viernes, agosto 31, 2012

John MacArthur: La Verdadera Fe Persevera


La Verdadera Fe Persevera
Por John MacArthur

Es crítico comprender lo que la doctrina bíblica de la perseverancia no significa. No significa que las personas que “aceptan a Cristo” puedan vivir entonces de la manera que les plazca sin temor al infierno. La expresión de "seguridad eterna" se utiliza a veces en el sentido tal como que "una vez salvo, siempre salvo". R. T. Kendall, argumenta la última frase definiendo su significado de la siguiente manera:

"Quien una vez cree verdaderamente que Jesús fue resucitado de la muerte y confiesa que Jesucristo es el Señor, irá al cielo cuando muera. Pero no termina ahí. Dicha persona irá al cielo cuando muera sin importar qué obra (o falta de ella) pueda acompañar dicha fe." (Once Saved, Always Saved, p.19).

Kendalll también escribe: "Espero que nadie tome esto como un ataque a la Confesión de Westminster. No lo es." (p.22).

¡Pero es precisamente eso! Kendall expresamente debate en contra de la afirmación de Westminster, que la fe no puede fallar. Él cree que lo que mejor caracteriza a la fe es una simple mirada: "uno solo necesita ver al Portador de los Pecados, una vez para ser salvo" (p.23). Este es un ataque a gran escala en contra de la doctrina de la perseverancia afirmada en la Confesión de Westminster. Peor aún, mina, quebranta la Escritura misma. Desafortunadamente, es una opinión que creen cristianos en nuestros días.

John Murray, comentando acerca de esta tendencia hace ya medio siglo, defendió la expresión "la perseverancia de los santos":

Este no es el mejor interés de la doctrina involucrada, sustituir la definición de origen "La Seguridad del Creyente", no porque sea errónea en sí misma, sino porque la otra fórmula es mucho más cuidadosa y está implícitamente incluida. No es cierto que el creyente está seguro por siempre no importa cuánto pueda caer en pecado e infidelidad. ¿Por qué no es cierto? No es cierto porque establece una combinación imposible. Es cierto que el creyente peca; él puede caer en pecado grave y retroceder por períodos largos de tiempo. Pero también es cierto que el creyente no puede abandonarse al pecado; él no puede estar bajo el dominio del pecado; él no puede ser culpable de ciertos tipos de infidelidad. La verdad es que la fe de Jesucristo es siempre respecto a una vida en santidad y fidelidad. Y por lo tanto no es apropiado jamás, pensar acerca de un creyente independientemente de sus frutos en la fe y santidad. Decir que un creyente está seguro sea cual fuere el alcance de su adicción al pecado en su vida, es extraer fe en Cristo de su definición y a ese abuso transformarlo de la gracia de Dios en lascivia. 



La doctrina de la perseverancia es la doctrina en que los creyentes perseveran…y no significa que ellos serán salvos independientemente de su perseverancia o continuación, pero que ellos seguramente perseverarán. Consecuentemente, la seguridad que les pertenece es inseparable de su perseverancia. ¿No es eso lo que dijo Jesús? “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.

No debemos entonces refugiarnos en nuestra pereza o estimular nuestra pecaminosidad con la abusada doctrina de la seguridad del creyente. Sepamos apreciar la doctrina de la perseverancia de los santos y reconozcamos que podemos considerar la fe de nuestra seguridad en Cristo sólo mientras que perseveremos en la fe y la santidad hasta el final. (Redemption Accomplished and Applied, 154-55)

Cualquier doctrina de seguridad eterna que excluye la perseverancia, distorsiona la propia doctrina de la salvación. El cielo sin santidad ignora el propósito para el cual Dios eligió y redimió a Su Pueblo:

Dios nos ha elegido para este propósito. "Nos escogió en Él (Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él" (Efesios 1:4). Nosotros hemos sido predestinados para ser conformados a la imagen de Cristo en toda Su pureza (Ro. 8:29). Esta elección divina nos da la certeza que seremos como Él cuando Él aparezca (1 Juan 3:2). De este hecho, Juan deduce que todos quienes tengan su esperanza en Él se purifican tal como Cristo es puro (1 Juan 3:3). La forma de utilizar la palabra "todos" da la certeza de que aquellos que no se purifican no verán a Cristo, ni serán como Él. Mediante su falta de purificación, probarán que no estaban predestinados. El apóstol por lo tanto le asesta un duro golpe al Antinomianismo. (Richard Alderson, No Holiness, No Heaven!, p.88)

La propia santidad de Dios requiere perseverancia. "La gracia de Dios asegura nuestra perseverancia, pero esto no significa que no somos responsables de perseverar". Los creyentes no pueden adquirir "el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" a menos que "prosigan a la meta" (Fil. 3:14). Pero a medida que ellos "trabajan (su) salvación con temor y temblor" (Fil. 2:12), se encuentran con que "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2:13).

