu Santo se aparto de él: “Por cuanto rechazaste la palabra de Jehová, también él te ha rechazado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). “… de Saúl se había apartado;” (18:12). Saúl termina yendo a una bruja buscando dirección. Él le confeso a ella, “Dios se ha apartado de mí y ya no me responde, ni por medio de los profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me digas lo que debo hacer.” (28:15).

David recordó toda la locura, fealdad y terror que rodeaba a este hombre quien le había cerrado la puerta a la Palabra de Dios. De repente, la verdad penetró su propio corazón: “Dios no hace acepción de personas. He pecado como Saúl. Y ahora aquí está otro profeta, en otro tiempo, dándome la Palabra de Dios, como Samuel se la dio a Saúl. O, Señor, ¡he pecado contra ti! Por favor no quites tu Santo Espíritu de mí, como hiciste con Saúl.”

David escribió, “porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado; he hecho lo malo delante de tus ojos,…Purifícame… ¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio, … No me eches de delante de ti y no quites de mí tu santo espíritu.” (Salmo 51:3-11).

Un comentarista sugiere que a pesar del arrepentimiento de David, el nunca se recupero de su caída. Él señala que la Biblia dice poco acerca de cualquier victoria por David después de este tiempo. Más bien, él sugiere, David meramente se desvaneció al trasfondo hasta su muerte.

Es cierto que David pago severas consecuencias por su pecado. De hecho, él profetizo juicio sobre si mismo: El le dijo a Natán que el hombre rico que le robo el cordero al hombre pobre debe restaurar todo cuatro veces. Y eso fue justo lo que sucedió en la vida de David: él bebé que Betsabé dio a luz murió en pocos días. Y tres de los otros hijos de David—Amón, Absalón y Adonias—todos tuvieron muertes trágicas y antes de su tiempo. Así que, David pago por su pecado, con cuatro de sus propios corderos.

Mas la Biblia claramente muestra que cada vez que volvemos al Señor en arrepentimiento genuino y del corazón, Dios responde trayendo absoluta reconciliación y restauración. No tenemos que terminar como Saúl, descendiendo a la locura y al terror. Ni tampoco tenemos que ‘desvanecernos’ de la vida, pasando nuestro tiempo en vergüenza callada hasta que el Señor nos lleve. Al contrario, el profeta Joel nos asegura que Dios entra inmediatamente cuando nos volvemos a él: Rasgad vuestro corazón… convertíos a Jehová, vuestro Dios; porque es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y se duele del castigo.” (Joel 2:13).

Extraordinariamente, Dios luego nos da esta increíble promesa: “Yo os restituiré los años que comió la oruga,… Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová, vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado.” (2:25-26). El Señor promete restaurar todo.

Tienes que entender, cuando esta profecía fue dada, Dios ya había pronunciado juicio sobre Israel. Pero el pueblo se arrepintió, y Dios dijo, “Ahora voy hacer cosas maravillosas para ti. Voy a restaurar todo lo que el diablo se robo.”

Amados, las tiernas misericordias de Dios permite al peor pecador decir, “No soy un adicto a drogas. No soy un alcohólico. No soy un adultero. Soy un hijo del Dios viviente, con todos los derechos del cielo en mi alma. Ya no vivo bajo condenación, porque mi pasado esta completamente detrás de mí. Y no tengo que pagar por mis pecados pasados, porque Jesús pago el precio por mí. Lo que es mas, él dice que me restaurara todas las cosas.”

Esta es la verdad de lo que le sucedió a David: Él escuchó la Palabra de Dios a través de Natán, el se arrepintió y obedeció, y como resultado, el paso el resto de su vida creciendo en su conocimiento de Dios. El Señor dio gran paz a la vida de David. Y con el tiempo, todos sus enemigos fueron silenciados.

Pero la evidencia mas clara de la restauración de Dios en la vida de David es su propio testimonio. Lee lo que David escribió en los días de su muerte:

Jehová es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; Mi Dios, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio, mi salvador.” (2 Samuel 22:2-3). Este no es el testimonio de alguien que se ha desvanecido.
 “… mi Dios clamé y escuchó mi voz…me tomó. Me sacó de caudalosas aguas. … Me sacó a lugar espacioso, me libró porque me amaba.” (22:7, 17, 20). Hemos estudiado todo lo que David hizo para desagradar al Señor. Pero, aun después de todo eso, David pudo decir, “El Señor se deleita en mi.”

Esta es la razón por la cual David siempre será conocido como “un hombre acorde con el corazón de Dios: Es porque el rápidamente y genuinamente se arrepintió de sus pecados. Proverbios nos dice:

“… pero el que acepta la corrección recibirá honra.” (Proverbios 13:18). Dios te honrara, si amas y obedeces la corrección santa.
“… sino que rechazaron mi consejo y menospreciaron todas mis reprensiones comerán del fruto de su camino y se hastiarán de sus propios consejos. Porque el desvío de los ignorantes los matará, (1:30-32). Si vuelves oídos sordos a la corrección santa, terminara destruyéndote.
“… y camino de vida son las reprensiones…” (6:23). Simplemente, la Palabra convencedora de Dios trae vida.



Querido santo, la verdad acerca de “predicas duras,” si es predicada con lágrimas, es que es en realidad “predica de gracia.” Si estas siendo sondeado por la Palabra de Dios—si su Espíritu no esta permitiéndote sentarte cómodo en tu pecado—entonces se te esta mostrando misericordia. Es el profundo amor de Dios obrando, atrayéndote de la muerte a la vida.
¿Responderás a él como David? Si es así, conocerás la verdadera restauración y reconciliación. Y Dios restaurara todo lo que el enemigo se ha robado. ¡Aleluya!


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jueves, junio 21, 2012

Arrojando al cananeo y sus carros herrados



"Porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte." Josué 17: 18.
Cuando los hijos de Israel llegaron a Canaán y entraron en la tierra que fluía leche y miel bajo la protección especial de Dios, no gozaron de un reposo inmediato, pues los cananeos estaban allí: en posesión la tierra, habitando en ciudades fortificadas que parecían amuralladas hasta el cielo; y ellos tenían que arrojar a estos cananeos antes de poder poseer el país. De hecho, por esta razón fueron enviados allí.

Los cananeos habían sido proscritos por Dios. Eran culpables de tan horribles ofensas, que Él había decretado la destrucción de su raza. Era necesario para la pureza del mundo, que algunas razas de la antigüedad, que se habían vuelto horriblemente depravadas, fueran suprimidas de la superficie del globo; y los israelitas fueron llevados a esa tierra, como verdugos del Señor, para aplastar y exterminar a los cananeos.

Algunas personas se han atrevido a señalar esto como una masacre repugnante; pero habiendo sido ordenada por el grandioso Juez, que tiene poder sobre la vida y la muerte, debemos considerarlo solemnemente como una terrible ejecución decretada por estricta necesidad. Podemos estar sumamente seguros que Quien comisionó a Sus oficiales para que consumaran el exterminio, tenía la razón más apremiante para que emplearan sus espadas. Dios sabía más que nadie, qué era lo necesario para la moralidad del mundo, y llegó a la conclusión que la iniquidad de los amorreos había rebalsado sus límites, y ya no debían ser soportados por más tiempo. Los israelitas no podían entrar a su herencia sin primero arrojar a las razas aborígenes, pues se habían convertido en adversarias de Dios y del hombre.

Verán entonces, queridos amigos, que Canaán es difícilmente un tipo perfecto del cielo. Puede usarse como tipo en cierto sentido modificado; pero es un emblema mucho claro de ese estado y condición del alma en los que se encuentra el hombre cuando se ha convertido en un creyente y por fe ha entrado al reposo, mas no a una liberación absolutamente perfecta del pecado. Ha venido a tomar posesión de la herencia del pacto, pero descubre que el cananeo del pecado y del mal, todavía se encuentra en la tierra, tanto en la forma del pecado original en su interior, como en forma de tentación proveniente del exterior. Antes de poder gozar plenamente de sus privilegios, debe arrojar sus pecados.

Es absolutamente necesario, para que pueda experimentar de lleno las bendiciones del pacto de la gracia, que deba contender con las iniquidades y los males que están dentro de él, y en su derredor. Debe arrojar a las diversas tribus de enemigos que, por largo tiempo, han morado en la tierra de su naturaleza.

Sin duda, muchos jóvenes cristianos piensan que cuando han sido convertidos, la contienda armada llega a su término. No, la batalla apenas ha comenzado. No han obtenido la victoria: apenas se encuentran en el punto de partida. Han entrado en la tierra en la que tendrán que pelear, y luchar, y llorar, y orar, hasta obtener el triunfo. Esa victoria será suya, pero tendrán que experimentar agonías para alcanzarla. Quien los ha traído a esta condición no les fallará ni los abandonará; pero, al mismo tiempo, sólo serán capaces de ganar su herencia mediante recios combates y decididas pugnas. No se engañen con la idea que podrán sentarse con tranquilidad, pues al verdadero heredero del cielo le sucede precisamente lo contrario.

Me estoy dirigiendo a muchas personas que entienden el significado del combate espiritual, y escasamente necesito recordarles que son llamados a ser soldados en armas, y no ejércitos en posición de descanso. Hablo también a otras personas que todavía no entienden mucho acerca de la guerra; pero la vivirán muy pronto, pues la espada de los creyentes jamás descansa envainada por largo tiempo.

El pecado es un enemigo poderoso, y si tú eres un hijo de Dios, tendrás que pelear contra él. Si tú eres un heredero de la verdadera tierra de Canaán, has nacido primero a una herencia de guerra, y luego a la vasta herencia de paz inquebrantable y eterna.

"La tierra del triunfo está en lo alto,
No hay campos de batalla allá;
Señor, quisiera conquistar hasta que muera,
Y terminar toda esa guerra gloriosa."

Nuestro texto es una arenga a las tribus de Manasés y de Efraín. Josué les dijo: "Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte." Pero les dijo que aunque les daba dos porciones, tendrían que arrojar a quienes entonces poseían la tierra: "tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte." ¡Que el Santo Espíritu nos aliente para los combates de nuestra vida, por medio de las meditaciones de esta hora!

I. Nuestra primera reflexión será: DEBEMOS ARROJARLOS. Es un mandamiento de Dios: "Arrojarás al cananeo." Cada pecado tiene que ser eliminado sin piedad. Ni un solo pecado debe ser tolerado. ¡Debemos cortarles las cabezas! ¡Hundan la espada en sus corazones! Todos deben morir. No puede ser perdonado ni uno solo de ellos. Toda esa raza tiene que ser exterminada, y enterrada a tal profundidad que no se pueda encontrar ni un solo hueso. Aquí tenemos una tarea digna de todo el valor de la fe y el poder del amor.

Todos deben ser arrojados, pues, cada pecado es nuestro enemigo. Espero que no tengamos enemigos en este mundo entre nuestros prójimos. Se requieren dos personas para tener una riña; y si no queremos reñir, no habrá contienda. No debemos ofender ni ser ofendidos; sino que, de ser posible, en la medida que nos corresponda, debemos vivir pacíficamente con todos los hombres. Confío que hayamos perdonado a todos los que nos han perjudicado alguna vez, y que anhelemos ser perdonados por todos aquellos a quienes hemos dañado.

Pero cada pecado, cada maldad, del tipo que sea, son nuestros verdaderos enemigos, contra los que debemos luchar hasta el último extremo. No pueden decirle a algún pecado: "tienes permiso de morar en mi corazón y ser mi amigo." No puede ser tu amigo: el mal es nuestro enemigo natural e inevitable, y debemos tratarlo como tal. La simiente de la mujer no encontrará nunca a un amigo en la simiente de la serpiente, como tampoco Eva encontró un amigo en la serpiente que la engañó. Cualquier pretensión de amistad con la iniquidad es perjudicial. Si eres amigo del pecado, no eres amigo de Dios. Todos los tipos de pecados son nuestros enemigos, y debemos odiarlos con toda el alma.

Si puedes decir de cualquier pecado: "yo no lo odio," entonces debes cuestionarte muy seriamente si has nacido de nuevo jamás. Una de las señales de un hijo de Dios es que, aunque peca, no ama al pecado. Puede caer en pecado, pero él es como una oveja que, si tropieza en el lodo, rápidamente se levanta, pues odia el fango.

La puerca se revuelca donde la oveja está angustiada. Ahora, nosotros no somos el cerdo que ama el lodazal, aunque somos como ovejas que a veces resbalan por sus patas. ¡Pluguiera a Dios que nunca resbaláramos! ¡Qué miseria tan grande es el pecado para nosotros! La impiedad es el peor de los males para el hombre piadoso. Que el Señor nos mande todas las aflicciones que quiera: pero si Él impide que caigamos en pecado, la mayor de nuestras penas se habrá alejado.

Cada pecado nos odia, y nosotros odiamos a cada pecado. No hay pecado, queridos amigos, que pueda beneficiarles de alguna manera; sino que los dañará seriamente y los estorbará. El pecado es ese viento pernicioso que no sopla ningún bien para nadie. No hay ninguna belleza en el pecado. No hay ningún consuelo en el pecado. No hay ninguna fuerza en el pecado. No hay absolutamente nada bueno en el pecado. Desde su coronilla hasta la planta del pie, está lleno de magulladuras y de llagas putrefactas.

No hay nada que podamos decir a favor suyo; y estoy seguro que ningún heredero del cielo apoyaría su causa o argumentaría en pro de él. Tú odias el pecado y el pecado te odia a ti. Te hará todo el daño que pueda; nunca estará satisfecho con el perjuicio que ha obrado en ti. Tratará de conducirte más adentro y más adentro del peligro, y terminará por arrastrarte al infierno. El pecado quiere destruirte por completo, si pudiera, y ciertamente podría y lo haría, si la gracia de Dios no lo previniera.

Proclama, entonces, una guerra sin cuartel contra todo pecado. Proclama: "¡guerra a muerte contra el pecado!" Los cananeos combaten contra ti; cuídate tú también de luchar en su contra. ¡Levanta el estandarte teñido con sangre! Saca tu espada y no la envaines de nuevo. Mientras el pecado permanezca en nuestros corazones, o en nuestras vidas, o en el mundo, debe ser combatido hasta su muerte.

Además, debemos contender contra todos estos cananeos, y arrojarlos, pues el pecado es el más cruel enemigo de nuestro Señor. Jesús aborrece todo el mal, y el mal en toda forma lo persiguió. Él cargó en Su propio cuerpo con todo tipo de pecados sobre el madero. De nuestros pecados, y todos ellos fueron puestos sobre Él, procedieron los azotes en Su espalda, cuando los que araban le abrieron profundos surcos. De nuestros pecados provino el sudor sangriento que lo cubrió de pies a cabeza. De nuestros pecados salieron la corona de espinas, los clavos, la lanza, el vinagre y la hiel, y la terrible agonía de la muerte. El pecado, ¡oh, cuánto lo abomina nuestro Señor!

Al quitar nuestro pecado, Él bebió de esa copa de la que, por un instante, comenzó a pedir: "Si es posible, pase de mí esta copa." "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él;" y fue esto lo que le produjo tal agonía. El pecado era para Jesús horror, tormento, muerte. Jesús aborrece el pecado con toda la fuerza de Su santa naturaleza. Habiendo sido salvado por Jesús, ¿acaso no odiarás el pecado como Él lo hizo? ¿Habrá alguna persona aquí que guarde en su cajón, como un valioso tesoro, el cuchillo utilizado para asesinar a su padre?

Nuestros pecados fueron las dagas que quitaron la vida al Salvador. ¿Podemos soportar pensar en ellas? ¡Oh, que nuestras lágrimas se derramaran por el simple recuerdo de nuestra horrible conducta hacia nuestro Señor, a Quien inmolamos por nuestros pecados: y que nunca, nunca, nunca toleremos ni una sola de nuestras iniquidades, pues ninguna es inocente del asesinato de nuestro Bien Amado! Conspiraron para quitarle la vida; que sean ejecutadas de inmediato.

"Oh, cuánto odio esas concupiscencias mías
Que crucificaron a mi Dios;
Esos pecados que traspasaron y clavaron Su carne
Con firmeza al fatal madero.
"Sí, mi Redentor, ellos morirán;
Mi corazón lo ha decretado así:
Y no perdonaré las cosas culpables
Que hicieron sangrar a mi Salvador."
"Mientras con un corazón derretido, quebrantado,
Veo a mi inmolado Señor,
Voy a vengarme de todos mis pecados,
Matando también a esos asesinos."

Recuerden, hermanos, que no podemos tener a Cristo y aceptar a la vez que un pecado reine en nuestros corazones. Venimos a Cristo como pecadores, pero cuando recibimos a Cristo, Él nos dice: "el pecado no se enseñoreará de vosotros." El pecado podrá mirar nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, con sus tentadoras hechicerías. El pecado podrá cabalgar en nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, pisoteando todo lo que es bueno. El pecado podrá espiar a nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, listo para conspirar contra el Rey de reyes; pero no puede reinar en nuestra naturaleza, pues ha sido sujetada a otra soberanía: Cristo está sobre el trono. "Así también la gracia reine por la justicia para vida eterna" en nuestra naturaleza, en este tiempo presente. 