Copyright 2005-2010. Gracia a Vosotros. Todos los derechos reservados. 
Usado con permiso | (www.gracia.org)

martes, agosto 28, 2012

Ernest C. Reisinger - ¿Qué debemos pensar del Cristiano Carnal?

"Muchas de las personas que asisten regularmente a la iglesia, que realizan labores en ella y conocen intelectualmente el evangelio, nunca hacen nada para Cristo. Parecen estar en paz con el mundo y con los enemigos del Señor. No tienen lucha con el pecado y, a excepción de unas cuantas expresiones sentimentales sobre Cristo, no existe ninguna evidencia de que hayan experimentado en lo más mínimo el poder del evangelio en sus vidas. Sin embargo, a pesar de toda la evidencia en su contra, se consideran a sí mismos lo que sus maestros les han enseñado: “cristianos carnales”. Como cristianos carnales creen que irán al cielo, aunque quizás no sea en primera clase y obtengan pocas recompensas.

La mayoría de los que leen estas líneas admitirán con rapidez que hay algo que está muy mal en la vida de estas personas; no se necesita ningún argumento para probarlo. Pero el aspecto más serio de esta situación muchas veces ni siquiera se reconoce. El error básico no es la falta de interés de estos fieles asistentes a la iglesia, sino la equivocación de sus maestros, quienes les han llevado a creer que existen tres grupos de hombres: el hombre inconverso, el “cristiano carnal” y el “cristiano espiritual”. *


En este folleto, Ernest C. Reisinger, un notable maestro bautista y uno de los fundadores de "Grace Baptist Church", nos entrega un brillante estudio bíblico al respecto. Recomiendo leerlo, analizarlo, sincerarse, y actuar.



Leer el folleto Online | Descargar una copia en PDF 



* Extracto de la introducción del libro.

sábado, agosto 25, 2012

A. T. Robertson - Épocas en la Vida de Jesús (Libro Gratis en PDF)


Compartimos en esta ocasión, un excelente libro de Cristología Pura. Los ocho capítulos que contiene este libro, fueron pronunciados como discursos populares en julio de 1906 ante un auditorio compuesto de ministros y un cuerpo grande e inteligente de otros obreros cristianos. La asamblea pidió la publicación de los discursos. Se espera que, como publicaciones, sean útiles a algunos que desean una presentación Positiva de la carrera de Jesús a la luz de la ciencia moderna, y en plena simpatía con la posición que se da a Cristo en los Evangelios

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jueves, agosto 23, 2012

Adrián Rogers - Cómo tener una base verdadera (VideoPredica para descargar)


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INFORMACIÓN 

Título: Como tener una base verdadera 
Expositor: Adrián Rogers 
Formato: Video Mp4 
Duración: 28:36 
Tamaño: 143 Mb 


miércoles, agosto 15, 2012

¿Qué conocemos del Amor del Calvario?

No Conozco Nada Del Amor Del Calvario
Por Amy Carmichael


«Para que habite Cristo por medio de la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados...en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que sobrepasa a todo conocimiento, para que seáis llenados hasta toda la plenitud de Dios» (Ef. 3:17-19).

Estas palabras son demasiado excelsas para nosotros.
¿Qué conocemos del amor del Calvario?


Si puedo criticar fácilmente los defectos y pecados de cualquier persona; si puedo hablar con ligereza incluso de las faltas de un niño, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si puedo disfrutar un chiste que se hace a expensas de otro; si puedo, en cualquier forma, despreciar a alguien en una conversación, o aun en mi pensamiento, entonces no conozco nada del amor del Calvario

Si puedo decir una palabra áspera o tener un pensamiento cruel, sin sentir dolor ni vergüenza, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si le echo en cara a alguien un pecado del cual se arrepintió, que ya confesó y abandonó, y permito que el recuerdo de aquel pecado ocupe mi mente y alimente mis sospechas, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si no tengo la paciencia de mi Salvador con las almas que crecen lentamente; si casi no conozco lo que es sufrir los agudos dolores de parto, hasta que Cristo sea completamente formado en ellas, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Miedoso de decir la verdad

Si temo decir la verdad por miedo de perder el cariño de alguien, o porque podría creer que yo no entiendo y que estoy equivocado, o porque puede estropear mi reputación de persona amable; si mi buen nombre está antes que el máximo bienestar del otro, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si me contento con curar una herida a la ligera, diciendo: paz, paz, donde no hay paz; si olvido las conmovedoras palabras: El amor sea sin fingimiento, y le quito el filo a la verdad por hablar con lisonjas, y no con rectitud, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si me aferro a una opción, cualquiera que sea, sólo porque es la que a mí me gusta; si le doy cabida a mis gustos y aversiones personales, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si antepongo mi propia felicidad al bienestar del trabajo que se me ha encomendado; si desmayo, aunque tenga este ministerio y haya recibido mucha misericordia, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si soy blando conmigo y me deslizo cómodamente dentro del vicio de la autocompasión; si yo, por la gracia de Dios, no practico la firmeza, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si no cierro la puerta en el instante en que me doy cuenta de que la sombra del yo está cruzando el umbral; y si no mantengo esa puerta cerrada mediante el poder de Aquel que produce en nosotros así el querer como el hacer, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si me siento ofendido con facilidad; si me siento conforme cuando persisto en mantener una relación fría y distante, aunque sea posible entablar una amistad, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si algo que me cae por sorpresa puede lograr que yo responda con una palabra intolerante y sin amor, entonces no conozco nada del amor del Calvario. Una copa llena de agua dulce no puede derramar ni una sola gota de agua amarga, aunque la sacudan de repente.