No es posible que coloquemos al pecado en algún trono, aunque esté situado más abajo del trono de Cristo; tampoco podemos obedecer sus concupiscencias. Nuestro Señor Jesús no quiere compartir Su dominio con un ángel; mucho menos lo hará con un pecado. Si tú quieres poner a la iniquidad en el trono de tu corazón, estás perdido. No hay ninguna esperanza para ti. Tú puedes tener a Cristo y abandonar tu pecado; pero no puedes tener a Cristo y abrazar tu pecado.

Cristo te ayudará a matar tu pecado; pero si dices: "no, sino que voy a tolerar este mal," aunque luego agregues: "¿acaso no es muy pequeñito?" perecerás en tu iniquidad. Si tienes un pecado favorito que quieras guardar, Cristo y tu alma no estarán de acuerdo nunca. No podrá haber paz entre tú y Cristo, mientras haya paz entre tú y el pecado, sin importar cuál sea ese pecado.

He conocido a algunos hombres que han renunciado a la borrachera, y cuando han firmado el compromiso, han pensado: "ahora soy alguien;" y han practicado algún otro hábito tan malo como la borrachera. A mí me da mucho gusto verlos a ustedes que son abstemios; pero la abstinencia no los salvará. Los borrachos no pueden entrar al cielo; tampoco los mentirosos, ni los ladrones, ni los fornicarios, ni los incrédulos. Has arrojado a un cananeo, pero, ¿qué pasa con el resto de ellos?

Un hombre dice: "no puedo soportar el despilfarro. El gasto extravagante de ese joven libertino es abominable." Eso es correcto, pero ¿acaso la avaricia no es también abominable? Yo no creo que vayas a gastar jamás demasiado dinero, pues eres un viejo y vil tacaño. Nunca serías tentado para que malgastes tu dinero, porque lo amas demasiado. La extravagancia no es lo tuyo; pero ciertamente puedes llegar a la ruina por la vía de la ambición y de la codicia, así como por el camino de la prodigalidad. La ambición puede ser un mejor vicio para tu bolsillo, pero no será nada mejor para tu alma, cuando estés ante el tribunal de Dios.

Un hombre aborrece la hipocresía, pero él mismo es cruel, duro, y no perdona; otro hombre no dice maldiciones jamás, pero miente con la velocidad de un caballo al galope. He conocido a un hombre que odia las mentiras, y sin embargo se ha entregado a la lujuria. He conocido a otro hombre que ha sido perfectamente puro en cuanto al pecado de la carne, pero es tan orgulloso como el propio Lucifer; y el orgullo destruirá al hombre lo mismo que cualquier otra forma de pecado. El hecho es que todo el nido de pájaros inmundos debe ser arrojado al suelo. Todos los huevos del basilisco deben ser aplastados. Debemos orar:

"El ídolo más querido que he conocido,
Independientemente de cuál sea, 
Ayúdame a derribarlo de su trono,
Para adorarte únicamente a Ti."

Supongan que uno de nuestros misioneros regresara de la India diciendo: "He logrado una grande maravilla entre los nativos. A todo lo largo de uno de los distritos que visité y donde prediqué, hice maravillas. Los encontré adorando a dioses hechos de barro procedente del Ganges. Les mostré la insensatez de eso, y ellos destruyeron esos dioses hechos de barro. Algunos de ellos poseían dioses de madera, y los induje a que los quemaran a todos. Pero también tenían unos dioses muy hermosos: dioses hechos de mármol, y de oro, y de plata, y no tuve el valor de pedirles que los destruyeran; eran muy artísticos, y valiosos, y venerables. Vamos, uno de ellos tenía ojos que eran diamantes; otro tenía en su muñeca una pulsera de rubíes."

¡Ay, señor misionero! No vemos ninguna razón para tu autocongratulación. De modo que dejaste que ese pueblo adorara a aquellos preciosos dioses, ¿no es cierto? ¿Dónde está el bien que hiciste? No lograste absolutamente nada. Adorar a un dios de oro es evidentemente una idolatría tan perniciosa como adorar a un dios de barro. Ahora, si nosotros venimos a ustedes, y tratamos de igual manera con el vicio y mejoramos la educación y la conducta de las masas para elevar el nivel del pueblo, ¿qué habríamos conseguido si nos quedáramos allí? Habríamos quitado un grupo de pecados, pero habríamos dejado otros. Destruimos los dioses de barro, pero si dejáramos los dioses de oro y de plata, ¿qué bien habríamos promovido, como a los ojos de Dios? Muchos hombres han sido liberados de los peldaños inferiores de la lascivia, y eso está muy bien; pero los escalones superiores de las impiedades espirituales en los lugares altos, permanecieron intactos, y ¿cuál fue el resultado final? Algo bueno para este mundo, pero nada para el siguiente; algo bueno para la moralidad, pero nada para la espiritualidad. A larga no habríamos conseguido mucho ni siquiera en materia de conducta, pues los vicios más repugnantes medran junto a un grandioso refinamiento aparente.

Incluso el rey de Sodoma era un perfecto caballero. Muchos vividores infames e inmundos son honrados por la sociedad por causa de sus mentes cultivadas. Todos los tipos de pecados deben ser arrojados, cuando la gracia toma posesión del alma. ¡Destruyan al becerro de oro! Este ídolo costoso debe ser molido hasta reducirlo a polvo, y esparcirlo sobre las aguas. El becerro de oro es tan detestable ante el Señor como los dioses más miserables hechos de madera. Una forma de enemistad contra Dios es tan aborrecible a Su ley como cualquier otra. El pecado vestido de seda es un rebelde tan grande, como el pecado cubierto de harapos. Pueden untar al pecado con agua de colonia, pero no huele mejor.

Recuerden, también, queridos amigos, que un hombre no puede ser liberado del pecado si es siervo tan sólo de uno de ellos. Aquí tenemos a un hombre atado a una larga cadena que sujeta su pierna: una cadena que cuenta con cincuenta eslabones. Ahora, supongan que yo me presento como un libertador, y le quito cuarenta y nueve eslabones, pero dejo la argolla de un extremo de la cadena sujetada a la columna, mientras su pierna continúa atrapada por la argolla de acero del otro extremo de la cadena, y ambos extremos quedan unidos por el eslabón restante. ¿Qué beneficio le pude proporcionar? ¿Cuánto bien le hice? Ese hombre permanece siendo un cautivo.

Si tuvieran un pájaro aquí, digamos un canario, y fuera totalmente libre excepto por una patita, no sería un pájaro libre. "Pero está detenido sólo por un hilito de algodón," dirás. A pesar de ello, el pájaro no está en libertad: no puede volar donde él quiera. En tanto que un hombre sea mantenido cautivo por un único vicio, no importa cuán pequeño sea, está todavía sirviendo a la iniquidad. Si lo ata un solo pecado, y lo domina, no es un hombre libre que pertenezca al Señor. Él es todavía un esclavo sujeto a la peor forma de esclavitud: está bajo el dominio del mal.

De esto pueden entender que no exageré cuando dije: "¡arrojen todos sus pecados!" Todos ellos deben ser conquistados, cada uno de ellos. No se le debe permitir a ningún pecado que ocupe el amor de nuestro corazón ni el trono de nuestra naturaleza.

Hay ciertos pecados que, cuando comenzamos a combatirlos, son dominados con prontitud. Aquellos israelitas, cuando estaban en lo alto de las montañas, y en los bosques, avanzaron con prontitud al país montañoso de los cananeos y los destruyeron; pero abajo en la llanura, donde los caballos y los carros gozaban de suficiente espacio, los israelitas no sabían qué hacer; estaban confundidos, pues algunos de estos cananeos tenían carros herrados, que tenían puntas filosas incrustadas en sus ejes, y cuando arremetían en medio de las filas del ejército enemigo, destrozaban a los soldados de la misma manera que una máquina cosechadora corta las matas del maíz. Por un tiempo esto desconcertó completamente a los israelitas; era un asunto terrible que tenía que ser analizado, y el miedo exageraba todavía más, el poder de los carros terribles.

El temor los volvía impotentes, hasta que lograron cobrar ánimo; y cuando al fin se armaron de valor, descubrieron que estos carros no eran tan terribles como lo habían supuesto. Había formas de enfrentarlos y de dominarlos, si Israel simplemente confiaba en Dios y cobraba valor.

Cuando un hombre es convertido por la gracia divina, ciertos pecados suyos son sometidos de inmediato: alzan de pronto el vuelo para no regresar nunca. Después de hablar con miles de convertidos, difícilmente recuerdo haber escuchado a algún hermano que dijera, que se le hizo difícil dejar de maldecir. A menudo he escuchado que la gente expresa sorpresa, porque por años, nunca habían expresado una sola frase sin decir una maldición; pero desde el momento de su conversión, ninguna palabra profana ha escapado jamás de sus labios. Recuerdo a uno que dijo, habiendo sido un profano blasfemo del peor tipo, que algunos años después de su conversión, una cabeza de puerco rodó sobre su pie, y se le escapó una mala palabra, por lo que casi se le partió el corazón; pero que durante toda su vida, desde su conversión, no recordaba que tal insensatez y pecado lo hubieran asediado del todo. Proferir maldiciones es un cananeo que es pronto dominado, arrojado y asesinado. Lo mismo sucede con muchas otras formas de mal. Ponemos rápidamente nuestra espada en sus gargantas, y por la gracia de Dios quedamos totalmente libres de que regrese esa tentación.

Tales pecados, aunque una vez fueron poderosos, quedan muertos en el campo de batalla. ¡Gloria sea dada a Dios! La cabeza de Goliat rueda por tierra; Sisara tiene una estaca metida por su sien; Eglón es apuñalado en el corazón. Los enemigos de Dios y de nuestras almas están muertos. Yo sé que algunos de ustedes pueden dar testimonio de que sus pecados favoritos se volvieron tan repugnantes, que no han vuelto a sentir la tentación de desviarse en esa dirección; y si algún deseo ha cruzado por su mente, se han sublevado en su contra, y lo han arrojado lejos con indignación.

Pero ciertos pecados son mucho más difíciles de tratar. Esos buscan la pelea, y algunos de ellos parecen tener más vidas que un gato. No hay forma de matarlos. Cuando creen haberlos aniquilado, están de nuevo en pie y en plan de pelea. Puede decirse que poseen carros herrados. Estos pecados son algunas veces aquellos que han ganado su poder, (sus carros herrados), a través de largos hábitos. "¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?" No, no lo hará nunca, pero la gracia de Dios puede obrar ese cambio. La gracia de Dios ha quitado todas las manchas a muchos leopardos, y todo lo negro a multitudes de etíopes.

Pero, ocasionalmente, los viejos hábitos profundamente arraigados se levantan de nuevo de sus tumbas en una horripilante resurrección. ¿Acaso no se han dado cuenta que les viene a la memoria una estrofa de una vieja canción, cuando han estado en oración? Si han estado muy cerca de Dios, ¿no se han sobresaltado inesperadamente por el recuerdo de una cosa asquerosa, en la que alguna vez se hundieron? Es terrible el poder del hábito que ha sostenido su influencia por largo tiempo. No es fácil desenraizar al roble que ha crecido por muchos años. Estos hábitos construyen carros herrados, a los que se suben los pecados, y se convierten en terribles enemigos de nuestros santos deseos y fervientes resoluciones.

Algunos pecados consiguen sus carros herrados por ser connaturales con nuestra constitución. Ciertos hermanos y hermanas son tristemente de temperamento irascible; y en tanto que vivan, tendrán que mantenerse en guardia contra los súbitos estallidos de ira, y de hablar con labios imprudentes. Son rápidos e impresionables, y esto, en sí mismo, podría no ser un serio mal; pero cuando el pecado blande esa rapidez y esa impresionabilidad, entonces surge el mal. ¡Cuántos sinceros hijos de Dios han tenido que ir por años gimiendo, como si tuvieran sus huesos rotos, por causa de esa ligereza proveniente de un carácter irascible!

Ustedes no deben excusar estos pecados surgidos de la propia constitución. Les suplico que se graben lo que digo en relación a este tema; pues muchos llegan a la ruina por suponer que sus faltas constitucionales difícilmente son faltas, sino que son accidentes inevitables. No deben decir acerca de ningún pecado: "no puedo evitarlo." Tienen que evitarlo. No deben decir: "Oh, pero eso es natural para mí." Yo sé que es natural: esa es precisamente la razón por la que debes estar doblemente en guardia contra él. Todo lo que venga de la naturaleza: ay, y de la naturaleza caída en su mejor expresión, tiene que ser puesto a los pies de Cristo, para que la gracia pueda reinar sobre toda forma de mal.

Con frecuencia el carro herrado aumenta su fuerza porque un cierto pecado llega desplomándose sobre ustedes de manera súbita, y los toma desprevenidos. Si un hombre advirtiera una tentación podría ser capaz de superarla; pero las tentaciones no nos dan un previo aviso: ¿acaso podemos esperar que lo hagan? El marinero no espera ser advertido de cada ráfaga de viento que sopla sobre él. El soldado en la batalla no cuenta con recibir una advertencia de cada bala que venga dirigida contra él. ¿Por qué artificio podríamos mantenernos conscientes de cada avance del maligno?

La propia esencia de la tentación yace a menudo en su carácter súbito: somos alzados y sacudidos si no estamos siempre en alerta. Sin embargo, no debemos decir por esto: "no puedo evitarlo;" pues tenemos que estar más en guardia, y acercarnos cada vez más a Dios en oración. Estamos obligados a enfrentarnos tanto a la súbita tentación como a los ataques más lentos.

Debemos mirar al Señor para ser preservados de la flecha que vuela de día, y de la pestilencia que camina en la oscuridad. Debemos clamar a Dios pidiendo gracia, para que, sin importar cómo vengan las ráfagas de la tentación, ni cuándo vengan, siempre seamos encontrados en Cristo, descansando en Él, cubiertos por Su divino poder.

Queridos amigos, algunas veces estos pecados adquieren poder del hecho que, si no nos sometemos a ellos, podemos incurrir en el ridículo por su causa. Muchos creyentes verdaderos que soportarían ser quemados en la hoguera, no podrían resistir que se rían de ellos. Muchas personas son notablemente sensibles a la burla, o al sarcasmo. Esa gente podría soportar ser flagelada, mas no ridiculizada. Así que los poderes de las tinieblas asedian con escarnios, y burlas, y mofas, y desprecios. Estos son los carros herrados para ellos.

No dudo que nuestros amigos soldados, que van a ser bautizados esta noche, experimentarán tiempos duros en este sentido. Pido a Dios que los fortalezca en las barracas, y que los haga semejantes a hombres protegidos por un blindaje que no pueda ser traspasado ni por espada ni por flecha. Yo no querría, si pudiera, evitar que cualquiera de ustedes fuera perseguido a su medida. ¿Acaso no deben pelear los soldados? Yo detendría la persecución por causa del perseguidor; pero por causa de ustedes, que tienen que soportarla, no levantaría ni un solo dedo para evitarlo, porque la prueba es una educación que tiene un valor supremo. Nunca veremos campeones si no hay un combate.

Hermanos, algunos de nosotros hemos vivido en guerra durante tanto tiempo, que tendríamos un poco de miedo si estuviéramos libres de asedio por un rato. Nos han ofendido con todo tipo de denuestos; y si quedaran otras formas de abuso que todavía no han sido usadas, esperaríamos que esa inmundicia fuera derramada sobre nuestras cabezas. Sin embargo, nuestros detractores y denostadores no nos han quebrado un solo hueso. No han herido nuestra fe, ni han marchitado nuestra esperanza, ni han enfriado nuestro amor, ni han detenido nuestra comunión con Dios. Ciertamente nos hemos fortalecido para soportar el fuego, y el yunque, y el martillo con los que nuestros enemigos se han distinguido en su obra contra nosotros. Más unión con Dios, más confianza en Él, y más gozo en Él, acompañan a menudo al hijo de Dios cuando está bajo el más intenso fuego. Sin embargo, la prueba de escarnios crueles hace que el pecado parezca tener carros herrados.

Tal vez, una de las peores cosas para un cristiano, es que ciertos pecados son supuestamente irresistibles. Ese es un error popular y muy pernicioso por cierto. "Estos carros herrados," decían los israelitas, "es inútil tratar de contender con ellos." Así que cedieron las llanuras a los cananeos. Es una triste calamidad cuando una persona cristiana dice: "puedo mantenerme recto en todo excepto en eso. No me limites allí. Debes concederme mucha amplitud en esa dirección. Por favor haz concesiones necesarias debido a mi constitución peculiar." Toda argumentación así es malévola.

Escúchame muy bien, hermana. Yo voy a hacer las concesiones por ti; pero te suplico que no hagas concesiones para ti. Hermano mío, yo te imploro, no te concedas licencia para pecar. Si yo doy una amable excusa en tu caso, simpatizando con tu debilidad, siendo un hombre igual que tú, eso es una cosa; pero que tú mismo te otorgues concesiones, sería muy lesivo para tu alma. Tienes que dominar y destruir al pecado por el que solicitas tolerancia. ¡Fíjate bien en esto! No debes, (no te atrevas) a permitir que cualquier pecado se enseñoree de ti; y si tú sabes que no te domina, no por eso aduzcas que puedes tolerarlo, sino que saca la conclusión contraria: debido a que se ha enseñoreado de ti, concentra tu fortaleza entera en su destrucción completa. El pecado debe ser derribado: que no lo perdone tu ojo. El cananeo debe ser arrojado: los mejores y los más hermosos de la raza deben caer por la espada.