Si me resiento con aquellos que, según mi parecer, me censuran injustamente, olvidando que si me conocieran tanto como yo, me censurarían mucho más, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si digo: «Sí, perdono, pero no puedo olvidar»; como si el Dios que limpia dos veces al día toda la arena de todas las playas del mundo, no pudiera llevarse esos recuerdos de mi mente, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si a mi lado puede haber almas sufriendo y yo difícilmente lo noto, porque el espíritu de discernimiento no está en mí, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si me reservo algo en mi entrega a Aquel que tuvo tanto amor, que dio a quien más amaba, por mí; si en mi oración existe algún «pero» secreto, o un «cualquier cosa menos eso, Señor», entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si me enredo en cualquier pasión desordenada; si hay cosas, lugares o personas que impiden mi obediencia al Señor, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si la alabanza del hombre me enaltece y sus acusaciones me deprimen; si no puedo permanecer tranquilo sin defenderme, cuando estoy involucrado en un malentendido; si amo ser amado, más que amar, y ser servido, más que servir, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si no me olvido de algo tan trivial como los logros personales, para que la idea de que yo tenga éxito nunca cruce por mi mente, o si lo hace, nunca le dé cabida ni por un instante; si la copa de la adulación espiritual me sabe dulce, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si evito ser «arado», con todo lo que esto implica: una manipulación brusca, situaciones desagradables, aislamiento, pruebas extrañas, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si me niego a ser un grano de trigo que cae en la tierra y muere, o sea que «es separado de todo aquello en lo que vivía antes», entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si pido ser librado de la prueba en lugar de pedir liberación por medio de ella, para la alabanza y la gloria de Dios; si olvido que el camino de la cruz me lleva a la cruz y no a un jardín florido; si regulo mi vida, o mi pensamiento, con base en estas pautas, incluso sin darme cuenta, y por eso me sorprende y me extraña que el camino sea escabroso, a pesar de que la Palabra dice: «No os sorprendáis...Tened por sumo gozo» (1 Pe. 4:12; Stg. 1:2-4), entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si no pueden pedir de mí lo máximo, mi mayor esfuerzo; si mis compañeros vacilan en pedírmelo, y acuden a otros, entonces no conozco nada del amor del Calvario.

Si ambiciono algún lugar en la tierra distinto al suelo polvoriento en la base de la Cruz, entonces no conozco nada del amor del Calvario.


Aquello que no conozco, ¡enséñamelo, oh Señor, mi Dios!

Extraído del libro Si yo...por Amy Carmichael






domingo, agosto 12, 2012

Predicas en Audio de Paul Washer

Descarge totalmente gratis edificantes sermones en audio latino, predicados por el hermano Paul Washer. Un buen ministro del evangelio, que ha trabajo durante años como Misionero en el Perú y a quién Dios está usando fuertemente en la enseñanza doctrinal para que las iglesias se vuelvan al Dios de la biblia y existan verdaderos convertimientos en quienes han de buscar a Dios.


Lista de Mensajes, Click sobre el título para descargar.

miércoles, agosto 08, 2012

El Cántico Triunfal del Luchador Cristiano - Samuel Vila

Sermón | Por Samuel Vila | Predicado con motivo del sepelio del notablepredicador español, pastor de la Iglesia Bautista de Barcelona, don Ambrosio Celma, el 8 de enero de 1944.

"Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida".

2 Timoteo 4:6-8


Se dice del cisne, que canta cuando siente llegar la muerte. Este fenómeno tuvo lugar en el apóstol Pablo. Pero sus palabras de despedida no suenan a requiem, sino a gloria. Es porque el anciano apóstol podía mirar a su pasado con tanta satisfacción como a su futuro, mientras se ocupaba con perfecta calma de su incierto y mísero presente. Observemos lo que
dice acerca de:

1. Su pasado


a) He peleado la buena batalla. La vida de todo cristiano es una batalla desde el mismo instante de su conversión. Así lo predice Cristo mismo (Mateo 10:34) y lo declara la experiencia del gran apóstol (Efesios 6:12). Lo es en grado máximo la vida de un ministro del Evangelio. ¡Cuántos conflictos tuvo que afrontar el denodado apóstol! Pero ¿se arrepiente de haber emprendido la noble carrera? Todo lo contrario; se hubiera arrepentido en aquellos solemnes momentos de haber escogido cualquier otro camino.