Nosotros no podemos entrar al cielo mientras permanezca en nosotros un solo pecado, pues "son sin mancha delante del trono de Dios." Antes que podamos atravesar el portal adornado con perlas, cada mancha y arruga deben ser quitadas de nosotros. Vean su llamamiento, hermanos. Véanlo muy bien. ¿Acaso no necesitan fortaleza celestial? ¿Acaso no buscarán al Espíritu Santo?

II. Ahora voy a referirme al segundo encabezado. Ya he dicho que debemos arrojarlos. El segundo encabezado es que ELLOS PUEDEN SER ARROJADOS. No estoy diciendo que nosotros podemos arrojarlos, sino que afirmo que pueden ser arrojados. Será un milagro muy grande, pero debemos creer en él, pues otras grandes maravillas han sido obradas.

Observen primero que ustedes y yo hemos sido levantados de los muertos. ¿No es así? "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados." Si un muerto ha sido resucitado, entonces todo puede hacerse con ese hombre que ha recibido vida. No me digan que hay una mancha en el rostro del recién resucitado Lázaro que no pueda ser quitada: yo no lo creo. No me digan que hay un dedo torcido que no pueda ser enderezado: después de haber visto que el muerto vive, estoy seguro que ese hombre vivo puede ser perfeccionado.

El que pudo levantar a Lázaro de los muertos, puede hacer que le quiten las vendas, puede levantarlo más allá de sus imperfecciones y debilidades, y puede hacerlo apto en toda obra buena para hacer Su voluntad. Puede hacerse. La resurrección de los muertos es la evidencia que puede hacerse.

También por el poder divino han sido conducidos a creer en el Señor Jesucristo. Si han creído en el Señor Jesucristo como resultado de la presencia de la gracia divina en sus corazones, ¿qué hay que no puedan lograr? La fe en el Señor Jesucristo es algo muy simple, dirán ustedes. Yo sé que lo es, pero aún así, es la cosa más grandiosa que pueda tener el hombre. "¿Qué debemos hacer," le dijeron a Jesús, "para poner en práctica las obras de Dios?" Y Él respondió: "Esta es la obra de Dios", esta es la obra semejante a la de Dios, la obra del tipo más elevado que pueda ser hecha jamás, "que creáis en el que él ha enviado." Si han sido habilitados para creer, pueden ser capacitados para ser santos. Quien los condujo a ejercer la fe, puede llevarlos, por fe, a dominar cualquier tipo y todo tipo de iniquidad.

A continuación, ustedes ya han conquistado muchos pecados. Miren los montones de cananeos que han matado. Comiencen por el principio, allí donde Dios empezó con ustedes en la obra de gracia en su alma: ¿acaso no hay una diferencia maravillosa entre lo que ustedes eran entonces y lo que son ahora? ¿Acaso no había pecados atrincherados en su naturaleza, como estaban los cananeos en sus ciudades fortificadas? Pero Jericó se desplomó por completo. Huestes y huestes de incredulidades y de iniquidades moraban dentro de su vida diaria, pero las han echado.

Por la gracia de Dios ustedes han resistido la tentación, y han escapado de las concupiscencias, y han superado las dudas. Hasta aquí han vencido por medio de la sangre del Cordero. Pueden decir: "Marcha, oh alma mía, con poder." Quien te ha ayudado hasta aquí, seguramente puede ayudarte hasta que concluyas la pelea. No dudes que la potencia todopoderosa de la divina gracia, que ha logrado tanto, pueda alcanzar todavía más. Sé fuerte y ten valor, pues el propio Señor de los ejércitos está a tu lado.

¿No has visto cómo han conquistado otros cristianos? Oh, deja que tu memoria te recuerde ahora a todos los hermanos y hermanas en quienes viste grandes debilidades y pecados al comienzo de su carrera espiritual; ¡pero cómo han crecido! ¡Cómo han derrotado al pecado innato! Vienen lágrimas a mis ojos cuando pienso en ciertos miembros de esta iglesia: algunos en el cielo, y algunos todavía aquí en medio de nosotros. Recuerdo lo que solían ser, y lo que son ahora, y difícilmente puedo creer que sean las mismas personas.

El carácter fiero ha sido domado, las fuertes pasiones han sido sometidas, la negra melancolía ha sido ahuyentada. Cuando se unieron por primera vez a la iglesia, eran buenos, útiles, hombres incólumes, pero la pera era demasiado dura; no me habría gustado hundir mis dientes en ella: eran severos, voluntariosos, y obstinados. La fruta no solamente era dura, sino amarga, pues con todo su celo, eran ásperos, cortantes, y completamente el reverso de personas gentiles. ¡Pero ahora, cuán maduros son! ¡Qué dulce olor de fruta madura los circunda! ¡Cuán preparados están para ser llevados al gran festín arriba!

Lo que Dios ha hecho por ellos, puede hacerlo por ti. Él puede quitarte esa dureza. Esa condición de fruta verde, ese sabor amargo: Él puede quitar todo eso con Su gracia. Cada uno de nosotros debe gastar al menos un par de zapatillas verdes; y cuando las haya gastado, luego se puede poner algo mejor y más cómodo para el viaje, pues tiene sus pies "calzados con el apresto del evangelio de la paz." Generalmente nos ponemos las botas de un insensato al principio, pero Dios, que vuelve sabio al insensato, nos convierte al fin en hombres. Él, que entrena a los bebés hasta sacar de sus labios un poderoso testimonio acerca de Su Palabra, puede hacer lo mismo con nosotros.

Amados, hemos estado hablando acerca de qué puede hacerse y qué no puede hacerse. ¿Hemos pensado acerca de eso? Estamos tratando con el Todopoderoso; y para Él todas las cosas son posibles. Creo ver que mientras la batalla continúa ahora, el enemigo parece prevalecer, y los tímidos corazones de los soldados de la cruz comienzan a retraerse dentro de su pecho. ¡Escuchen! Todavía no han llamado a las reservas. ¿Acaso no saben que están a la mano el poder eterno y la Deidad, esperando para ayudarles en sus esfuerzos contra todo el mal? ¡Alisten a las reservas! Soliciten a su grandioso aliado que envíe refuerzos en esta hora de necesidad. Imploren al Señor que les dé más gracia; y puesto que han recibido vida de Sus manos, oren para que puedan recibirla con mayor abundancia.

¿Acaso sabe alguien cuán santo puede ser? "Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser." Pidamos a Dios que nos dé gracia para orar, y vigilar, y creer, y esperar, y que la oración de mi amado hermano Williams sea contestada, pues él acaba de orar: "que el más débil de nosotros sea como David, y David como el ángel de Dios."

Que Dios nos ayude a convencernos que los cananeos pueden ser arrojados.

III. Y luego llegamos a una conclusión con nuestro tercer encabezado, que es, ELLOS SERÁN ARROJADOS. Ellos deben ser arrojados; ellos pueden ser arrojados; ellos serán arrojados.

Ellos serán arrojados. Ese es un discurso digno de un monarca. "Deben" es la palabra de un rey, y "serán" corresponde a la palabra del Rey de reyes. Bien, bien, nos aventuramos a decirla porque únicamente estamos sirviendo de eco a Sus tonos soberanos.

Por esto murió Cristo. "Él amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha." Cristo murió para salvar a Su pueblo, no de algunos de sus pecados, sino de todos sus pecados. Su sangre preciosa limpia todo pecado. Su expiación perfecta asegura la perfección a Sus santos. La muerte del pecado está garantizada por la muerte de Cristo. Oremos hoy fervientemente:

"Que el agua y la sangre,
Que fluyeron de Tu costado abierto,
Sean del pecado la doble cura,
Limpiándonos de su culpa y de su poder."

Hermanos, por esto vive Cristo. Arriba en el cielo, Él intercede por nosotros, "por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos." El deseo de Su corazón es que seamos guardados del pecado. "Padre Santo, santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad." Él suplica eso, y aunque Satanás quiera poseerlos y cribarlos como trigo, ellos serán preservados.

Cristo en el cielo es el modelo de lo que nosotros seremos, y no dejará de formarnos según Su propio modelo. Un día seremos perfectamente conformados a Su imagen, y entonces estaremos con Él en la gloria. El honor de nuestro Señor está comprometido a la presentación de todos Sus santos en una pureza sin mancha a Sí mismo, en el día de Su gloriosa boda.

Por esto nos es dado el Espíritu Santo. Él no nos es dado para que simplemente venga a nuestros corazones, y nos consuele en nuestros pecados, sino para liberarnos de todo mal, y para consolarnos en Cristo Jesús. Él da vida, dirige, ayuda, ilumina; hace miles de cosas; pero, principalmente, Él nos santifica. Él viene al corazón para arrojar a cualquier otro poder que busque tener allí su dominio. Por el Espíritu vivo de Dios, que mora en ustedes, como Dios en Su templo, yo quiero exhortarlos a que clamen a Él para que cada Dagón pueda ser derribado, cada altar de Baal sea destruido, cada becerro de oro sea molido y reducido a polvo.

Oh hermanos y hermanas, de ahora en adelante, nunca autoricemos un pase a ningún pecado para que venga y entre en nuestros corazones. No otorgaremos una licencia a ningún pecado; no tendremos ningún espacio donde el mal pueda hospedarse. No tendremos ninguna cama disponible para la iniquidad, ni le asignaremos una habitación, ni siquiera en el granero o en una dependencia accesoria. No digamos indolentemente: "no puedo superar ese hábito pecaminoso." Claro que puedes vencerlo: debes vencerlo. No digas: "voy a pintar la raya allí. Realmente debo tolerar esa falta en particular." ¡No la toleres! Te arruinará. Cómo te atreves a decir: "¿debo beberme ese veneno?" No lo toques. ¡Oh, que el veneno de la iniquidad no se acerque nunca a tus labios, sin importar cuán dulce pueda parecer al gusto carnal!

Este es el preciso objetivo del Evangelio que les predicamos: y habremos predicado en vano a menos que ustedes estén esforzándose contra el pecado. El nuestro es un Evangelio santo, y si no los hace santos, no habrá hecho nada por ustedes. Este, en especial, es el significado de la ordenanza del bautismo, para la cual la pila está ahora abierta ante ustedes. Uno de los significados del bautismo del creyente es que a partir de ahora ustedes son sepultados con Cristo: muertos a sus viejos pecados, y resucitados con Cristo para que anden en vida nueva. ¡Qué farsa sería si ustedes vivieran todavía en pecado! Yo daría gracias a Dios por no bautizar a ninguno de ustedes, si los viera vivos para el pecado, como solían ser.

Si ustedes y yo somos impíos, apuñalamos a la religión en sus partes vitales, y asesinamos nuestra profesión de fe. Si decidiéramos en nuestras mentes que toleraremos cualquier pecado dentro de nosotros, en esa misma medida negaríamos a Cristo el trabajo de Su alma. Nada contrista más al Espíritu de Dios que la impiedad; y nada agrada más a Cristo que ver que Sus discípulos caminan tras Sus huellas.

Yo quisiera poder ser capaz de hablar más instructivamente sobre un tema como éste; pero me hablo a mí mismo y siento el efecto de la verdad conforme la expreso. Yo pido que pueda hablar a todos los aquí presentes con resultados prácticos. No dudo que me estoy dirigiendo a muchos queridos hermanos que están mucho más avanzados que yo, y a ellos les digo: "prosigan, queridos amigos, de fuerza en fuerza; y que el Señor les ayude a hollar a todos los poderes de las tinieblas, y salir airosos muy pronto."

Pero también les hablo a otros que van más retrasados que yo; y lamento que así sea, pues yo estoy muy lejos de haber llegado, aunque prosigo a la meta con todo mi corazón. Si ustedes son hijos vivientes del Dios viviente, aférrense a aquella promesa: "Poco a poco los echaré de delante de ti." Si no pueden conquistar a todos los heveos, y jebuseos hoy, al menos derriben a uno, y luego a otro. Que la poderosa gracia de Dios, sin la cual no pueden hacer nada, les ayude a mantener la espada fuera de la vaina, apuntando al centro del corazón del pecado con la mayor fuerza que posean, hasta que el último pecado caiga muerto a los pies de Cristo, y ustedes sean perfectamente felices porque Él los ha vuelto perfectamente santos.

No hay miedo de permanecer todavía sobre esta tierra mancillada por el pecado, si han alcanzado una vez el punto de perfección. Este es un pobre mundo para las personas completamente santificadas. Dios no deja a su grano maduro en los cultivos por mucho tiempo: se lleva las gavillas a casa, a Su granero, cuando ya están listas. Nosotros pronto estaremos con Él, donde Él está, cuando seamos hechos semejantes a Él. ¡El Señor nos conceda esto, por medio de Jesús! Amén.
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Por Charles Haddon Spurgeon
Un sermón predicado la noche del Jueves 12 de Julio, 1888
En el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.

Porción de la Escritura leída antes del sermón: Efesios 6: 10-24.
Créditos y Traducción: Alan Román
Fuente: spurgeon.com.mx
Nota del traductor: En esta ocasión, varios soldados de Woolwich fueron bautizados en el Tabernáculo Metropolitano.

lunes, junio 18, 2012

Edward J. Young - Una introducción al Antiguo Testamento (Libro Gratis pdf)

Este libro es el resultado de una serie de cuarenta artículos sobre Introducción al Antiguo Testamento que aparecieron durante 1947-1948 en el Southern Presbyterian Journal.

El Autor del libro es Edward J. Young, Profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Westminster, Filadelfia, Pennsylvania, EE.UU.

martes, junio 12, 2012

Adrian Rogers - Las consecuencias del pecado en la vida de un cristiano


Por Adrian Rogers

"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia. Por tu abundante compasión, borra mis rebeliones. Lávame más y más de mimaldad, y límpiame de mi pecado" Salmo 51:1, 2

En el Salmo 51, encontramos la historia del pecado del rey David. Él cometió un horrible, odioso y perjudicial pecado, a pesar de ser hijo de Dios. Yo espero encontrarme con David en el cielo. Él fue un hombre conforme al corazón de Dios a pesar de haber cometido un pecado tan abominable, terrible y despreciable. Lo que nosotros vemos es esto: Si un cristiano está atado al pecado, está atado al sufrimiento. No perderá su salvación, pero el sufrimiento viene tras el pecado como la noche viene tras el día.

Primero consideremos las consecuencias del pecado en la vida de un cristiano, y
luego pensemos sobre la limpieza del mismo. Recuerde que el Salmo 51 fue escrito por David después de haber vuelto su corazón a Dios. Él recuerda las consecuencias de su pecado y escribe su historia, un registro para que leamos y aprendamos. Usted puede buscar una Biblia y tenerla abierta en el Salmo 51 a medida que continuamos.

EL PECADO ENSUCIA EL ALMA

Aquí David está orando: "Oh Dios, lávame; Oh Dios, límpiame". Pero él es un rey que viste túnicas reales, duerme en cama de seda, se baña en tina de mármol con jabón perfumado, pero aún así se siente mugriento, sucio. ¿Sabía que si usted es hijo de Dios y peca, se sentirá espiritualmente sucio? Y si no se siente sucio cuando peca, necesita preguntarse si ha llegado a ser salvo. Ningún
cerdo ha dicho alguna vez: "Me siento afligido porque estoy sucio". El hijo de Dios se da cuenta de que está sucio cuando peca.

Mucha gente tiene una forma de religión, pero nunca se ha limpiado. Ellos han sido almidonados y planchados, pero nunca han sido lavados. Tienen una suciedad que está presente todo el tiempo, al punto de que en realidad nunca se sienten sucios. Pero cuando un verdadero hijo de Dios peca, se siente sucio. Si usted es hijo de Dios y ha pecado, se ha sentido así. Quiero decirle esto: Si usted puede pecar sin sentirse sucio y mugriento espiritualmente, necesita preguntarse si alguna vez ha llegado a ser salvo; si realmente conoce al Señor.

EL PECADO DOMINA LA MENTE

En el versículo 3, David dice: "Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí". Piense en la expresión: "Y mi pecado está siempre delante de mí". Día y noche, noche y día, lo que David había hecho se había grabado de tal manera en su conciencia, retumbaba tanto en su espíritu que todo el tiempo estaba consciente de ello.

Una prueba para saber si usted es salvo no es ver si puede pecar, sino ver si puede pecar y simplemente ignorarlo, olvidarlo. Si usted es hijo de Dios, el Espíritu Santo no le permitirá ignorarlo ni olvidarlo. El Espíritu Santo pondrá su dedo en la llaga y hará presión. David dijo: "Mi pecado está siempre delante de mí". El pecado cometido dominaba su mente. Eso no significa que conscientemente él estuviera pensando en el pecado todo el día. En su corazón y en su vida puede haber pecado. Es probable que usted esté intentando resolver un problema de matemáticas. Puede que en ese preciso momento no esté pensando en ese pecado, pero no significa que su pecado no esté siempre allí. Ahí está, ya sea en su mente consciente o quizás peor, en su mente subconsciente. Usted puede darle un empujón y quitarlo del frente de la puerta, pero él rondará la casa y entrará por una ventana. Se presentará en su subconsciente con un temperamento irritable, con desconcentración, insomnio, falta de gozo. Su pecado estará allí noche y día. Si usted sencillamente puede pecar y olvidarlo, necesita preguntarse: "¿En realidad he sido salvo?".