Tras de sí contemplaba una serie ininterrumpida de victorias: Derbe, Corinto, Filipos, Tesalónica, Atenas, eran otros tantos jalones de su marcha triunfal. En cada sitio almas esclavas del pecado y del enemigo habían sido libertadas por el gran conquistador en nombre de su Rey. Algunos estarían esperándole al otro lado del río de la muerte para darle a
conocer como el instrumento de su eterna dicha, y agradecer sus esfuerzos en su favor. ¿Hay en nuestro pasado victorias de tal género? ¿Tratamos de ganar almas para Cristo? No será porque nos falte oportunidad. ¿Qué nos falta, pues?

Cristo nos ha llamado a un conflicto feroz con los poderes del mal; pero es una lucha que no deja luto, ruinas ni remordimiento como el que algunos guerreros han sentido a la hora de la muerte, sino todo lo contrario. Por esto la llama «la buena batalla». Algunas causas buenas han tenido que ser defendidas con batallas malas, pero es una gran satisfacción pelear por Cristo, como lo hizo Pablo, sacrificando sólo a uno mismo en favor de otros (2ª Timoteo 2:10). Como escribió Guillermo Booth en la célebre frase que dio origen a su institución admirable, «la Iglesia es un ejército de salvación». No es necesario vestir uniforme para ser soldado del mismo. Pablo nunca lo vistió, pero fue quizás el más notable estratega en la lucha de siglos que ha de terminar con la derrota efectiva contra el pecado y mal que existe en el mundo.

¿Qué lugar ocupamos en esta titánica empresa? ¿Somos soldados del bien, activos, decididos, conquistadores? Hay cristianos que confunden su iglesia con un hospital. Eternos enfermos espirituales quieren ser mimados y atendidos, en lugar de hallarse dispuestos a luchar por Cristo y a cuidar de otros. Éstos no podrán entonar un cántico de triunfo al final de sus días.

b) He terminado la carrera. Cualquier carrera no terminada es un gran fracaso y pérdida. Mucho más lo es la carrera espiritual. «Si se retirare, no agradará a mi alma», dice el Señor. (Hebreos 10:38.) Por esto era el anhelo del gran apóstol: «Solamente que acabe mi carrera con gozo» (Hechos 20:24.) Sólo pueden terminar con gozo su carrera los que han vivido en el gozo de la comunión diaria con Dios (Génesis 5: 24). Así la terminó el hermano cuya partida recordamos, trabajando en glorificar a su Maestro hasta el último momento. ¿Cómo la terminaremos nosotros? Si somos fieles, habrá un doble motivo de gozo: por una lado, la satisfacción por los hechos nobles realizados durante la vida y, por otro, la esperanza de un glorioso porvenir. ¿Por qué cantaban los mártires en los circos y en las hogueras?

c) He guardado la fe. ¿Cuál? La recibida de Jesucristo (1ª Corintios 11:23). «La fe dada una vez a los santos» (Judas 3). No una fe variable, modelada según la moda o capricho humano. Tal fe debe ser guardada como un tesoro. Así la guardó Pablo, a pesar de un Himeneo y Fileto, proclamadores de doctrinas «más razonables» (?) (2ª Timoteo 2:18), pero no recibidas de la única fuente de Verdad: Cristo Jesús. Así la guardó nuestro amado hermano; nunca se desvió de los fundamentos. Y así debemos guardarla nosotros.

2. Su presente


El final de una vida es siempre miserable y triste, ora tenga lugar en una cárcel, ora en el lecho de muerte de una mansión suntuosa. Lo que hace la mayor diferencia para el que se encuentra en tal estado, no es lo exterior, sino lo interior. Compárese el estado de ánimo del gran apóstol con el de ciertos impíos, tales como Voltaire, Payne y otros que han fallecido en medio de cruel desespero. Notemos que San Pablo habla de:

a) Ser ofrecido. ¡Qué privilegio! ¡Ser puesto como víctima sobre el altar para glorificar a Dios!
b) Mi partida. Como si se tratara de un viaje de placer. No «mi fin», término de todo.
c). Trae el capote y los libros. Procura cuidar el cuerpo y el espíritu hasta en las mismas puertas de la eternidad.

Un cuerpo resfriado y enfermo no podía ser empleado fácilmente en el servicio de Cristo, escribiendo o hablando a los guardianes. Nuestro cuerpo es el maravilloso instrumento de trabajo que Dios nos ha dado. Cuidémoslo con esmero; usémoslo bien hasta el último momento y dejémoslo sin pesar cuando Dios nos llame.