Hay dos tipos de heridas que pueden llegar al alma humana, a la psiquis humana:

una es la culpa y otra la tristeza. La tristeza es una herida limpia; dele tiempo y sanará, pero la culpa es una herida sucia. Simplemente se infecta y sigue así sin detenerse hasta que sea limpiada.
Por eso David ora: "Oh Dios, mi alma se siente sucia, mi mente está dominada por lo que he hecho".

EL PECADO DESHONRA AL SEÑOR

En el versículo 4, David le dice a Dios: "Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo ante tus ojos. Seas tú reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio". Piense sobre la primera parte del versículo donde él dice: "Contra ti, contra ti solo he pecado". Pero, ¿contra quién pecó David? Al pensar en eso, usted podría decir: "Al cometer adulterio David pecó contra su propio cuerpo. Obviamente también pecó contra su familia. Y no sólo pecó contra su cuerpo y contra su familia; pecó contra la nación de Israel". Ninguno de estos pecados se menciona. Él vio el pecado como lo que realmente es, ¡una afrenta contra el Omnipotente Dios!

Como David amaba a Dios, su corazón estaba roto. Por eso dijo: "Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo ante tus ojos". Cuando una persona quiere cometer adulterio, a veces planea una cita clandestina, algún encuentro confidencial en algún lugar oculto. Pero David cayó en la cuenta: "Mi Dios, me estabas mirando. Tus ojos vieron lo que hice. Oh Dios, Dios mío, Dios, el Dios que yo amo, Señor, he pecado contra ti. No sólo he quebrantado tu ley, sino que también he roto tu corazón".

Un hombre no salvo a veces se siente mal por lo que el pecado le hace. Un hombre que es salvo se siente mal por lo que su pecado le hace a Dios. Esa es la diferencia. ¿Qué es lo que asusta a un esclavo cuando desobedece? El látigo. Pero cuando un hijo desobedece, es lastimado por el desagrado que le causa a su padre. Cuando usted ama a Dios, puede saber que es salvo cuando es el pecado, y no el castigo, lo que carga en su conciencia. David posiblemente pensó: "Mi pecado no sólo ha ensuciado mi alma, no sólo ha dominado mi mente, ¡ha deshonrado a mi Dios! Dios, he pecado contra ti".

EL PECADO DEPRIME EL CORAZÓN

En el versículo 8 de este salmo, David habla sobre las consecuencias de su pecado: "Hazme oír gozo y alegría, y se regocijarán estos huesos que has quebrantado". Está deprimido. No tiene alegría, no tiene gozo. ¡Parecía emocionante mientras lo hacía, mientras estaba cometiendo el pecado! Pero la Biblia dice: "Sabroso es al hombre el pan mal adquirido; pero cuando haya llenado su boca, se convertirá en cascajo" (Proverbios20:17). David había perdido su gozo. Mire el versículo 12: "Devuélveme el gozo de tu salvación...". No dice: "Señor, restaura mi salvación", porque la tenía. Pero había perdido el gozo de tenerla.

La persona más miserable sobre la tierra no es la que está perdida, sino la que es salva pero no tiene comunión con Dios. Sólo una cosa le puede quitar el gozo de su corazón; no son dos, ni tres, ni cuatro; es sólo una, y esa es el pecado. Y sólo un tipo de pecado: el suyo. Cuando alguien peca contra usted, ese es el pecado de esa persona. Su reacción a lo que le hicieron a usted puede quitarle el gozo. Si usted me golpeara en la cara, eso no podría quitarme la alegría de mi corazón. Podría lastimarme y quitarme la felicidad, pero no podría quitarme el gozo. Puede quitarle el gozo a usted, pero no a mí. Si yo reaccionara contra usted de manera incorrecta, eso sí que me quitaría el gozo.
A propósito, si usted quiere ver lo que yo soy o lo que cualquier otra persona es, no mire sus acciones, mire sus reacciones, pues estas muestran lo que ellos realmente son. El golpearme en la cara sencillamente le daría a usted una oportunidad de ver mi reacción. Si usted quiere ver de qué está llena una persona, sólo mire lo que sale de ella cuando es empujada. Si usted empuja a alguien y de esa persona brota el enojo, entonces esa persona está llena de enojo. Si usted empuja a alguien y lo que brota es Jesús, esa persona está llena de Jesús. Si usted quiere saber lo que yo soy realmente, obsérveme cuando alguien me quita el lugar en un estacionamiento o me cierra el paso
en la autopista. Al ver cómo reacciono, usted conocerá a la persona real que soy.

Lo que estoy diciendo es que el gozo debe ser constante, sin importar lo que cualquier otra persona haga. Pero usted dice: "Bien, espere un momento, yo no puedo estar contento todo el tiempo". Estoy de acuerdo con usted, uno no puede estar contento todo el tiempo. Yo no estoy hablando de felicidad, estoy hablando de gozo. Hay una diferencia entre felicidad y gozo. La felicidad depende de lo que pasa. Por eso la llamamos felicidad. Si lo que a usted le sucede es bueno, usted estará feliz. Si lo que le sucede es malo, no estará feliz. A veces nos pasan cosas malas; no podemos esperar estar contentos todo el tiempo. Usted no querría estar contento todo el tiempo. Se enfermaría y se cansaría de estar contento todo el tiempo. Usted no tiene que estar siempre con una sonrisa en su rostro. Estar contento todo el tiempo sería como comer helado en cada comida. Jesús fue un hombre de dolores. Él lloró. No estuvo feliz todo el tiempo, pero
estaba lleno de gozo. Al enfrentar la cruz, habló con sus discípulos y les dijo: "Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido" (Juan 15:11).Enfrentaba el Calvario cruel pero hablaba de gozo. No es de extrañar que Pablo pudiera escribir desde una atroz prisión este mandato: "¡Regocijaos en el Señor siempre! Otra vez lo digo: ¡Regocijaos!" (Filipenses 4:4). El gozo del Señor es constante, y es nuestra fortaleza. La felicidad es como un termómetro que registra las circunstancias. El gozo es como un termostato que controla las circunstancias.

Es maravilloso cuando usted puede experimentar, al mismo tiempo, la felicidad y el gozo. Esos son tiempos extraordinarios. Quizá usted esté pasando unas vacaciones maravillosas. Está con su familia, y se está divirtiendo mucho. Cuando usted está con otros cristianos que aman al Señor y oran unos por otros, el gozo del Señor está presente. Realmente, es maravilloso cuando la felicidad y el gozo vienen juntos. Cuando la felicidad se va, el gozo se vuelve lo más importante. Y a veces Dios le da gozo, no para quitar el dolor, sino para ayudarle a soportarlo. Y en medio del
insoportable dolor, puede haber un gozo sobrenatural. Barbara Johnson lo plantea de esta manera: "El dolor es inevitable, pero la miseria es opcional".

EL PECADO ENFERMA EL CUERPO

El pecado, sin arrepentimiento, puede hacer que su cuerpo realmente se enferme. Vea de nuevo el versículo 8: "Hazme oír gozo y alegría, y se regocijarán estos huesos que has quebrantado". Recuerde que esto es poesía. David no tiene una fractura, pero habla de huesos rotos. Está usando una figura literaria. Hoy nosotros hacemos lo mismo. Alguna vez usted ha dicho: "me aplastó". Bien, ¿qué quiere decir? No significa que alguien lo puso en un compresor de basura, sino que fue estrujado, que se ejerció presión sobre usted. Y David está diciendo algo como: "Dios, me estás oprimiendo. Hazme oír gozo y alegría para que los huesos que has roto se puedan regocijar".

A veces tenemos la idea de que si pecamos, Dios sencillamente nos va a expulsar. ¡Oh, no!, él no nos echa fuera, pero sí nos oprime con más fuerza. Dios estaba ejerciendo presión sobre David, y por eso David expresa esas palabras ante el Señor. Esa era una de las maneras como podía saber que era salvo. Dios no lo iba a dejar ir debido al pecado que había en su vida, sino que sencillamente lo apretó más fuerte.

¿Por cuánto tiempo puede alguien soportar esa presión en su vida sin que su cuerpo se afecte? En Proverbios 17:22, la Biblia dice: "El corazón alegre mejora la salud, pero un espíritu abatido seca los huesos" . Así como el gozo es medicinal, el abatimiento es venenoso. Vemos que David se encuentra bajo una terrible presión. Cuando una persona está bajo presión psicológica y espiritual, su cuerpo se puede ver afectado. A eso lo llamamos "enfermedad psicosomática". Psicho quiere decir "mente"; soma "cuerpo". La mente hace que el cuerpo se enferme, incluso por causa de cosas muy comunes.

¿Hay aspirinas?
Permítame darle una ilustración. Una madre llama porque la cena está lista.
Entonces papá y mamá junto con su hija y su hijo se sientan a tomar la deliciosa cena
que la madre ha preparado. Todo está bien hasta que el hermano pregunta:
-Papá, ¿puedo usar el carro esta noche?
-No, no lo puedes usar hoy porque lo usaste anoche. Esta noche me toca a mí -dice la hermana.
-Tú cállate. No estaba hablando contigo. Estaba hablando con papá -le dice el hermano a la hermana.
-No uses la palabra cállate. Nosotros no hablamos así en nuestra casa -interviene el papá.
-Pero ella comenzó -dice el hermano.
-Miren chicos, ¡cierren la boca! -interviene, otra vez, el papá. Entonces, la madre también interviene:
-Acabas de decir que no dijeran "cierra la boca".
-¡Tú, cierra la boca! -responde el papá.
Y entonces el hermano, la hermana, el padre y la madre se envuelven en una discusión. La cena se enfría y al final sólo comen unos pocos bocados. Todos se levantan y se van de la mesa. Treinta minutos después uno de ellos pregunta:

-¿Hay aspirinas?

¿Qué ha sucedido? Usted lo sabe muy bien. El cuerpo reacciona con el corazón, la mente y el espíritu. Leí un artículo donde se decía que los cambios bruscos de temperamento de una
madre pueden producir cólicos al bebé que está lactando. Somos una unidad. Estamos relacionados unos con otros. Cuando leemos otros salmos, parece como si David realmente estuviera físicamente enfermo. Yo creo que era resultado directo de su pecado.

En 1 Corintios 11:30, Pablo exhorta a los corintios por haber actuado irreverentemente en la Cena del Señor. Él dice: "Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y debilitados, y muchos duermen". Se refería a que estaban muertos debido al pecado en su vida. El pecado enferma el cuerpo. El corazón alegre y el gozo del Señor son una medicina maravillosa. La Biblia dice: "...el gozo de Jehovah es vuestra fortaleza" (Nehemías 8:10). Cuando usted está feliz en Jesús, duerme mejor. Cuando está alegre, usted digiere su comida, sus jugos gástricos fluyen, sus glándulas funcionan cuando deben hacerlo, porque hay gozo en el Señor.


EL PECADO ESTROPEA EL ESPÍRITU

Ciertamente el pecado degenera el espíritu. David dice: "Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva un espíritu firme dentro de mí" (v. 10). El espíritu de David estaba amargado y estropeado. Le voy a hacer una confesión: Si yo tuviera que elegir un compañero para realizar
algún trabajo durante el día, preferiría estar con un pecador que no ha sido salvo que con un salvo sin comunión con Dios. Las personas salvas, que no tienen comunión con Dios, son irritables, abusivas y difíciles de tratar. Algunas de las personas más irritables que usted haya conocido en la vida son cristianos sin comunión espiritual. Tienen un espíritu amargado y nada les agrada.
Usted sabe, ningún plato en la mesa puede verse bien si usted sufre de indigestión.
A esas personas nada les agrada. Usted puede saber cuando una persona está volviendo a sus malos hábitos. En una iglesia, esas personas empiezan a tener un espíritu crítico. En toda iglesia hay suficientes personas y cosas para criticar. Si usted se enfoca en eso, simplemente mire a su alrededor. Cuando la gente está reincidiendo en pecado, deja de poner su mirada en el Señor y empieza a ponerla en los errores de aquellos por quienes Jesús murió. Y David, como usted verá, tenía un espíritu crítico. Su espíritu estaba contaminado.

Permítame ilustrar a qué me refiero:
Natán el profeta, que era como el pastor de David, vino a hacer un reclamo. Recuerde que David había cometido adulterio, y que con el fin de encubrirlo hizo que Urías el hitita, marido de Betsabé, fuera asesinado en batalla. Al saberlo Natán, fue ante el rey y le dijo algo así: "Rey, hay un asunto que usted debe juzgar. Es algo de lo que usted debe hacerse cargo. En el reino hay un hombre que tiene todo lo que su corazón pueda desear, casas, tierras, rebaños, hatos y una familia
grande. Él vivía al lado de un hombre que no tenía nada, excepto una querida corderita. Esta era como una de sus hijas, comía de su propia mesa". Siguió diciendo: "Y rey, cuando el hombre rico tuvo un invitado en su casa, fue y tomó a la querida corderita del hombre pobre, la mató y la asó, y se la dio al forastero. Rey David, ¿qué cree usted que se le debe hacer a ese hombre?".
David enfurecido, saltó de su trono y dijo: "El hombre que ha hecho eso pagará cuatro veces". Entonces Natán le dijo: "¡Tú eres ese hombre!" (ver 2 Samuel12). Natán usó una parábola para mostrarle a David cómo se había amargado su espíritu. Observe lo rápido que David juzgó al otro hombre. Lo juzgó por haberse robado una corderita. Pero él se había robado una mujer. Él juzgó a alguien por matar un animal, pero él había matado a un ser humano. Con una viga en su propio ojo, quiso intentar sacar la paja del ojo de otra persona. El que recae en pecado siempre actúa de
esa manera. Siempre tiene un espíritu amargado y vil que encuentra fallas en todos los demás.

Hace unos años, escuché la historia de un hombre en cierta iglesia. Era una iglesia pequeña, y las iglesias pequeñas tienen sus propios guardianes. Son personas que creen que Dios las ha puesto y ungido para asegurarse de que todo vaya bien en su iglesia.

Un hombre abrió la puerta de un armario de escobas y encontró cinco escobas nuevas. Entonces fue a buscar al tesorero de la iglesia y le preguntó:

-¿Por qué hemos gastado tanto dinero en cinco escobas? No estamos alcanzando nuestro presupuesto, pero tenemos cinco escobas en ese armario. Como el tesorero no lo pudo calmar, terminó hablando con el pastor. El pastor le dijo:
-Bien, hermano, yo no sé. Quizá había oferta de escobas. Quizá usamos muchas escobas, pero son sólo cinco escobas. No pierda la comunión por cinco escobas. Sin embargo, más tarde mientras el tesorero tomaba café con el pastor, el hombre le dijo al pastor:
-Pastor, es fácil entender: ¿Cómo se sentiría usted si viera todo lo que le hubiera dado a la iglesia durante el último año invertido en cinco escobas?

Las personas que no están en comunión con Dios son rápidas para encontrar las fallas de los demás. Si usted quiere, siempre puede encontrar fallas porque sencillamente todos somos una sociedad de pecadores que al fin y al cabo nos dimos cuenta de eso y nos unimos para hacer algo al respecto.

EL PECADO DESTRUYE EL TESTIMONIO

Aquí tenemos a David, un hombre conforme al corazón de Dios que amaba a Dios, pero cometió un horrible pecado. El pecado no sólo degenera el espíritu, sino que destruye el testimonio. Esta es una de las peores cosas que pueden ocurrir en la vida de un hijo de Dios por causa del pecado. Observe el Salmo 51:14: "Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación, y con regocijo cantará mi lengua tu justicia".

¿Sabe usted por qué la gente no canta en el servicio de alabanza? Porque no está llena del Espíritu. Simplemente está llena de pecado. No tiene nada para cantar. Han perdido su canción porque han perdido su testimonio.

Mire el versículo 15: "Señor, abre mis labios, y proclamará mi boca tu alabanza". David no estaba alabando a Dios porque sus labios estaban sellados. Su pecado había destruido su testimonio y la alabanza se había secado. No estaba conduciendo almas a Cristo por lo que dice en los versículos 12, 13: "Devuélveme el gozo de tu salvación, y un espíritu generoso me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti". ¿Puede ver lo que pasó? No había alabanza, no había canción, ningún alma ganada. ¿Por qué? Se lo diré: porque el pecado había destruido su testimonio.

A veces en la iglesia usted verá personas que apenas se sientan con sus brazos cruzados. Parece que dijeran: "Bendíceme si puedes". ¿Y por qué no están alabando a Dios? ¿Por qué no están en comunión? ¿Por qué no están gozosos? ¿Por qué no pueden decir: "Gloria a Dios"? ¿Por qué no pueden alzar sus corazones a Jesús en alabanza? Porque algo anda mal por dentro.

Andrew Murray dijo: Hay dos clases de cristianos, los ganadores de almas y los reincidentes.

Manley Beasley decía: "Si usted está bien con Dios, tendrá que evitar reincidir en el pecado para ganar almas".

¿Cuáles son las consecuencias del pecado en un cristiano?

Ensucia el alma, domina la mente, deshonra al Señor, deprime el corazón, enferma el cuerpo, degenera el espíritu y destruye el testimonio.

¿Puede pecar un cristiano? Sí, lo puede hacer. ¿Puede un cristiano pecar y no sufrir? No, recuerde que el hombre más miserable sobre la Tierra no es el que no es salvo, sino el hombre que es salvo y no tiene comunión con Dios.
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Tomado del libro "Lo que cada cristiano debe conocer"
de Adrián Roger Cap IV