3. Su futuro


Me está guardada la corona de justicia. ¡Qué hermosa seguridad! ¿De dónde la recibió? No podía ser una ilusión inculcada por maestros religiosos, puesto que él siguió un nuevo camino en religión, precisamente aquel que llamaban «herejía». Sólo por verdadera revelación podía haber obtenido tan segura esperanza aquel antiguo enemigo de la fe cristiana. Había visto la corona, había recibido la promesa de labios del mismo Cristo. Notad cuán hermosamente lo expresa en Filipenses 3:12: «Me esfuerzo para ver si alcanzo aquello para lo cual fui alcanzado por Cristo Jesús».

Hay que distinguir que no se trata aquí de salvación, la entrada en el Cielo, ganada por Cristo y obtenida mediante la fe en Él (Filipenses 3:9), sino de «la corona», el premio, los honores preparados por el Padre para quien servirá al Hijo con fidelidad y lealtad (Juan 12:26). No puede haber corona sin entrada en palacio. El apóstol tenía ambas cosas. Había vivido de tal modo que estaba seguro de que el juicio de sus obras, hecho por el «Juez justo», no podía menos que serle muy favorable. ¿Podemos nosotros afirmar lo
mismo?

4. Su generosa advertencia


El noble y amante apóstol no se contentaba con ser coronado él. Se solazaba con la esperanza de que muchos más compartirían su privilegio. Desea que sea así. Por esto formula su fiel advertencia: «y no sólo a mí…» Hay corona «para todos los que aman su venida», pues es razonable esperar que quien ama su venida:

a) Es salvo por Cristo. No teme su encuentro. Sabe que sus pecados han sido perdonados. (Véase la anécdota La muerte de Voltaire.)
b) Será un cristiano activo que trabajará para apresurarla, completando el número de los redimidos (2ª Pedro 3:12).
c) Vivirá de un modo irreprensible (Judas 24). Para ser hallado sin ofensa en el día de Cristo (Filipenses 1:10).
d) No temerá tampoco la muerte, que es otro modo de unirse al Salvador que espera (Véase la anécdota La muerte de Moody.)

¡Cuán dulce es la voz del amor fraternal en estos momentos solemnes de despedida! Con los pies en los umbrales de la eternidad, piensa cariñosamente en todos aquellos a quienes ama, que vienen siguiéndole en la carrera. «No sólo a mí…»

De la misma manera que lo dijo el gran apóstol, nos diría nuestro amado hermano que ya ha entrado en su descanso: Vosotros que aún estáis en la lid, en la carrera, «procurad de hacer firme vuestra vocación y elección…», trabajad y luchad superando las dificultades. Vosotros podéis hacer algo más para abrillantar vuestra corona; hacedlo, en tanto que tenéis tiempo. Pronto nos encontraremos para disfrutar juntos del mismo bien que la gracia abundante del Señor otorgará «a todos los que aman su
venida». Amén.

ANÉCDOTAS


JUSTINO MÁRTIR , Y EL PROCÓNSUL


Cuando Justino Mártir fue presentado, con otros seis cristianos, ante Rusticus, el procónsul de Roma, éste les preguntó:
–¿Suponéis que si fueseis azotados y vuestras cabezas cortadas, subiríais al cielo para ser recompensados? A lo que, adelantándose Justino, le contestó:
–No lo supongo, sino que lo sé, y estoy plenamente convencido de ello.
El mismo día, después de ser azotados, fueron conducidos al suplicio donde murieron glorificando a Dios.

LA MUERTE DE VOLTAIRE


Voltaire fue, sin duda, el ateo de más talento que el mundo ha conocido. Escribió 250 publicaciones, la mayor parte de ellas contra el cristianismo. Es lógico pensar que un hombre tan inteligente debería permanecer fiel a sus convicciones a la hora de la muerte. Pero no fue así. Se sabe que dejó una declaración firmada en la que pedía a Dios perdón por sus pecados. Decía que había sido abandonado por Dios y por los hombres. Durante los días
que precedieron a su muerte gritaba: «¡Oh Cristo! ¡Oh Jesucristo!» para romper casi inmediatamente en blasfemias. Su médico y la enfermera Marchal de Richelieu salieron del cuarto porque dijeron que no podían ver una muerte tan horrible. Con razón se ha dicho que la hora de la muerte es la hora de la verdad.

L A MUERTE DE MOODY


Mr. Moody murió como había vivido. Solía decir este gran siervo del Señor:
–Algún día leeréis en los periódicos que D. L. Moody ha muerto; no lo creáis. Cuando digan que estoy muerto estaré más vivo que nunca.
En verdad es muy fácil decir esto cuando se goza de buena salud, pero es un hecho que Mr. Moody, en los últimos momentos de su vida, miraba a la muerte cara a cara sin temor alguno.
En su último día en la tierra, por la mañana, muy temprano, su hijo Bill que le velaba, le oyó susurrar algo e inclinándose pudo captar estas palabras:
–La tierra retrocede, el cielo se abre, Dios me está llamando.
Inquieto, Bill llamó a los demás miembros de la familia
–No, no, papá; no estás tan mal –le dijo su hijo. Él abrió los ojos y al verse rodeado de su familia, dijo:
–He estado ya dentro de las puertas. He visto los rostros de los niños. (Se refería a dos nietos que hacía poco habían muerto.) Poco después perdió de nuevo el sentido; pero de nuevo, volviendo en sí, abrió los ojos y dijo:
–¿Es esto la muerte? ¡Esto no es malo! No hay tal valle sombrío. Esto es la bienaventuranza; esto es dulce, esto es la gloria.
Con el corazón quebrantado, su hija le dijo:
–¡Papá, no nos dejes!
–¡Oh, Emilia –respondió el moribundo–, yo no rehúso el vivir. Si Dios quiere que viva, viviré; pero si Dios me llama, es preciso que me levante y vaya. Un poco más tarde, alguien procuró despertarle, pero él respondió en voz baja:
–Dios me está llamando. No me importunéis para que vuelva. Este es el día de mi coronación. Hace tiempo que lo esperaba.
Y así voló su espíritu a la presencia de Dios, para recibir la corona de su gloria.


martes, agosto 07, 2012

Cristianismo Radical y Verdadero - Evangelista Josué Yrion

Cristianismo Verdadero Y Radical
Por el Evangelista y Misionero Josue Yrion
Créditos: 4Christ

Francis Schaeffer - La Vida Cristiana Considerada como algo Interior

Por Francis Schaeffer
Extracto del libro "la verdadera espiritualidad" | www.tronodegracia.com 

La vida cristiana y la auténtica espiritualidad, no se deben considerar de ninguna manera como algo exterior, sino como algo interior. la culminación de los Diez Mandamientos está contenida en el décimo mandamiento en Éxodo 20:17: 
«No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada ni su buey, ni su asno, ni ninguna cosa alguna de tu prójimo». El mandamiento de no codiciar es algo absolutamente interior, la codicia, por su misma naturaleza, no puede ser algo exterior. No deja de ser intrigante que sea éste el último de los Diez Mandamientos que Dios nos da y que sea el eje de todos ellos. Lo que se intenta en todo esto es que lleguemos a una actitud interior y no solamente a una exterior. Realmente, tenemos que quebrantar primero este último mandamiento, no codiciar, antes de poder quebrantar cualquiera de los demás. Siempre que quebrantamos uno de los demás mandamientos de Dios, significa que hemos quebrantado este último también. De manera que sea cual fuere el mandamiento que quebrantes de los demás, quebrantas dos: el que quebrantaste propiamente, y éste de no codiciar. Este es el eje de la rueda.

En Romanos 7:7-9, Pablo afirma muy claramente que fue este mandamiento el que le hizo sentirse pecador: «¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión, por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí».

Ahora bien, Pablo no quería decir con esto que antes fuera perfecto; y esto queda claro con lo que digo. Lo que quiere decir es: «No sabía que yo era pecador; creía que lo hacía todo bien porque observaba estas cosas exteriores y me sentía bueno en comparación con los demás». Se había estado comparando con la observancia exterior de los mandamientos que tenían los judíos en su tradición. Pero cuando abrió los Diez Mandamientos y leyó que el décimo era no codiciar, descubrió que era pecador. ¿Cuándo ocurrió esto? No nos lo dice; pero yo personalmente creo que Dios estaba obrando interiormente en él y le iba haciendo sentir esta falta aun antes de su experiencia en el camino de Damasco, que ya se había dado cuenta que era pecador y que estaba angustiado por ello a la luz del décimo mandamiento, y luego Cristo le habló.

La codicia es el aspecto negativo de los mandamientos positivos: «Amarás a tu Señor Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente ... Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37, 39).

El amor no es una cosa exterior sino interior. Puede haber manifestaciones exteriores, pero el amor en sí será siempre algo interior. Codiciar es siempre algo interior; la manifestación exterior es su resultado. Debemos entender que amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma es no codiciar contra Dios; y amar al hombre, amar al prójimo como a nosotros mismos es no codiciar contra el hombre. Cuando no amo al Señor como debo, estoy codiciando contra el Señor. Y cuando no amo a mi prójimo como debo, estoy codiciando contra él.

«No codiciarás» es el mandamiento interior que muestra al hombre que se cree moral la necesidad real de un Salvador. El promedio de los hombres «morales», que ha vivído comparándose a sí mismo con los demás, y ha tenido como punto de referencia una lista más bien fácíl de normas, (aun cuando le causen algún dolor y dificultad), como Pablo puede pensar que se comporta bien. Pero de pronto, al enfrentar su vida con el mandamiento interior de no codiciar, cae de rodillas. Es exactamente lo mismo que ocurre con nosotros como cristianos. Si queremos entender o practicar la verdadera vida cristiana o la auténtica espiritualidad, éste es un punto clave. Puedo tomar listas hechas por los hombres y puedo aparecer como buen observante de las mismas, pero para observarlas mi corazón no necesita doblegarse .. Pero cuando llego al aspecto interior de los Diez Mandamientos, cuando llego al aspecto interior de la ley del amor, por poco que preste atención a la dirección del Espíritu Santo, ya no puedo sentirme orgulloso por más tiempo. Caigo de rodillas. Jamás puedo decir durante esta vida: «He llegado; he terminado; miradme, soy santo». Al hablar de la vida cristiana o de la auténtica espiritualidad, al hablar de la libertad de las ataduras del pecado, debemos estar luchando con los problemas interiores de no codiciar contra Dios y los hombres, de amar a Dios y a los hombres, y no simplemente a un conjunto de exterioridades.
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Por Francis Schaeffer, extracto de libro "la verdadera espiritualidad" sección I, la ley y la ley del Amor | 1974 Logoi | www.tronodegracia.com

sábado, agosto 04, 2012

Arthur W. Pink - La Doctrina De La Justificación (Libro Gratis PDF)



Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando la bendita verdad de la justificación era una de las más conocidas doctrinas de la fe cristiana, cuando ella era asiduamente explicada por los predicadores, y cuando el conjunto de los asistentes de las iglesias estaba familiarizado con sus aspectos principales. Pero ahora, ¡ay!, ha surgido una generación que es casi totalmente ignorante de este precioso tema, porque con muy raras excepciones ya no se le da más un lugar en el púlpito, y apenas se escribe
algo sobre éste en las revistas religiosas de nuestro día; y, en consecuencia, comparativamente, pocos entienden lo que el término en sí implica, menos aún se tiene en claro sobre que base Dios justifica al impío.

Esto pone al escritor en una considerable desventaja, porque mientras él desea evitar un tratamiento superficial de un asunto tan vital, incluso profundizar en éste, y entrar en los detalles, hará una importante contribución por causa de la mentalidad y paciencia de la persona promedio. No
obstante, respetuosamente instamos a cada cristiano a hacer un esfuerzo real para ceñir los lomos de su entendimiento y buscar en oración dominar estos capítulos.

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Arthur W. Pink - Los Atributos de Dios (Libro Gratis en PDF)


El fundamento de todo conocimiento verdadero de Dios ha de ser la clara comprensión mental de sus per­fecciones, tal como se revelan en la Sagrada Escritura. No se puede servir ni adorar a un Dios desconocido, ni depositar nuestra confianza en Él. En este breve libro me he esforzado en presentar algunas de las prin­cipales perfecciones del carácter Divino. Para que el lector se beneficie realmente de la lectura de las pá­ginas que siguen, necesita pedir seria y determinada­mente a Dios que las bendiga para su provecho, que aplique su verdad a la conciencia y al corazón, para que, de este modo, su vida sea transformada.

Necesitamos algo más que un conocimiento teórico de Dios. El alma sólo conoce verdaderamente a Dios cuando se rinde a Él; cuando se somete a su autoridad, y cuando sus preceptos y mandamientos regulan todos los detalles de la vida. "Y conoceremos, y proseguire­mos en conocer a Jehová" (Oseas 6:3). "El que quisiere hacer su voluntad, conocerá" (Juan 7:17). "Él pue­blo que conoce a su Dios, se esforzará" (Daniel 11:32).

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Arthur W. Pink - El Libro de Éxodo (Libro Gratis en PDF)


Un tema central del libro del Éxodo es la redención del pueblo de Dios. En este comentario en profundidad, Arthur W. Pink, muestra cómo el tema de la redención en el Éxodo no es formalmente expuesto como una doctrina, pero es sorprendentemente ilustrado por la narración, los tipos y símbolos. Contiene 72 capítulos, verso por verso, adaptado perfectamente a la predicación del pastor, maestro de escuela dominical, líder del estudio de la Biblia, o un laico comprometido en el estudio de la Biblia.

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Arthur W. Pink - La Vida de Elías (Libro Gratis en PDF)


A través de los siglos la vida de Elías ha sido fuente de inspiración tanto para predicadores como para escritores. Que de pronto haya surgido de la oscuridad, sus intervenciones dramáticas en la historia de Israel, sus milagros, su partida de la vida terrenal en un carro de fuego, todos conducen a este hecho. Dice el obispo Hall: "Llega como una tempestad y se va como un torbellino. Lo primero que se le oye pronunciar es un juramento y una amenaza." Juicio y misericordia se unen a través de la extraordinaria carrera de Elías.

Es justo que lo que se puede aprender del ministerio de Elías se presente de nuevo a nuestra generación. La historia se repite. La maldad y la idolatría que abundaron durante el reino de Acab se manifiestan en las profanidades y corrupciones del craso siglo XX.
Falsos profetas ocupan grandes esferas de influencia. Las verdades que fueron mantenidas por nuestros antepasados evangélicos, han sido pisoteadas como el fango de las calles.
Claro está que A. W. Pink se sintió llamado a la tarea de combatir la impiedad de su día con la vara del furor de Dios, pero al mismo tiempo dando ánimo al remanente fiel.
Con este fin el autor se da a la tarea de la exposición del ministerio de Elías y lo aplica a la situación contemporánea.

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miércoles, agosto 01, 2012

¿Apóstata? (Hebreos 6)


"Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio"
Hebreos 6:4-6


Los apóstatas son personas que oyen el evangelio, hacen una profesión de ser cristianos, se identifican con la iglesia cristiana y luego abandonan su profesión de fe, repudian a Cristo de manera decisiva, abandonan la comunión cristiana y toman su puesto con los enemigos del Señor Jesucristo.

Algunos fervientes cristianos se angustian cuando leen Hebreos 6 y pasajes similares. Satanás emplea de manera especial estos versículos para sacudir a creyentes que tienen dificultades físicas, mentales o emocionales. Temen entonces que han caído de Cristo y que no tienen esperanza de restauración. Se angustian pensando que han llegado más allá del punto de la redención.

¡El hecho de que tengan preocupación acerca de ello es evidencia concluyente de que no son apóstatas! Un apóstata no tendría ningún temor así; repudiaría a Cristo de manera insolente.

Si el pecado de apostasía no se aplica a creyentes, ¿a quiénes se aplica en nuestros días?

Se aplica, por ejemplo, a un joven que haga profesión de fe en Cristo y que parece que anda de manera espléndida durante un tiempo, pero que luego algo sucede en su vida. Quizá experimenta una acerba persecución. Quizá cae en pecado de inmoralidad. Quizá se va a la universidad y es sacudido por los argumentos anticristianos de los profesores ateos. Con pleno conocimiento de la verdad, se aparta deliberadamente de ella. Renuncia plenamente a Cristo y de manera virulenta pisotea todas las doctrinas sagradas y fundamentales de la fe cristiana. La Biblia dice que es imposible restaurar a tal persona al arrepentimiento, y la experiencia corrobora a la Biblia. Hemos conocido a muchos que han apostatado de Cristo, pero nunca hemos conocido a uno de ellos que volviese a Él.

Al aproximarnos al final de esta edad, podemos esperar una marea creciente de apostasía (2 Ts. 2:3; 1 Ti. 4:1). Por ello, la advertencia en contra de este apartamiento se hace más pertinente con cada día que transcurre.

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Fuente: Pequeño Extracto del Comentario Bíblico de William MacDonald a los Hebreos

Palabra Ociosa (Mateo 12:36-37)

«Mas ya os digo, que de toda palabra ociosa
que hablaren los hombres, de ella darán cuenta
en el día del juicio. 
Porque por tus palabras serás justificado, y  
por tus palabras serás condenado.» (Mat. 12:36, 37.) 



Pregunta: ¿Qué se entiende por «palabra ociosa»


Respuesta: La voz traducida «ociosa» en el original puede significar ligera, rápida, inútil, vana, estéril. «La muerte y la vida están en el poder de la lengua», dice la Escritura, enseñándonos la importancia de nuestras palabras (Prov. 18:21). «Si alguno piensa ser religioso entre vosotros y no refrena su lengua: la religión del tal es vana» (Sant. 1:26).


De las palabras ociosas de las personas ociosas habla Pablo refiriéndose a las que andan de casa en casa: «parleras y curiosas, hablando lo que no conviene» (1 Tim. 5:12, 13).


La habladuría ligera, vana, torpe, impertinente, siendo el producto de un corazón ligero y una mente hueca es abominación a Dios. Tal habladuría, tales palabras, se producirán como prueba contra nosotros en el juicio de Cristo. Tus palabras serán la prueba que determine el grado de tu condenación (pues como afirmó Jesús en el mismo evangelio de Mateo cap. 11 y Lucas 12:4, había diversos grados.  «Por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.» Aunque Apocalipsis 20:12-13 dice que los hombres serán juzgados según sus obras porque, naturalmente, las obras son mucho más importantes que las palabras, pero son las palabras que emitimos los testigos, 
en pro o en contra, referentes a nuestras obras.


Esta declaración podía haber parecido mucho más rara e imposible a los lectores de la Biblia por casi veinte siglos, que lo es a nosotros, que ya hemos aprendido a registrar en pequeñas cintas magnetofónicas las vibraciones  acústicas que producen nuestras gargantas. No puede parecernos tan raro como lo sería para nuestros abuelos el que el poderosísimo y sapientísimo Creador pueda registrar las palabras de los hombres por medios naturales que
nosotros todavía ignoramos; pero ellos lo admitían por fe.
¿No podemos hacerlo nosotros, a quienes resta descubrir un poquitín menos que ellos de las maravillas de la naturaleza?



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Por Samuel Vila, Extracto del libro "Enciclopedia explicativa de dificultades bíblicas"